Alcoholera

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La tradición en la producción de vinos y licores en el valle del Jiloca ha sido muy extensa, normalmente pensados para una producción familiar se conseguía a partir de la uva una serie de productos alcohólicos como el vino, el mosto, el mostillo, la mistela, y los orujos.

Existen todavía trujales en la mayoría de las localidades de la comarca, encontrando incluso diversas piedras utilizadas en las prensas domésticas dispuestas en parques, viviendas o fuentes públicas. Destacan los conjuntos tan significativos como los de Villafranca del Campo, donde se eligió una zona retirada de la población para crear el conjunto de los trujales de la localidad (existiendo sin duda alguno dentro del pueblo). Esto puede ser debido a la peligrosidad de los gases de fermentación, que al estar fuera de la localidad permitían más ventilación y menos molestias. Estos trujales normalmente eran comunales, presentando la característica de contar bajo el lagar una bodega con varias habitáculos excavados en el suelo, con puerta individualizada que servían de bodega para cada uno de los propietarios. El sistema era pesar la uva que cada uno metía, para después repartir proporcionalmente el vino y demás derivados de los diferentes prensados entre el total de los productores que metían uva en ese trujal.

En otras localidades lo más significativo es el conjunto de bodegas, las cuales se surtirían sin duda de trujales comunales o no, destacando el caso de Burbáguena, de antigüedad indiscutible excavadas en la roca sobre la que se asienta la población. Destacan también zonas de bodegas en las localidades Singra, Báguena, etc.

Las alcoholeras y licoreras aparecen relacionadas desde sus orígenes con las azucareras o con importantes zonas vitivinícolas. A partir de mediados del XIX comenzarán a aparecer las primeras fábricas de alcoholes con una tecnología más moderna y producciones más significativas. Las primeras noticias de fábricas de alcoholes las encontramos en Báguena y San Martín del Río (conocida como fábrica de Don Juan) donde se citan una fábrica de aguardientes en cada localidad en el año 1860. La fábrica de Báguena desconocemos su ubicación. Esta larga tradición vitivinícola hace que estas localidades sean las dos únicas de la comarca que mantienen en la actualidad la producción de vinos. Estas pequeñas industrias del XIX consistían en poco más de algún alambique mediante el cual se realizaba la destilación de los aguardientes. El proceso de producción de aguardientes a través de alambiques cuenta con el condicionante de ser un proceso discontinuo, en el que el grado de alcohol del vino o de la brisa destilados dan un producto que disminuye su grado en función de que se va agotando el mismo de la materia prima. Para aumentar el grado alcohólico se daba en muchas ocasiones una segunda destilación del producto.

Será en las primeras décadas del siglo XX cuando se ubiquen nuevas instalaciones industriales en las localidades de Monreal del Campo y San Martín del Río. Estas instalaciones de moderna construcción contaban con varias columnas de destilación, que permitían la realización de un proceso industrial a lo que anteriormente no pasaba de ser un proceso artesanal realizado con los alambiques. La introducción de las modernas columnas de rectificación permite un proceso continuo de destilación alcohólica. Para ello es preciso la introducción de vapor de agua en los diferentes calderines, de forma que una vez se había completado el proceso en uno de ellos se pasaba a la destilación del siguiente, que ya estaba caliente, permitiendo un proceso constante de llenado y vaciado.

La nueva alcoholera de Pascual Franco en Monreal del Campo estuvo en funcionamiento hasta los años 80. Esta destilería contaba con varias instalaciones ligadas a una caldera de vapor contiguas a la carretera nacional. La caldera de vapor era empleada para la destilación a vapor en la columna de rectificación La fábrica se componía de otras dependencias cercanas también a la carretera, en las que se ubicaban diversos lagares, alambiques y una caldera para la cocción de jarabes. Además contaba con otra instalación en la que se concentraría el envasado de licores. Esta alcoholera tenía una capacidad de 352.000 litros en sus lagares, además de otros 350.000 litros en depósitos subterráneos, siendo la única en funcionamiento en la Comarca a partir de los años 40, hasta que la Alcoholera del Jiloca de San Martín retomó la producción. En todo caso la industria de Monreal contó con una mayor variedad de productos, realizando diferentes tipos de anisados, cremas de café, de chocolate, ron, coñac, ginebra, pipermint, jarabes de diversas frutas, absenta, etc.

En San Martín del Río, se construyó una nueva fábrica a principios de siglo, bajo el nombre de “alcoholera del Jiloca”. Tuvo procesos de paradas en su producción, paró su producción durante los años de la guerra retomándola poco después del año 42. Se realizaron reformas antes de la reapertura. Se conserva la edificación, donde se aprecia el volumen de la torre en la que se ubicaba la columna de rectificación. Esta torre presenta cinco pisos interiormente en los que se distribuía las columnas tres columnas de rectificación.