Puente

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Puente romano de Entrambasaguas
Puente en Calamocha

Los valles de los ríos han supuesto siempre una vía de comunicación y, cuando quería atravesarse el río, un impedimento para el paso. Para solucionar el problema se construyeron los puentes, de madera o sencilla sillería en un principio, para acabar formando complicados arcadas en aquellos lugares donde las aguas se empeñaban en arrastrarlos. Los puentes, una de las huellas más interesantes de la lucha del hombre por acomodar la naturaleza, forman parte de los elementos propios de la Arquitectura del agua.

Estos puentes de caminos y ferrocarriles, al igual que los sencillos vados, eran fundamentales, pues los valles del Jiloca y Pancrudo han sido claves para la configuración de tres de las más importantes rutas del interior peninsular, muy utilizadas desde la Antiguedad:


Tipologías

Los ríos han supuesto siempre un obstáculo natural para la comunicación de las orillas. Para cruzar estos ríos se han utilizado o bien los lugares donde la corriente es menos fuerte y las orillas se encuentran una menor pendiente, es decir los vados, o bien ha sido necesaria la construcción de un puente.

La evolución tipológica de estos elementos estaba condicionada a su perdurabilidad en el tiempo, de modo que aquellos puentes que perduraban unas décadas eran tomados como ejemplo para la construcción de otros nuevos. Han existido puentes de madera, mampostería, lajas de piedra, sillería o puentes mixtos en los que se alternan la madera y la piedra.

  • Los puentes más famosos y que mas han perdurado en el tiempo son los de sillería, adscritos muchos de ellos a época romana, como los ejemplos de Calamocha o Luco de Jiloca. Estos puentes solo se construían en aquellos lugares de frecuente tránsito, sobre todo a lo largo de la principal vía de comunicación que remontaba el Jiloca, ya que fueron escasos por su enorme coste de construcción. Sus dataciones van desde las atribuidas a época romana hasta la actualidad, siendo muy difícil precisar con exactitud las cronologías.
  • Los puentes de grandes lajas de piedra, apoyadas en tajamales, también eran muy frecuentes, como los que se conservan en Torrijo del Campo o el desaparecido de la fábrica de mantas de Calamocha. El problema de estos puentes de dintel era la escasa luz de los pasos de agua, lo que facilitaba los atascos cuando arrastraban troncos y ramas tras las tormentas, por lo que la mayor parte han sido reformados y sustituidos por otros construidos en cemento.
  • Los puentes de madera, muy habituales en numerosos lugares, estaban sujetos a las avenidas torrenciales, por lo que era preciso su restauración y mantenimiento de forma regular. Los que se conservaban a mediados del siglo XX quedaron obsoletos ante la mecanización del mundo rural, por lo que es poco frecuente encontrar actualmente algún puente de estas características.
  • Lo más habitual eran los puentes mixtos, como el puente viejo de Luco de Jiloca o un puente de Burbáguena, el cual presenta un machón central y dos estribos laterales en sillería. La solera del puente sería de madera, aunque hoy en día ha sido sustituída en muchos de ellos por vigas de hormigón.

La construcción de puentes

La construcción de los puentes era encargada a un maestro especialista, si bien en ellos podía intervenir todo el pueblo como mano de obra mediante el sistema de concejadas.

En 1576 encontramos al maestro Juan de Zumista construyendo o reparando el puente sobre el Jiloca de Burbáguena. Es posible que en aquel tiempo discurriera el río más cercano al pueblo que en la actualidad, pero se varió su curso, alejándolo de las viviendas y dejando el puente en seco, quizá bajo la actual carretera.

También en la cercana localidad de Báguena se reconstruyen en esta centuria dos puentes, los cuales eran de madera de olmo para los cimientos, luego un entramado de viguería y para paso se utilizaban otras vigas más pequeñas, ramas y luego tierra, confiando para esta tarea a maestros franceses . Esta localidad está expuesta a constantes avenidas procedentes del pancrudo y las ramblas del Jiloca hasta la localidad, sufriendo por tanto constantes destrucciones en sus puentes.

En el siglo XVIII encontramos a otros "maestros ponteros". En 1733 se decide construir un puente de sillería en Báguena que encarga a los maestros Luís y Francisco Sabirón (padre e hijo) en 1734. Este puente fue la solución definitiva que todavía continúa en uso.

Pero la construcción de estos elementos no siempre ha necesitado de alarifes especialistas. En ocasiones se obliga a los arrendatarios de fincas o a los propietarios a realizar puentes para el paso a las mismas. Un ejemplo es el caso de Báguena, cuando en 1549 el concejo arrienda una finca, estableciendo en una de las cláusulas para el arrendamiento de la pieza contigua al molino es “hacer los puentes y acequias para regar que sean necesarias” . Es de suponer que estos puentes no serían de gran luz, sino que más bien serían simples accesos a las tierras colindantes a las acequias.

En otras ocasiones se han realizado utilizado grandes sillares para su construcción, como es el caso del puente que da acceso al molino de Torrijo, disponiendo tres sillares que actúan como pilares, rematados en forma triangular a modo de tajamar. Sobre estos se disponen otros sillares también de gran tamaño. La construcción de este tipo de puentes tampoco debió ser encargada a ningún maestro especialista, siendo encargado probablemente a los maestros canteros y montada por los propietarios.

Puentes en los valles del Jiloca y Pancrudo

Puente de lajas de piedra de Torrijo
Puente de sillería de Báguena
Puente ratero en Calamocha
Puente Nuevo de Villarquemado
Puente de Fon-Seca
Viaducto de Lechago

En el río Pancrudo, con muy poca corriente, la forma más habituales de salvar el cauce ha sido el vado, buscando lugares donde la corriente es poco profunda y carece de fuerza. Casi todo el río es fácil de atravesar, por lo que los puentes fueron más bien escasos. Los pocos ejemplos que encontramos, realizados en sillería, coinciden con las principales vías de comunicación.

En el Jiloca el uso de los puentes ha sido mucho más frecuente y no tanto por la cantidad de agua que lleva el río como por la morfología del cauce. El río se encuentra profundamente encajado en las terrazas fluviales, dificultando el paso de los carros y animales. Este es el motivo por el que desde fechas tempranas se han unido esfuerzos para la construcción de puentes que hiciesen más confortable los pasos sobre las aguas.

Puentes romanos

Una época considera de esplendor en el tema de los puentes ha sido la antiguedad romana, en la que se puede destacar:

Puentes medievales

Apenas se han conservado integros los puentes de época medieval o renacentista, aunque posiblemente muchos de los puentes que existen actualmente tengan su origen en estas épocas, derruidos y reconstuidos en numerosas ocasiones.

El siglo XVIII

El siglo XVIII fue muy prolífico en la construcción de puentes en el valle del Jiloca.

Una zona muy interesante fue el alto Jiloca, ya que en las Reales Ordenanzas se dice que se han de construir puentes en las localidades del río Cella como “el que esta en los términos de Alaba y Villafranca”, refiriéndose con toda probabilidad al puente de la Fonseca. En la confluencia de estos términos se encuentra y se conserva el puente de la Fonseca, tomando por tanto un ejemplo para construir más puentes. Ordena que se construya “el uno en el término de Villarquemado y el otro entre los lugares de Torremocha y Torrelacarcel, en los parajes más a propósito para el comercio, repartiendo el gasto de su coste entre todos los lugares”.

Ciertamente aguas arriba encontramos puentes de similares características como el puente de Villarquemado, y otros que han perdido parte de los muros que formaban el pretil como el puente de Pelegrín y el puente del Regatillo de Cella que podrían haberse realizado en unas fechas próximas.

También se construyó por estas mismas fechas otros puentes en el bajo y medio Jiloca, destacando por su belleza el ubicado en Báguena:

La reforma de las carreteras

A finales del siglo XIX y primeras décadas del XX se renovaron muchas de las carreteras de la zona, lo que supuso la creación de un gran número de puentes . Son todos muy similares entre sí. Un modelo podría ser el puente ratero de Calamocha, realizados en sillería con un gran arco para salvar el río y muros trapezoidales en los laterales actuando de contrafuertes, contando con un pretil de sillería en la parte superior.

La autovía mudéjar

Las grandes obras de infraestructura realizadas en las últimas décadas, sobre todo la autovía mudéjar, han obligado a levantar muchos puentes. En algunos lugares encontramos gigantescos pórticos de hormigón pretensado sobre pilares, normalmente muy altos. Hay dos viaductos importantes, uno sobre el río Pancrudo (que casi alcanza los 1.000 mt. de longitud) y otro sobre el barranco de Cuencabuena.

Para finalizar, hay que mencionar los puentes de cantería o mixtos que fueron arrastrados por las aguas de los ríos Jiloca y Pancrudo, de los que se conservan los arranques de los arcos enterrados en las gravas del río, o los que fueron derruidos por los hombres al considerarlos antiguos y poco útiles, siendo sustituidos por otros de cemento que apenas mejoraron las condiciones de accesibilidad entre las márgenes del río.

Puente de Entrambasaguas
Puente metálico de San Martín

Los puentes del ferrocarril

La construcción del ferrocarril Central de Aragón a finales del siglo XIX, enlazando las ciudades de Calatayud y Teruel, exigió la construcción de numerosos puentes para atravesar el río Jiloca, algunas ramblas muy importantes y el río Pancrudo.

La mayoría de estos elementos presentarán una morfología similar. Están construidos para salvar el cauce del Jiloca, serán construcciones de metal apoyando las vigas en dos machones de sillería (como los casos de Luco de Jiloca, Báguena, San Martín o Daroca). De entre los numerosos puentes de hierro levantados en esas década podemos destacar los siguientes:

En el primer tercio del siglo XX se construyó la vía ferroviaria de El Caminreal, apareciendo otros puentes:

Bibliografía

  • Almagro Basch, Martín (1952): ``Dos puentes romanos turolenses en la vía romana y medieval de Zaragoza a Córdoba´´. Rev. Teruel, 07, p. [Texto completo]
  • "Río Pancrudo. Afluente del Giloca", en Itinerarios del río Ebro y todos sus afluentes. Madrid, Fortanet, 1882, p. 441-445 [Texto completo]