Sistema financiero

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A comienzos del siglo XX el crédito agrícola era necesario para la financiación de las inversiones pero los labradores del Jiloca hacían poco uso de él pues el sistema productivo estaba poco capitalizado y modernizado por la falta de mecanización agraria.

A la hora de conseguir préstamos, los más afortunados eran los afiliados a los más de veinte sindicatos agrícolas – la mayoría de ellos pequeños propietarios- de la comarca puesto que podían obtener créditos de la FTSAC a través de la Caja Central de Crédito de la Federación.

A partir de mayo de 1933 se creó el Servicio Nacional de Crédito Agrícola, dependiente del IRA, para la concesión de préstamos a corto y medio plazo a los particulares, pero, sobre todo a los ayuntamientos para el laboreo forzoso y las asociaciones obreras que reunieran los requisitos. Esta institución, en 1934, otorgó un préstamo de 22.700 pesetas al SAC de Bello aunque no sabemos con qué finalidad.

En una asamblea del Partido Agrario Español de principios de septiembre de 1934 se exigió la creación de un organismo provincial para hacer efectivo el Crédito Agrario y otra propuesta del ministro turolense de Agricultura Ramón Feced que no llegó a cuajar, fue la fundación de un Banco Nacional Agrario. Todas estas iniciativas iban dirigidas, en general, a financiar los nuevos asentamientos de braceros que proponían desde el Instituto de la Reforma Agraria por lo que apenas se beneficiaban aquellas zonas que no se habían visto afectadas por la RA.


Las primeras oficinas bancarias

Por otra parte, el 19 de septiembre de 1927 se inauguraba en Monreal del Campo la sucursal del Banco Zaragozano, en un edificio que se conoce precisamente por ese nombre, cuyo consejero regional era “el conocido comerciante Francisco Llort”, uno de los mayores contribuyentes de la localidad. La prensa del momento destacaba “la importancia que para esta villa y pueblos vecinos tiene esta nueva entidad financiera es grande por las ventajas que al comercio ha de reportar en la mayor facilidad con las transacciones comerciales, dado el desarrollo adquirido en los últimos años y que hacían sumamente incómodo el tener que hacer las operaciones bancarias en Teruel o Calatayud”.

También en Calamocha funcionaba desde hacía tiempo el Banco Zaragozano que sufrió un incendio en 1933 y también se abre en agosto de 1931 una sucursal del el Banco Hispanoamericano mientras que en Caminreal existía una sucursal del Banco de Aragón que tendría relación con la construcción del ferrocarril. También en Santa Eulalia se habían asentado varios bancos vinculados a la fábrica azucarera. En cuanto a las pequeñas casas de bancas privadas gobernadas por “banqueros” corresponsales de sociedades de crédito, Fernández Clemente cita las de Calamocha: Celestino Fernández, Sociedad Lario y Marina, y viuda de P. Serraller.

Bibliografía

  • Aldecoa Calvo, José Serafín (2010): Entre el hambre de tierra y el despertar social: La II República en tierras del Jiloca (1931-1936). Calamocha, Centro de Estudios del Jiloca