La visión del Jiloca a través de sus moradores. El semanario Jiloca publicado en el diario Lucha de Teruel (1956-1959) / José María de Jaime Lorén
Agricultura y ganadería
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1956
Bajo la dirección de Germán Reguillo se daba en Báguena un curso de Información agropecuaria que impartieron el párroco Mosén Fausto, el perito agrícola Luis Lucia y el veterinario Juan Escudero. A su conclusión se efectuó en el cine parroquial un concurso de cava y un campeonato de carreras campo a través[1]. En el mismo número, sin embargo, se plantea abiertamente que la modernización del campo:
“[…] está produciendo un exasperado éxodo rural. Ya no son necesarios los trabajadores en el campo; las máquinas los han suplantado. Más paz y más riqueza para los propietarios, más paro y más hambre desesperada para los obreros del campo. No tienen más remedio que huir del campo que les mata y buscar refugio en la industria donde esperan trabajo y pan”[2].
Aludiendo al cursillo antes citado de Información agropecuaria de Báguena, se destacará unas semanas después la intervención del maestro de la localidad Ángel V. Pardillos animando a los jóvenes agricultores a tomarse en serio las recomendaciones que los técnicos ofrecían para mejorar el rendimiento de sus explotaciones[3]. Poco después lamentará este buen maestro las dificultades que encuentran las nuevas técnicas agrarias para ser implantadas en la comarca:
“¿Qué resultados prácticos produjeron los cursillos? Me produce tristeza y un profundo pesar el observar en mis queridos paisanos una actuación paradójica: por un lado una asistencia bastante nutrida a oír conferencias y enseñanzas, asistencia reveladora de aspiración de aprender; por otro lado una negación absoluta de alumbrar propósitos y obras nacidos de esos cursillos, de esas enseñanzas; nada se hace y nada se practica”[4].
A comienzos de marzo, José Jaime Gómez, profesor titular del Instituto Laboral de Ejea de los Caballeros, iniciaba una sección desde la que intentaba difundir una serie de modernos conocimientos de carácter agropecuario que pudieran resultar útiles para los agricultores de la zona. Solicitaba “que veáis en sus escritos, más que su escasa valía, la vehemencia de un técnico que siente hasta la médula los problemas de la tierra pobre y áspera que le vio nacer. Pero no por desmedrados y raquíticos queremos menos a nuestros hijos. Nos ha caído en suerte una tierra mísera, pero a ella dedicamos todos nuestros afanes y preocupaciones”[5].
Con vistas a mejorar la tradicional Feria de ganados de Calamocha, el Ayuntamiento solicitaba en abril información sobre las cuadras y parideras disponibles para el alojamiento de los animales, planteando un posible traslado de la Feria al mes de mayo pues en Todos Santos coincidía con el importante certamen de Almazán. Sobre esta cuestión, los tratantes consideraban que mayo era un mal momento pues los labradores para entonces ya habían adquirido los animales necesarios.
A la demarcación de Calamocha tenía asignado el Servicio Nacional del Trigo 14 pueblos, siendo el más productor Calamocha en términos absolutos, si bien proporcionalmente era mayor la producción de Cutanda y Olalla. La capacidad de almacenaje era de 190 vagones (casi dos mil toneladas). Por lo demás la cosecha se presentaba bastante normal, aunque podía mejorarse en el futuro contando con semillas seleccionadas y desinfectadas, abonándolas intensivamente y concentrando los minifundios[6].
Como presidente del Cabildo de la Hermandad de Labradores de Báguena, Matías Martínez consideraba lo más apremiante la concesión de un crédito agrícola “para cubrir las necesidades de muchas familias”. También las inundaciones del río, el deficiente suministro de luz al pueblo por parte de la empresa Rubio-Marina que les hace alumbrarse con candiles a menudo o el peligro que supone el paso de la carretera por el medio del pueblo.
Desde que llegó en 1928 a Calamocha, Isidro Corcuera, prototipo del agricultor calamochino fue adquiriendo pequeñas partidas de tierra con las que acabó creando la extensa finca que se conocía como El Ojo. Estimaba que la remolacha del Jiloca era “la mejor de España”, pero lamentaba que la provincia de Teruel sea una de las más minifundistas, de ahí la importancia de la labor de concentración parcelaria emprendida por el Gobierno a través del Instituto de Colonización. Asimismo era partidario de la mecanización del campo[7].
Por fin en primavera llegaron las lluvias a la comarca y las vegas de Navarrete, Cutanda y Báguena se vieron inundadas por el caudal del Jiloca y del Pancrudo. En Navarrete el agua subía por encima del puente, en la Virgen del Rosario era espectacular la unión de los dos ríos. Los cultivos de vega de estos pueblos sufrieron considerables pérdidas.
Se interesaba un agricultor en junio por el destino que se daba al dinero que pagaban para las plagas del campo. Le responden que la Sección Agronómica lo utilizaba cuando se producían grandes plagas que debían abordarse a gran escala o bien repartiendo a los ayuntamientos insecticidas y otros productos que luego repartían entre los agricultores que pagaban sus impuestos.
Falangista, 45 años, el alcalde de Báguena Miguel Peribáñez Rubio considera que la principal riqueza del pueblo es el viñedo que viene a producir 14.000 alqueces de vino de entre 14 y 16º, pese a plagas como el mildeu. Cereales aparte, la otra gran riqueza es la fruta con más de 1.400 anegadas de vega, bien cultivada aunque susceptible de modernizar los tratamientos del arañuelo, peca del peral, pulgones, etc. Si el año acompaña pueden recogerse más de un millón de kilos de fruta[8].
Con motivo de la inauguración en julio del silo de Calamocha del Servicio Nacional del Trigo al que asistieron y donde parlamentaron las autoridades políticas, se recordaba el problema de abastecimiento de este bien tan importante tras la guerra civil:
“Frente a una demanda insatisfecha, una oferta reducida y muchas veces escasa. Fue absolutamente necesario intervenir los precios, contingentar el comercio exterior y racionar el consumo. Solo con estos remedios heroicos pudo hacerse frente a la situación, con tan buen resultado, que se logró salvar los años difíciles y algo más: abrir un camino claro a la posible recuperación de nuestra agricultura, trazando las líneas generales de una adecuada política agraria.
Tras los años secos de vacas flacas y espigas cortas se logra por fin en 1951 la recuperación, marcando en estos últimos años un progreso ascendente en todas las actividades relacionadas con la agricultura”[9].
El nuevo silo tenía capacidad para 190 vagones de trigo contando con dos potentes máquinas de selección para ofrecer a la comarca las semillas más selectas.
Los pueblos de la ribera han perdido la alegría. Las tormentas han dejado una gran balsa de agua en toda la vega, piedras y arena arrastradas han acabado también con los racimos de las viñas. Más penoso fue contemplar “cómo un puñado de valientes jóvenes, morenos, espigados, estaban esperando que les llegase el turno para apuntarse para marcharse a Francia”[10].
De todas formas, la cosecha de cereales del año fue bastante buena. Con motivo de las fiestas de Monreal del Campo se comentaba que el azafrán “se ha llegado a vender a precios que jamás habían visto, ya que la mayoría de los cosecheros han vendido el producto a mil pesetas la ‘libreta’”.
En efecto, Monreal del Campo con 250 Ha. dedicadas al cultivo del azafrán es el primer pueblo cosechero de Aragón, también se recogen importantes cantidades en Torrijo, Villafranca, Blancas, Peracense o Singra. Para todos estos pueblos este cultivo constituye una auténtica fuente de riqueza, “Cada año, aun en los más medianos como este, en el decir siempre quejoso e insatisfecho de los hombres del campo, ha de entrar solo en el pueblo [Monreal] varios millones de pesetas, repartidos entre la casi totalidad de los vecinos; calculando que cada hectárea puede llegar a producir fácilmente en la actualidad 25.000 pesetas de azafrán, o aun más en el ritmo ascendente de los precios. En menos de cinco días se ha triplicado su valor”. Es por ello que se esperaba ampliar la extensión cultivada, pues no son muchas las labores que exige reducidas a la plantación primaveral, la recolección y la monda de las flores en otoño.
Eso sí, la recolección es incierta. Entre el Pilar y Todos Santos brotan cada mañana las flores hasta llegar a la gran “florada”, o hasta una segunda floración no siempre esperada. Tan pronto como sale la flor hay que cogerla para que no se pierda y hasta la víspera no se sabe lo que puede brotar el día siguiente y los jornales que pueden ser necesarios.
Viene luego “desbrinar” o quitar los tres estigmas codiciados trabajando toda la población de día y de noche, llegan “esbrinadores” de Castilla y las mozas que sirven en las capitales regresan se despiden “hasta los azafranes” y vuelven al pueblo. Es tarea de mujeres como se reconoce en un bellísimo artículo:
“Solo en Monreal se han calculado este año más de 500 muchachas venidas de fuera para compartir la tarea de estos días. Sus jornales pasan de 30 pesetas más los gastos de estancia y viajes, quedando así recompensado en parte las 18 horas de trabajo. Lo interesante es poder coger el tajo a medias con el patrono con la ilusión de poder hacerse con una o dos libras de azafrán, que a mil pesetas …
La jornada comienza bastante antes de amanecer. Salen los carros sin conversación y con oscuridad, porque es de noche y se aprovecha para dormir durante el trayecto. Solo se oye el traqueteo de muchas ruedas que van saliendo por todos los caminos. Hay que sorprender a las pequeñas rosas moradas abriéndose con las primeras luces del día y hay que arrancar cuantas florezcan en la madrugada, porque mañana sería tarde y aumentaría el trabajo. Llenos los cestos o agotada toda la zona, el regreso se hace normalmente a media mañana entre jotas y jolgorio, si no es que el sueño ha vendido otra vez los ánimos.
Y después a mondar las flores. Corre prisa. No se puede dejar para mañana lo que hoy sea posible … Si se amontonan los días, podrían perderse … La faena comienza al llegar a casa, alrededor de las grandes mesas azafraneras o en torno a mesa camilla, cuando es bastante la pequeña familia para la recolección.
Así, pacientemente, pero con diligencia horas y horas arrancándole a cada flor los tres hilillos rojos sumándose poco a poco hasta llegar a una onza, que con otras once harán una libra. Y tres libras un Nilo. Para ello se han tenido que romper más de 70.000 flores con manos rápidas y ojos listos y muchas horas de por medio […] mientras las manos no cesan pueden acelerar las lenguas con gracias y chismes para que el sueño no venga a aliarse con la monotonía de los minutos iguales. De rato en rato sonará la jota brava de cualquier concursante y hasta las castellanas irán aprendiendo […] Si hay hombres, inevitablemente el porrón preside la labor con el vino de la tierra, ¡Flojico pero … de peor gusto’.
Sobre el morado mantel de los mantones de rosa se celebrará la comida, sin más afán que fortalecer el cuerpo y sin que apenas las flores dejen de danzar entre los delicados dedos femeninos que ya van terminando en verde.
Únicamente al atardecer habrá descanso. La calle Mayor todo el día desierta se ha poblado de sonrisas y de donaires de ellas y ellos, y de picardía de los chiquillos. Se ha aprovechado para hacer algo de baile o para visitar la iglesia a la hora del Rosario.
Luego, la cena y la jornada … sigue. Ahora el sueño es una descarada tentación, pero vienen los mozos a ‘pelar la pava’ ayudando a la vez a pelar las rosas […]
Las ‘esbriznadoras” se irán y con ella la ilusión de una cosecha. Quedará un recuerdo y muchísimos briznes arrancados de tres en tres en cada flor y que hechos un montón, el ama de la casa habrá ido tostando al fuego lento subiendo en calor y disminuyendo en peso hasta su quinta parte.
Y a guardarlo de nuevo en el arca, si la necesidad no apremia, en espera de que los compradores alcen el precio”[11].
Concluida en Calamocha la vendimia, la cosecha no pasaba de regular estimándose a mitad de noviembre la producción en algo más 400.000 litros de vino.
El Ayuntamiento de Calamocha adjudicaba en diciembre el aprovechamiento de los pastos de la Cañada de Santa Bárbara para 2.650 reses lanares por 13.250 p. a la Hermandad de Labradores y Ganaderos. En el mismo pleno municipal se aprobaba el impuesto sobre vinos y los gastos de la Feria de Todos Santos.
1957
Años atrás los labradores de El Poyo decidieron plantar árboles como hacen en los pueblos de la Ribera baja del Jiloca, pero se helaron popularizando en los pueblos vecinos la coplilla que dice: “El Poyo ya no es El Poyo, / El Poyo ya es la Ribera / porque han sembrado perales / pero no comerán peras”. Naturalmente, con el enfado consiguiente de sus vecinos. Sin embargo, El Poyo está plenamente integrado en lo que geográficamente se considera la Ribera del Jiloca que queda definida por su río. Empieza esa en Cella, sigue por la llanura extensa de Villarquemado o las tierras de ajos de Torrelacárcel hasta llegar a la huerta fecunda de Daroca a Calatayud. Hasta Santa Eulalia las aguas son escasas, de allí para abajo turbias porque la Azucarera envenena la pesca, en Monreal se enriquece el cauce cualitativa y cuantitativamente, y al llegar al Jalón del río solo quedan unos hilillos de agua después de dejar a su paso “frutos y legumbres, canciones y sueños, cosechas y tormentas devastadoras”. Sociológica y comercialmente, sin embargo, la Ribera es una zona mucho más amplia que tiene en los pueblos que hay junto al río su centro de interés[12].
Concluida la campaña remolachera se estimaba la producción en Calamocha de unas 3.500 toneladas, por lo que constituía una de las principales riquezas del pueblo pese al bajo precio que se pagaba. En la Hermandad sindical se habían apuntado cerca de medio centenar de trabajadores remolacheros para Francia. Por su parte la Sección de crédito que dirigía Sandalio Lizama Ibáñez tuvo una reunión para dar a conocer la buena noticia de la aprobación del crédito de 370.000 p. que se había solicitado al Servicio nacional de crédito agrícola[13].
En Calamocha hemos advertido en alguna ocasión una cierta cultura arboricida, pues bien a primeros de marzo se denunciaba la destrucción de once cerezos recién plantados junto a la orilla del río. Salvajismo o vil venganza.
Por fin en marzo aprobaba el Ayuntamiento las Ordenanzas de la Comunidad de regantes de Monreal del Campo, a falta del visto bueno definitivo de la Confederación hidrográfica. De esta forma se mejoraba la organización de los riegos respetando los usos antiguos.
Mal empezaba la primavera para los azafranes de Monreal, apenas 7 l. de lluvia en la última semana, era muy poco para lo que necesitan las cebollas en marzo.
Se quejaban los ganaderos de la comarca que la repoblación forestal limitaba los pastos, por eso en un editorial se contesta que también supone una aportación de jornales a los pueblos y que de esta forma el día de mañana habrá mayor superficie de monte útil para las ovejas[14].
Contentos están sin embargo en Monreal donde la Hermandad de Labradores estaba arreglando el camino del Molino echando piedra abundante si bien las arcadas de los puentes quedaban un poco bajas y caso de riada el agua saltaría por encima. También han puesto losas para que laven las mujeres con mayor comodidad[15].
A mitad de junio ha llegado el momento de desenterrar las cebollas viejas del azafrán para limpiarlas y esclarecerlas, volviendo a plantar enseguida las mejores. Lamenta un poco el comentarista que en el reportaje publicado en La Actualidad Española sobre este cultivo, se cite “una vez más a Calamocha como uno de los principales centros productores […] pero no es en Calamocha donde está su centro, sino en Monreal del Campo, primer municipio azafranero de la provincia de Teruel”. Al césar lo que es del césar.
En el mismo número se aborda esta misma cuestión de la “limpieza de la ‘madre’ del azafrán que corrientemente se hace en las calles, rodeadas las mujeres, mozas y chicas, al gran montón que poco a poco y una por una limpiarán y clasificarán”. Son las “esfarfolladoras”.
Julio, días de siega en Ojos Negros. No hay brazos para tanta mies, ya no llegan los segadores que antes venían de Galicia o de Murcia. En el pueblo resulta más rentable el sueldo fijo de la mina. La casa entera debe salir con las hoces y las zoquetas a las cuatro de la mañana para segar en los campos. Ruido de carros que se mueven a la luz de la luna y de un pequeño farol. A la hora del almuerzo algún niño o anciano que queda en la casa acude también al tajo con el burrillo llevando la comida. El sol cae a plomo. A la tarde, cuando vuelven los mineros, acuden igualmente al campo montados en bicicleta (sobre 200 hay matriculadas en el pueblo) para echar una mano. De vuelta a casa con el último sol, el padre preparará los vencejos que necesitará al día siguiente. No hay que descuidarse por si viene una pedregada[16].
A fin de orientar a los trabajadores agrícolas en relación con los subsidios de vejez, familiar, viudedad, premios a la nupcialidad, paternidad y otras prestaciones sociales, a finales de julio la Hermandad de Labradores de Monreal iniciaba una sección fija para darlos a conocer estos derechos a los trabajadores del campo.
Desde Blancas informa en agosto del calor que han pasado y de la buena cosecha de cereales, “La máquina ha sustituido a la secular guadaña y hoz segadora, y los dorados trigales van desapareciendo con rapidez inusitada. La máquina sustituye al hombre y ha sustituido en su totalidad a los segadores ‘yeclanos’ que en esta localidad tomaban carta de naturaleza”.
Buena cosecha también en Castejón de Tornos y pocos segadores alicantinos que apenas han permanecido allí cuatro o cinco días. ¿La causa?, pues que los jornaleros y pequeños labradores prefieren marchar a las ciudades donde tienen pagas fijas, los segadores que llegan de fuera cobran 100 p. diarias más la manutención (sobre 50 p.), sueldo que no todos pueden permitirse, sumado todo a que empiezan a aparecer en los campos segadoras gavilladoras. Otra cosa es la emigración del labrador a las ciudades que podría paliarse “Dotando a los pueblos de comunicaciones […] construyendo escuelas y casas-habitaciones para los señores maestros […] dándoles facilidades para la instalación de fluido eléctrico que en algunos se carece, dotándoles de teléfonos públicos”[17].
A finales de junio en una tarde que amenazaba tormenta se observaron en Tornos una serie de explosiones en el cielo producidas por cohetes granífugos con el objeto de suministrar a las nubes sospechosas de granizar “la cantidad de calor suficiente para que esta se disgregue rápidamente evitando el pedrisco en la zona. El lanzamiento de los artefactos se producía desde las partidas Santa Cruz, Cerrellar y Pozuelo[18].
Contra la visión bucólica del pastor de la sierra se trata a mediados de septiembre, denunciando el problema social que supone arrancarlos de la escuela para llevarlos a aquellas soledades.
Martín Lucia pone como ejemplo de agricultor moderno de Calamocha a Isidro Corcuera, que cuando llegó a Calamocha en 1935 adquirió tierras en el Ojo que nadie quería por su baja calidad. Las analizó y abonó convenientemente hasta convertirlas en las más productivas del término. También estima que “hoy se cosecha muchísimo más que antes y la siguiente razón de las tierras están más repartidas y el aliciente individual es mayor. He conocido años en los cuales en Calamocha no había más de diez casas que tuvieran carro. Actualmente estas casas han desaparecido por completo y hoy se puede contar con más de trescientos carros con sus correspondientes caballerías y mejor maquinaria para trabajar las tierras”[19].
En octubre se informaba de los trámites a realizar para acogerse al régimen de la Seguridad social agraria por parte de trabajadores autónomos, fijos y eventuales.
Aunque Calamocha no es muy azafranero, hasta allí llegan muy de mañana en octubre las cestas que envían desde Torrijo o desde Monreal para que las esbrinadoras calamochinas separen los valiosos hilos rojos mientras se habla del precio de la onza o de mil cosas más. Al final queda el suelo lleno de rosa que conviene retirar cuanto antes para mayor higiene de todos.
También ha llegado el momento de la vendimia. Calamocha sin ser un gran productor coge vino suficiente para su consumo y para una notable venta al exterior. Por otra parte, el ambiente de los trujales se presta a meriendas y pequeñas fiestas.
Aceptan los de Monreal la broma del vino “flojico pero de mal gusto”. Este año están contentos pues la cosecha al fin se ha salvado y no faltará vino en los porrones … mientras no le pongan otro impuesto como han hecho con los mecheros.
1958
Aceptando la condición casi exclusivamente agraria de la comarca, un editorial de febrero lamenta la falta de vitalidad de nuestros campos, malas cosechas, riegos descuidados, cultivos rutinarios y jornales arbitrarios. Es necesaria una concentración parcelaria, ordenación de cultivos preferentes, reglamentación agracia, sistematización de mercados, cooperativas, uso de fertilizantes químicos, etc.
Hablan en marzo en Fuentes Claras de construir un almacén o granero con capacidad para recoger todo el cereal del pueblo, evitando viajes y esperas en los almacenes vecinos.
Isidro Aldabas Fombuena es un labrador de Villarquemado que con sus cuatro hijos ha encontrado tres pozos que le proporcionan agua para regar 70 fanegas propias, pero que perfectamente podrían dar para 160 más, pues en conjunto salen sobre mil litros de agua por minuto entre los tres pozos. Todos trabajos, desde buscar el punto más adecuado para perforar hasta poner en marcha el motor los ha realizado la familia sin ayuda de nadie, pozos que hoy valoraba en 210.000 p. Para mejorar el terreno regable ha tratado de traer tierra de mejor calidad pero no puede pagarla pues le piden a 70 p. el carro. Su sueño ahora es adquirir un tractor para trabajar con más comodidad[20].
El principal problema de Luco al decir del entrevistado son las riadas de verano que arrasan la vega. ¿Soluciones? Para unos la construcción del pantano de Lechago y para otros la canalización del río para que tenga capacidad de acoger el excedente de las riadas. Y, puestos a pedir, la construcción de una fuente pública y de un edificio alegre y sano para las escuelas[21].
Un problema importante para Villarquemado es la falta de una báscula junto al ferrocarril para entregar allí la remolacha a la Azucarera de Santa Eulalia. Con años en que se cosechan 6.000 toneladas entregadas de tonelada en tonelada, recorriendo desde la finca una media de 9 kilómetros con vehículos de tracción animal, supone una enorme pérdida de tiempo y de salud por el frío ambiental reinante en la época como seguramente no padece ninguna otra localidad remolachera[22].
Se acerca el verano que es el momento de mayor demanda de agua para el riego de las fincas, pero “Nuestras fincas, salvo contadísimas excepciones sin consideración general, se reducen a un excavado de tierra sin el mínimo cuidado de escapes y taponamientos. Así sucede que el riego de extensiones reducidas impone un gasto excesivo de agua y una privación total para los pueblos que vienen debajo”. De ahí el consejo de repasar las acequias de riego “e incluso prohibir como zonas regables las propiedades no acondicionadas para recibir el riego con los escapes mínimos”[23].
Las lluvias de mayo han hecho reverdecer los sembrados de Villafranca donde esperan una buena cosecha de cereal. Y mejor la habría al decir del Jefe local del Movimiento Leopoldo Yáñez en la entrevista publicada en la última hoja del mes, de “conseguir la unión entre los agricultores y explotar esa riqueza [de aguas subterráneas] con la apertura de pozos que transformen en zonas regables los campos de secano”.
Mal se presentaban las cosechas a primeros de junio en la comarca, lo mismo en el secano por la falta de lluvias que en el regadío. Las cebadas a punto de segar “apenas levantan un palmo del suelo, presentando una espiga blanquecina y poco granada, como en los años de peores cosechas”. También las viñas se habían visto perjudicadas por los hielos tardíos. En Castejón de Tornos “daba pena ver el aspecto que ofrecen los campos”, hacía todavía tanto frio que la noche del 27 de mayo “el hielo fue tan intenso que los patatares y judiares se han helado, como igualmente ha sucedido con algunos viñedos”.
Mientras tanto, los pueblos azafraneros aprovechan estos primeros días de junio para arrancar de madrugada con el arado la cebolla del campo que recogen en cestas arroberas. Por la tarde es labor de mujeres “esfarfollarlas”, “cubiertas de gruesos pañuelos y delantales, sentadas en el suelo alrededor de los montones, cogen y dejan al cesto la cebolla limpia una a una”. No es una faena elegante pues el polvo penetra hasta en los dientes, pero es necesaria, hasta alegre porque aprovechan para comentar en corrillo los chismes del pueblo. “Al caer la tarde, cada cual pesa sus cestas y cobra su tarea, una tarea dura y detestable que mata en la mujer la fina presencia que podía proporcionar su belleza. Pero mientras vivir sea necesario, estarán en nuestros pueblos, en cada tarde de junio, las mujeres arrojadas en el suelo matando su suave juventud sobre un montón azafranero de sucia cebolla”[24].
El conductor del autobús de la sierra, atento siempre al estado de los campos que atraviesa, estima que “hay tres partes de cosecha de trigo en relación con la de un año normal”, los productos de huerta están buenos menos en Barrachina a causa de los hielos. La cosecha de pera no pasa del 15 %, aunque la de manzana va bien. De momento sobran peones para la siega, “He visto por la carretera muchas cuadrillas de peones que no han encontrado trabajo, aunque en parte es debido a que han venido anticipadamente” pues la cosecha va retrasada, “además el campo se mecaniza de una manera asombrosa, puede contarse un 80 % de agricultores que poseen máquinas segadoras. Sé de cuadrillas que después de permanecer cuatro o cinco días buscando trabajo, han tenido que regresar a sus lares sin estrenarse”. Sobre el jornal medio estima que está “como el año pasado, pues sé de alguno que ha pagado a cien pesetas y comida, claro está, que resulta lo mismo que el año pasado”[25].
Por fin la cosecha de cereal no ha salido tan mala en Caminreal como se esperaba al principio, la trilla se hallaba a primeros de agosto en pleno desarrollo “con abundancia de material mecánico”.
La mala cosecha de cereales lleva al corresponsal de Fuentes Claras a reflexionar a primeros de septiembre sobre la grave situación de la agricultura. Bajos rendimientos, inseguridad climatológica, precios ruinosos, falta de jornaleros en la siega que obliga a pagar altos salarios, escasez de producción y la consiguiente presencia de cozuelo o semillas de neguillas y de alverja que deprecian la partida. Es necesaria la mecanización del campo que solo puede lograrse en condiciones rentables con el cooperativismo.
Las cebollas de azafrán sacadas a prueba en septiembre dan como muestra de tres a cinco rosas, lo que anuncia una buena cosecha en la ribera. También tienen buen aspecto las viñas en Villafranca, la sequía ha reducido el tamaño del grano pero ganará en azúcar el mosto.
Otro octubre y otra vez las cebollas del azafrán inundando las casas y calles de la ribera. Pero el problema sigue: “Urge la ordenación en el sistema de compra-venta, la regulación constante de los precios, la anulación de intermediarios, la proyección directa de exportaciones y, sobre todo, la elaboración en la proximidad de los campos de cultivo”.
De momento se reanudaba el concurso “Desbrizna de azafrán” organizado por la Inspección comarcal de juventudes de Calamocha y la colaboración del Ayuntamiento y Hermandad de labradores de Caminreal en cuya plaza se celebró el concurso el domingo 19 de octubre a las 4 de la tarde. Se presentaron 23 participantes en tres categorías, casi todos procedentes de Monreal y Caminreal más alguno de Calamocha.
Después de una hora de desbrinar en adultos se produjo un triple empate entre Carmen Terrado, Felipe Bruna, María Lou con 70 gramos de producto cada uno. En función de la limpieza se concedieron los premios en el orden citado. En la categoría de menores femeninos (hasta 22 años) se impuso Nieves Malo Gracia (65 gr.) a Pilarín Sánchez (65 gr.), Josefina Salas (48 gr.) y Amalia Balado. Y en menores masculinos (hasta 22 años) la victoria fue para Ángel Gómez (50 gr.) sobre Matías Górriz, Benigno Balado y Juan José Romero[26].
Para poder retirar el amoniaco de los abonos, los labradores debían recoger los impresos C-1 para “cumplir los trámites de entrega de trigo al SNT, para preparar su molinada o para solicitar los abonos de amoniaco. Después de 25 días de espera, a mitad de octubre preguntan por “los papelitos”.
Cuando ya se daba por concluida la campaña del azafrán, una floración tardía a fines de octubre obligó a reanudar las tareas cuando ya se habían marchado las esbrinadoras. Se espera que empiece pronto la campaña remolachera en Santa Eulalia, que no será muy larga por la mala cosecha.
Tampoco van las cosas bien en Villarquemado, donde se junta la mala cosecha por la sequía con las subidas de impuestos. No se han recolectado patatas ni para el consumo de la población cuando otros años se daban a los cerdos diariamente; hay trigo suficiente para el pueblo y acaso pueda venderse algo, lo mismo que centeno y otros cereales; por falta de humedad al “alfalce” se le han dado un par de cortes cuando lo normal son cuatro o cinco, por lo que habrá que comprarlo para las mulas; algo parecido sucede con la remolacha de la que se extraerán sobre tres mil toneladas cuando los demás años se saca el doble. Por eso duele mucho más la decepción de la extraordinaria cosecha de cáñamo, sobre 600.000 k. que al precio corriente supondría más de dos millones de pesetas, pero que no se encuentra comprador cuando podría arreglar un poco el año agrícola[27].
No parece que afectaran muchos los hielos tempranos a las viñas y en noviembre esperaban en Báguena obtener vino de excelente calidad. En Monreal esperan mientras tanto un alza rápida en los precios del azafrán.
Del artículo publicado desde Villarquemado sobre el cáñamo se hace eco el periódico Las Provincias de Valencia que deja caer que se importa del extranjero otras fibras textiles más baratas pero de menor calidad. Si unimos que el problema del cáñamo y del cañamón que no se vende, se extiende a la lana y a otros productos agropecuarios, el corresponsal entiende el abandono del campo y de los pueblos por parte de la juventud que busca en la ciudad otras alternativas más rentables para su futuro. Por lo demás, tan mala se presenta la cosecha de remolacha que la Azucarera de Santa Eulalia “admite remolachas libremente sin tener que llevar número de turno de entrega”. De todas formas parece que se alivia algo la situación en el pueblo, poco a poco y a precios bajos se van vendiendo el cáñamo y llegan camiones para comprar lana. Ahora falta dar salida a los cañamones[28].
A primeros de diciembre se publicaba un artículo con una serie de recomendaciones para la degustación y cata de vinos, conscientes que por entonces comenzaba el trabajo en los trujales y bodegas. Mientras tanto ha quedado desierta la subasta de pastos y de chopos, aunque los pastos están los ganaderos por quedársela.
En Villafranca sacaban a mitad de diciembre el vino de los lagares. Buena calidad, alrededor de 14 grados.
Hay quejas en Villarquemado contra el funcionario de la báscula de la Azucarera de Santa Eulalia por los malos modos con los que trata a los que llevan la remolacha. Por cierto, que estos sufren descuentos entre el 14 y el 30 % por la humedad de la remolacha debida a las lluvias.
Se habla a finales de año de un proyecto de contratación remolachera por parte de las Hermandades de labradores de la comarca que puede ser interesante. También de la posibilidad de establecer nuevos regadíos en toda la zona de Santa Eulalia a Monreal, con informes del ingeniero Julio de Saro y el apoyo de la Obra sindical de colonización, siguiendo el ejemplo del pozo abierto en esta última villa por León Sánchez Plumed que proporciona un caudal de 8.000 l. de agua por minuto que permite mantener en riego simultáneo tres hileras de agua[29].
1959
A medio millón de pesetas ascendía el presupuesto para canalizar una acequia de casi dos kilómetros de longitud que permita una ampliación de los riegos en Caminreal aprovechando el caudal de agua disponible. Al efecto se reunió el 18 de enero la Hermandad de labradores y ganaderos de la localidad con representantes del grupo de Colonización sindical. A pesar de la importancia del tema la asistencia no fue todo lo numerosa que se esperaba.
Sobre este mismo tema volverá Jiloca a finales de enero para animar a los propietarios a sumarse el proyecto de mejora de los riegos. Las cosas del campo deben resolverlas los campesinos sin esperar grandes ayudas de fuera, con visión de futuro, también con ilusión.
Consciente de la importancia que el cultivo de la remolacha tiene en toda la comarca del Jiloca y de los problemas que se plantean en el momento de la entrega entre el agricultor y la Azucarera de Santa Eulalia, se proponen soluciones de cara a años venideros. Para empezar la ordenación de la entrega deben hacerla las Hermandades de labradores recogiendo la relación de toneladas que los productores desean contratar. En representación de estos, el Grupo provincial remolachero modificaría, en representación de todos, el número de toneladas que finalmente van a sembrar. Conociendo estos datos pueden ya preverse los problemas técnicos y la realización del contrato colectivo modificando algunas condiciones para facilitar la entrega en la báscula y para regular los costes del transporte y no cargarlos siempre en el labrador. En el primer caso se quiere evitar la tensión por la inseguridad en una entrega larga o tardía, como ocurrió en la campaña 1943-44 “cuando la intensidad de los hielos profundizó la tierra hasta 30 cm. con el consiguiente desmejoramiento de la cosecha”, pues de haber sido posible se hubiera arrancado la remolacha antes de esas heladas. La inseguridad climatológica a la hora de la recolección es muy peligrosa para la cosecha[30].
Cuenta un Chispa que a finales de enero parece que se van vendiendo los cáñamos de la ribera, pero a menos precio que en años anteriores. La fibra puede estropearse y hay que liquidarla, otra cosa son los cañamones que se conservan bien.
Jefe del Grupo remolachero de Calamocha y vocal de la Junta provincial del mismo, Inocencio Ruiz Martín destacaba en la villa la importancia económica y social del cultivo de la remolacha que por entonces no era rentable mientras no se pagase al contado (sin la dilación habitual de 30 días) un mínimo de 1.300 p. la tonelada sobre vagón. Comenta también la excelente calidad que tiene la remolacha de la ribera del Jiloca, adelanta que en Calamocha se reducirá la plantación este año a la mitad sino se resuelve el problema de los precios y transportes pues la pasada campaña produjo en la localidad pérdidas que rondan el millón de pesetas; la importancia que deben tener las gestiones realizadas desde el Grupo provincial para hacer contratos colectivos, aumentar un 30 % el cupo asignado a cada pueblo en prevención de inclemencias climáticas, facilitar semillas seleccionadas, etc. Denuncia por último la vergüenza que supone para el labrador que la tonelada de remolacha se pague a 940 p., mientras el subproducto de la pulpa lo venda la fábrica a los ganaderos 2.520 p. la tonelada[31].
Por fin se confirmaba oficiosamente a primeros de febrero la compra por parte del Ayuntamiento de Calamocha de la Dehesa boyal de los Marinas por cien mil pesetas, pagadas la mitad en el acto y el resto en dos años a partes iguales.
El problema de la remolacha sigue candente y ahora tercia un acreditado labrador calamochino, Isidro Corcuera, que, tras admitir la nefasta campaña pasada, anuncia que no se presenta mejor la próxima pues el Ministerio de Agricultura mantiene los precios del año anterior sin tener en cuenta los incrementos que han experimentado los transportes (70 %), abonos (con cobro de intereses que antes no se hacía por los préstamos de las azucareras), maquinaria, accesorios y mano de obra. Sin embargo, el meollo está en la forma de establecer el precio de la remolacha a 975 p. por Tm. puesta en la fábrica, asignándole un rendimiento en azúcar del 12’5 %, es decir salen a 78 p. el grado de rendimiento. Cómo la remolacha del Jiloca es la mejor de España con un rendimiento del 16 % en azúcar, aplicando el criterio anterior a los 3’5 de diferencia a 78 p. por grado, resulta que la remolacha de la comarca debería pagarse a 1.248 p. la Tm., es decir 273 p. más sobre lo anunciado. Lo que supone en el total producido para la Azucarera de Santa Eulalia más de veinte millones y medio de pesetas que no se perciben. Merma de la que no se beneficia ni la industria, ni el Estado ni los consumidores, sino los productores de la Baja Andalucía que obtienen mayor cantidad de Tm. pero de una remolacha baja en azúcar. Por lo que considera imprescindible asociarse con otros productores de remolacha de alto rendimiento como son los de Palencia, León, Valladolid y Salamanca, olvidándose de los del resto de Aragón, Navarra o La Riojas que dan rendimientos intermedios. Eso o “¡No sembrar ni una remolacha!”[32].
Sigue el debate de la remolacha en los pueblos del Jiloca, y ahora es el agricultor de Caminreal Ángel Malo Meléndez el que ofrece cifras concretas que demuestran la inviabilidad del cultivo con los precios existentes. Analizando el rendimiento de una finca de regadío de una hectárea de extensión. Incluyendo el interés al 4 % que renta su valor (5.200 p.), los gastos de las numerosas labores que exige este cultivo y que pormenoriza, abonos, jornales, etc., todo bien contabilizado supone una inversión de 16.512 p. Estimando una producción de 20 Tm. a 947 p. cada una dan unos ingresos de 20.040 p., que supone un beneficio neto de 3.528 p. Es decir, menos que lo que rentarían los intereses corrientes del valor de la finca. En resumen, cultivar remolacha en el Jiloca es perder el trabajo y el dinero, al menos mientras no se pague la misma en función del rendimiento en azúcar y no sobre el peso en bruto[33].
Ante la posibilidad de crear en Teruel una industria láctea que recoja la leche de las vacas de los pueblos circundantes, desde Villarquemado se pone en valor en marzo la hierba de su Prado para pasto del ganado vacuno. También, sembrándolas de plantas pratenses adecuadas, podrían tener el mismo aprovechamiento otros terrenos del municipio.
Con la claridad que lo caracteriza, el corresponsal de Villarquemado entrevista al Jefe local del Movimiento y excombatiente de la guerra, Joaquín Torres Domínguez, sobre la moderna vaquería que con gran dificultad trata de sacar adelante y sobre la necesidad de crear una industria láctea en Teruel. Después de una esmerada selección vacuna de raza santanderina y de levantar un moderno establo, obtiene una producción de 100 l. de leche al día por la que podría percibir sobre 350 p., se ve en la necesidad de malvenderla o de tirarla directamente. La posibilidad de adquirir terneros lactantes no es fácil pues, además de la inversión económica que exigen, muchos se marean y enferman como consecuencia de los transportes. Torres se encuentra lógicamente desanimado pues ha invertido sobre 250.000 p. en ganado y precisa sobre 370 p. al día por el mantenimiento del establo. “Ahora imagínate tú la papeleta, el ternero no puede mamar, la leche hay que sacársela a la vaca y compra para esta no hay. ¿Qué hacemos? Pues, sencillamente, poner el trabajo y la paciencia que se necesita, que por cierto no es poca, para en fin tirarla al estiércol por falta de venta”[34].
Vuelve el tema de la remolacha a finales de marzo a cuenta de la posible bajada de su precio y de la exigencia de la firma en blanco del contrato de producción sin concretar el precio.
Los ganaderos de Calamocha expresaron en abril su gratitud al Ayuntamiento por la compra de la dehesa de los Marinas, regalando un cordero para hacer todos juntos una merienda en Casa Fermín.
Está terminando la primavera y en la ribera del Jiloca tiemblan ante la posibilidad de heladas tardías que arruinen las frutas que tanta importancia tienen en la economía comarcal. Por eso desde el semanario se plantea la necesidad de crear una asociación de fruteros para abordar el problema de las heladas, por ejemplo, siguiendo los consejos del perito agrícola de Báguena, Lucia, de quemar sacos de paja los vecinos en los días de mayor riesgo[35].
Dos semanas después “Se nos fue parte de la fruta. Un hielo inoportuno, presentido y esperado con la resignación de las cosas inevitables, la semana pasada, creo que fue el miércoles, se llevó unos miles de pesetas de los bolsillos de nuestros campesinos”. Por eso insiste otro editorial la asociación de los fruteros en el seno de la Hermandad de labradores para abordar entre todos la posible solución al problema de los hielos tardíos que acaban con la fruta.
Prosigue en la comarca del Jiloca la mecanización del campo, pero hay dificultades en el suministro de materiales para utilizar las nuevas máquinas. Es el caso de las segadoras-atadoras para las que faltaba el hilo de sisal con que se ataban los fajos, hilo que se repartía desde la Hermandad de labradores en abril previa solicitud de los propietarios.
Con vistas al Campeonato de zona del Jiloca el 3 de mayo tuvo lugar en Caminreal la prueba local de cava que ganó Emilio Arpa seguido de Vicente Rubio y Miguel Polo.
En la partida de la fuente de Berenguer de El Poyo se inauguró el 27 de abril un abrevadero. Estuvo presente Vicente Dualde como secretario de la Junta provincial de fomento pecuario, Bienvenido Martín de la misma Junta y natural de la localidad, el veterinario Sr. Soguero, Primitivo Aranda por el Cabildo sindical y otras autoridades locales y comarcales. Hubo al final comida servida por Lucía Sancho.
Había en mayo instalados en Calamocha varios colmenares movilistas por todo su término, alguno de los cuales al parecer atacó a unas caballerías en la carretera de Tornos. Se instaba a controlar la instalación de las cajas.
La prodigalidad de las lluvias primaverales permitió la excepcional altura que estaban adquiriendo los cereales, recogiéndose en la partida de los Enebrales de Caminreal en un campo propiedad de Abelardo Lario una mata de centeno que, medida en el café de la localidad a la vista de todos, resultó tener 2’35 m.
Tremenda tormenta de piedra y agua asoló en la tarde del 17 de junio los campos de Torrijo, Caminreal, Fuentes Claras y parte de El Poyo arruinando por completo las cosechas. El día siguiente el alcalde, el jefe de la Hermandad y el delegado de Sindicatos de Caminreal se trasladaron a Teruel para exponer a las autoridades la magnitud de los daños. Unos días después el Gobernador civil, el presidente de la Diputación provincial y el ingeniero del Servicio agronómico visitaron personalmente la zona. “Para paliar en parte los daños y que el agricultor pueda hacer frente a tan angustiosa situación se intenta crear una sección de Crédito agrícola que remedie en parte el vivir, ya de por sí sacrificado, de nuestros labradores”[36].
Los daños causados en Calamocha donde también descargó la tormenta no fueron tan cuantiosos. En cualquier caso, desde Villarquemado donde no llegó la pedregada, se solidarizaban con los demás pueblos de la ribera que la padecieron. Coincidiendo también con esta desgracia, se alzaban voces reclamando precios más justos para el labrador.
Con algo de retraso salía en junio la reseña del concurso de Tiro de carro celebrado en Caminreal durante las fiestas de San Isidro. Dos fotografías ilustraban el artículo que destacó la afición del pueblo por este tipo de espectáculos en el que un carro cargado con 2.400 k. de abono debía recorrer medio centenar de metros arreados por los mozos de mulas. Cinco corajudos pares se presentaron a la prueba venciendo los machos romos de Felipe Cervera y Francisco Romero, que tiraron del carro en “una perfecta armonía de esfuerzo, voces y tirones a la par. En algunas ocasiones el público, llevado de la emoción, hacía coro a Felipe y Francisco en el arrear. Bonito espectáculo que como decían nuestros labradores supera a la mejor película de cine”.
Notas
[1] ANÓNIMO (1956): Editorial [contra la incultura de algunos jóvenes]. Jiloca, 2, 23 enero, 1
[1] ANÓNIMO (1956): Información juvenil de la comarca. Jiloca, 2, 23 enero, 1-2
[2] ANÓNIMO (1956): No debemos convertir los pueblos en miseria y cárcel para los trabajadores. Jiloca, 2, 23 enero, 2
[3] JILOCA (1956): Carta abierta a don Ángel Pardillos, maestro nacional de Báguena. Jiloca, 3 bis, 6 febrero, 1-2
[4] PARDILLOS, Ángel V. (1956): Desde Báguena contestando a una carta abierta. Jiloca, 4, 13 febrero, 1-2
[5] JAIME GÓMEZ, José (1956): Nuestros propósitos. Jiloca, 9, 12 marzo, 1-2
[6] V. (1956): Al habla con Melchor Vázquez Barrado, jefe del S.N. del T. de Calamocha. Jiloca, 17, 7 mayo, 1-2
[7] ANÓNIMO (1956): Al habla con el agricultor de Calamocha, Isidro Corcuera. Jiloca, 20, 28 mayo, 1-2
[8] ANÓNIMO (1956): Al habla con Miguel Peribáñez Rubio, alcalde de Báguena. Jiloca, 25, 2 julio, 1-2
[9] ANÓNIMO (1956): El silo de más capacidad que existe en la actualidad en la provincia de Teruel ha sido inaugurado en Calamocha. Jiloca, 28, 23 julio, 1-2
[10] COLOM (1956): Gravísimos daños han sufrido las huertas de Báguena, San Martín y Burbáguena a causa de las últimas inundaciones. Jiloca, 30, 6 agosto, 1
[11] SANCHO ANDREU, M. (1956): El azafrán, reyezuelo de una comarca. Jiloca, 42, 29 octubre, 1-2
[12] ANÓNIMO (1957): El Poyo es la Ribera. Jiloca, 56, 4 febrero, 2
[13] EBLAMA (1957): Actividad sindical. La remolacha, una de las principales riquezas de Calamocha. Jiloca, 59, 25 febrero, 2
[14] ANÓNIMO (1957): Editorial. Repoblación forestal. Jiloca, 66, 15 abril, 1
[15] RIAMED (1957): Comentario popular. Jiloca, 71, 21 mayo, 2
[16] ESCOLANO V., Gregorio (1957): En Ojos Negros faltan brazos para la siega. Este año no han venido los “yeclanos”. Jiloca, 80, 23 julio, 1
[17] EL CORRESPONSAL (1957): Recolección en Castejón de Tornos. Jiloca, 82, 6 agosto, 1-2
[18] PLUMED, Santiago (1957): Tornos y los viajes interplanetarios. Jiloca, 82, 6 agosto, 2
[19] LUCIA ANECHINA, Martín (1957): Un agricultor ejemplar. Jiloca, 88, 24 septiembre, 1
[20] OIVATCO OZNARI (1958): Al habla con don Isidro Aldabas Fombuena, de Villarquemado. Ejemplo. Jiloca, 116, 8 abril, 1-2
[21] ASÁNDEZ, José A. (1958): Al habla con don Carlos Tomás Sánchez, de Luco de Jiloca. Jiloca, 117, 15 abril, 1
[22] OIVATCO OZNARI (1958): Sudor y problema. Jiloca, 117, 15 abril, 1
[23] H. (1958): Editorial. Riegos. Jiloca, 118, 22 abril, 1
[24] JOAS (1958): Al corro de la farfolla. Jiloca, 125, 10 junio, 1
[25] MORAGRIEGA MARTÍN, Amable (1958): Interesantes manifestaciones de D. Antonio López Rubio, chófer modelo del autobús de viajeros de Calamocha a Vivel de Río. Jiloca, 131, 22 julio, 1-2
[26] A.A.R. (1958): Primer concurso comarcal de “Desbrizna de azafrán”. Jiloca, 144, 21 octubre, 1
[27] OIVATCO OZNARI (1958): Desde Villarquemado. Pésimas cosechas en los productos locales. Jiloca, 145, 28 octubre, 2
[28] OIVATCO OZNARI (1958): Desde Villarquemado. El problema del cáñamo sigue en vía muerta. Jiloca, 149, 25 noviembre, 2; OIVATCO OZNARI (1958): Desde Villarquemado. Ha fallado la cosecha de remolacha. Jiloca, 149, 25 noviembre, 2
[29] S.P. (1958): Reportaje del pueblo. La extensión de regadíos, esperanza de nuestra comarca. Jiloca, 154, 30 diciembre, 2
[30] SÁNCHEZ PLUMED, Luis (1959): Reportaje del pueblo. La entrega remolachera necesita ordenación. Jiloca, 157, 20 enero, 2
[31] RUIZ MARTÍN, Inocencio (1959): Temas remolacheros. Don …, vocal del Cabildo sindical, nos explica, bajo su punto de vista, el problema remolachero en esta villa de Calamocha. Jiloca, 159, 3 febrero, 1-2
[32] CORCUERA, Isidro (1959): Temas del agro. La remolacha. Jiloca, 160, 10 febrero, 2
[33] ARPA ROMERO, Antonio (1959): Una hectárea de regadío sombrada de remolacha produce al cultivador 3.500 p. Jiloca, 161, 17 febrero, 1-2
[34] IRANZO, Octavio (1959): Desde Villarquemado. El hombre del día en Villarquemado. Jiloca, 165, 17 marzo, 2
[35] JILOCA (1959): Editorial. La fruta de nuestra ribera. Jiloca, 169, 14 abril, 1
[36] T. (1959): Una tormenta de granizo arrasa las vegas de Torrijo, Caminreal y Fuentes Claras. Jiloca, 179, 23 junio, 1