Semanario Jiloca. Comercio y economía

La visión del Jiloca a través de sus moradores. El semanario Jiloca publicado en el diario Lucha de Teruel (1956-1959) / José María de Jaime Lorén

Comercio y economía

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1956

Sobre la situación económica y social es muy ilustrativa la entrevista que se hace a Domingo Clemente, comerciante de Monreal del Campo, destacando su paralización pues “Los labradores están parados más de la mitad del año y no corre el dinero”, propone para Monreal “la instalación de alguna industria de lavaderos de lanas, trapos y lona, aprovechando el agua del Jiloca”. Estima que “Hay un exceso de comerciantes y para asegurar el futuro comercial sería necesaria la instalación de algunas industrias”, como la Azucarera de Santa Eulalia o la posible central siderúrgica de Calamocha que se comentó. Lamenta de paso la pérdida que supuso para Monreal la supresión de las comunicaciones con el Campo de Visiedo[1].

Un buen termómetro para conocer la temperatura de la economía lo constituyen los bares, “Hay alegría, hay bar. Hay dinero, hay bar”. Por eso es interesante la entrevista que se hace a Manolo Barrado como simpático propietario del Bar Aragón de Calamocha. Sobre las preferencias de bebidas, “En vino, el tinto. En anís, El Mono, y en coñac varias marcas, aunque la que más el Veterano. Cerveza también se bebe mucha”. Reconoce que ahora se bebe menos que años atrás, “El dinero es más escaso y los bares atraviesan un momento de crisis”, y que las mejores fechas son “Las fiestas de San Roque y las ferias de Todos los Santos. Con estas dos fechas casi salvas el bache de todo el año”[2].

Decepcionante resultó la encuesta que se pasó entre los vecinos de Calamocha para conocer su disposición hacia las mismas. Por ejemplo, solo se aportaban 1.620 p. y dos días de trabajo personal. Por lo demás preferían cambiarlas a mayo, vallar el ferial y celebrar concurso de ganados[3]. Sin embargo, la Feria de San Isidro celebrada ese mismo mes de mayo resultó bastante decepcionante, “Pocos hombres de trato, escasas transacciones de animales y poco de todo. Los cuatro tinglados propios de feria que se montaron han levado anclas inmediatamente”[4].

Buena información sobre la evolución del comercio calamochino la tenemos en la entrevista que se hace a Vicente Serrano Vizárraga, 65 años, fundador del Casino y alcalde en tiempos de Primo de Rivera. Hace 35 años llegó a Calamocha desde Cucalón donde nació y entonces “almacenistas no había ninguno, y en cuanto a comercios de detall solo tres mixtos, o sea de los que tienen de todo un poco, y dos de tejidos”. Considera muy importante para el futuro la construcción de nuevas carreteras que mejoren los accesos directos desde Villarejo por Bañón, Ferreruela por Lechago y Molina de Aragón por Bello. También la construcción de viviendas para los muchos funcionarios y obreros que hay en Calamocha, así como el fomento de ferias. Considera que hay un comercio pujante capaz de concentrar en un mismo día más de 15 viajantes[5].

“Complejo industrial de Calamocha” llamaban en Jiloca a los sucesivos intentos que desde la villa se hacían para convertirla en un foco industrial que paliase la emigración del campo a las ciudades. En uno de ellos se competía con la capital provincial para atraer “una pequeña siderúrgica dependiente del Instituto Nacional de Industria”, que la comisión gestora encargada asignaba a la provincia sin determinar el lugar concreto. Entre los argumentos que exponía el Ayuntamiento de Calamocha figuraban[6]:

  1. Excelente situación geográfica y comunicaciones
  2. Proximidad de las materias primas:
    1. Hierro: Ojos Negros principalmente, sin olvidar los yacimientos de Olalla-Collados, Castejón y El Poyo
    2. Carbón: Utrillas
    3. Energía eléctrica: Eléctricas Reunidas

En la III Feria Internacional del Campo de Madrid presentó sus productos la empresa de Calamocha Algás F.E.H.Y.P.A.

En junio se produjo el relevo en la dirección de la sucursal de Calamocha del Banco Zaragozano, se marchaba Enrique Monzón y llegaba José María Gargallo procedente de Cuenca.

A finales de agosto la revista entrevistaba a Manuel Pamplona Polo, calamochino y apoderado de los almacenes Edmundo Beutel de Valencia desde su fundación en 1909. Comentando sobre las fiestas recomendaba a la juventud el apego a tradiciones populares como el Baile de San Roque, destacando a “Ángela Villalta, que es la ‘verdadera madre de los chicos’ en esta procesión ya que de su bolsillo particular los mima para que bailen con más entusiasmo, y también Pedro Catalán y otros muchos que en todo momento están dispuestos a colaborar desinteresadamente”. Por su parte Manuel había pagado este año la música del domingo final[7].

Se duele Germán Reguillo de los calamochinos que creen que el Baile de San Roque es algo que solo pueden entender los del pueblo. Todavía no lleva un año en la villa, pero Reguillo sabe apreciar la belleza y la religiosidad del viejo dance local.

Reunidos los obispos españoles en Madrid para tratar sobre la cuestión social, mosén Feliciano proponía un análisis similar en la ribera del Jiloca donde puede haber “depauperación de muchos y acumulación de rentas reales en manos de pocos”. Realizar un estudio científico “sobre el nivel de vida de nuestro proletariado rural e industrial, sobre el analfabetismo, el paro estacional, rutina en el cultivo, etc.” Los prelados mientras tanto proponían “remedios para una distribución más justa de los bienes de la sociedad mediante el salario familiar, distribución de los beneficios de la empresa por la justa retribución de la renta nacional ‘realizada en la esfera suprema por la intervención directa del Estado y utilizando principalmente el procedimiento fiscal’”[8].

Tras lo que llama con razón la “caricia literaria” de M.S. Andreu al tratar del cultivo del azafrán, el monrealero Hernández Benedicto aborda los problemas económicos de su explotación. Para empezar trae una cita contundente de José Antonio Girón de Velasco, “El campesino español ha recibido demasiadas caricias de la literatura, pero pocas de una política social justa”. Sigue reconociendo la importancia de esta industria en las economías rurales, pero hace una serie de denuncias fundamentales. Primero la volatilidad de los precios que perjudica a los labradores más pobres que deben vender pronto el azafrán a menores precios para poder saldar sus deudas, mientras lo más ricos pueden esperar a vender cuando suban su cotización. Segundo la gran cantidad de intermediarios que se beneficia cada uno con márgenes comerciales mayores cuanto más se alejan del productor. Pero también la misma ignorancia que hay sobre el uso real a que se destina el azafrán que, dicen, no es otro que la elaboración de desconocidos productos químicos.

Propone para regular los precios la creación de cooperativas sindicales que comprasen la totalidad de la producción como hace el Servicio Nacional del Trigo, lo que eliminaría de paso los intermediarios. Ya solo faltaría entonces fomentar la extracción de los principios activos de azafrán en industrias establecidas junto a los productores[9].

Con mal tiempo que limitó la presencia de visitantes de la comarca, se celebró la Feria de Todos Santos en Calamocha. La banda de música de Maluenda que dirigía Felipe de la Flor amenizó los festejos, hubo numerosas atracciones instaladas en la plaza del Peirón y precios corrientes para los ganados lanar, de vida, vacuno y mular[10].

En la entrevista a Luis del Val, almacenista de coloniales de Calamocha, destaca el auge del comercio en Calamocha por ser un centro importante de comunicaciones. Podría mejorarse impulsando líneas de viajeros hacia Guadalajara, Campo de Romanos, Campo de Visiedo, Las Cuerlas, etc., así como revitalizando la antigua Asociación de comerciantes e industriales de la villa, fomentando ferias y acontecimientos comerciales, construyendo un recinto adecuado para los certámenes, etc. Sobre el volumen de ventas cita 400.000 k. de aceite (con algún problema de desabastecimiento puntual) y sobre 60.000 cajas de conservas. Estima que las subidas de precios de algunos productos, es lógica y normal en una economía de mercado[11].

 

1957

Informa el corresponsal de Lechago del pedrisco que asoló su término que mereció la ayuda del Gobierno por medio de un empréstito y una subvención con cargo al Paro obrero, que permitió la reparación de la ermita del Santo Cristo, blanqueo de la iglesia, ampliación en 50 m. del apeadero de la estación, arreglo de los caminos vecinales, construcción en el cementerio de un depósito de cadáveres y sala de autopsias o un muro de defensa del depósito de la fuente pública. Como proyectos tienen levantar una partida de nichos en el cementerio, una pasarela en la carretera de Cortes a Luco para sustituir el puente que desapareció sobre 1933 que provisionalmente se reemplazó por uno de madera, o arreglar ese mismo año las calzadas de las calles poniéndoles aceras. De todas formas, sobre el pueblo pendía la decisión de construir el pantano del río Pancrudo “y por lo tanto este pueblo tiene sus días contados [… planteando a sus vecinos] un problema económico y afectivo, tendrán que abandonar sus casas y haciendas, a las que se hallan ligados recuerdos imperecederos”[12]. Unos números después, Germán Reguillo matizará este lógico pesar considerando que se trata de un “sacrificio en el holocausto de un mayor rendimiento económico para nuestra Patria”.

Cuando León Esteban se ocupa de la situación de Santa Eulalia recuerda que el término municipal abarca 8.092 Ha., 2.466 son de secano, 336 regadío, 2.400 monte, 2.080 erial, l casco urbano y accesos 810. Dada la extensión de su monte el ganado lanar alcanza las 8.000 cabezas. Hay 42 vehículos (10 tractores, 12 camiones y 20 coches). Encabeza la Azucarera su desarrollo industrial pues da trabajo a 500 obreros y despacha anualmente 80.000 Tm. de remolacha. Tiene además dos fábricas de harina, una serrería mecánica, dos fábricas de teja y ladrillo y dos de yeso. Culturalmente no hay ni un solo analfabeto, hay abundancia de estudiantes y de hombres de carrera. Aficionados a viajar los vecinos gastan 420.000 p. anuales en billetajes. Sin embargo, desde hace tiempo los vecinos emigran a centros comerciales e industriales de Sagunto y Vall de Uxó, donde en menos de dos años se han establecido 500 vecinos que han dejado en 2.800 los habitantes de Santa Eulalia[13].

El secretario sindical Clemente Conesa destacará todos los esfuerzos del Gobierno de Franco en favor de los agricultores durante los últimos veinte años. Además de las obras hidráulicas, de colonización, repoblación forestal o de las mejoras técnicas introducidas, resaltaba las enormes facilidades crediticias que daba el Servicio de crédito agrícola oficial con menos del 4 % de interés, las Cajas rurales, Secciones de crédito o Grupos sindicales de colonización, sin contar con los sistemas de garantía colectiva para obtener grandes créditos al 2’75 % de interés anual. Por todo ello, estimaba, “el labrador actual debería tener en el soportal de su casa, una hornacina y en ella, como recuerdo de agradecimiento perenne, la efigie de nuestro Caudillo Franco”[14].

Se felicitan en San Martín del Río del beneficio que produce a los agricultores el alza del precio del trigo, aunque ahora lo que “hace falta es que se mantenga el precio del pan sin elevación alguna”. Se trata de una prueba de “la gran actividad de nuestras Hermandades y Cámaras oficiales sindicales agrarias, siguiendo las consignas de los Sindicatos y la política de nuestro invicto Caudillo”. Pero como en el pueblo hay también mucha producción de vino y de patatas, espera el corresponsal que igualmente suba también el precio de estos productos que se paga al agricultor[15].

Bella evocación de la antigua Feria de los pucheros que celebraba Monreal del Campo para Santiago y Santa Ana que congregaban antaño infinidad de forasteros de toda la comarca, que acudían a divertirse, a comprar o a vender sus productos llenando hasta los topes la plaza Mayor:

“Recuerdo […] los puestos y paradas de horchatas y escabeches venidos de Calatayud que siempre ponían frente a la iglesia parroquial, el improvisado bazar de juguetes y baratijas que las ‘Diablas’ de Teruel instalaban donde hoy es farmacia, aquel otro bazar tan concurrido instalado en la cochera de las ‘Beltranas”, luego dirijo la vista hacia la pared del Ayuntamiento y observo aquellos enormes montones de pucheros, cacerolas, platos, botijos, cántaros, orinales, etc. traídos por los alfareros de Teruel, que por docenas concurrían a la feria de Monreal, un poco más arriba, a lo largo de la iglesia me centellean los reflejos del sol proyectados hacia aquellas mercancías de hoja de lata que llenaban de colguijos toda la pared y se amontonaban en el suelo, mezclados en tan variables objetos se ven las hacinas de melones, brevas, sandías, y tantas frutas, no faltan tampoco los puestos de bebidas para que se anime la mocedad, y entre los mil ruidos ocasionados por los pitos y los gritos de aquellos jovenzanos que compran un capricho, se oyen como música de fondo, en otra parte del pueblo no muy alejada, el constante e infernal sonido de millares de cencerros que, los pastores de todos pueblos de alrededor y de la localidad, ocasionan para ver cual tiene mejor voz para ponérselo a aquella oveja mansa llamada Paloma que guía las demás, también veo en el callejón del Lobo muchos trillos de aquellos de Sarrión, los preferidos, horcas para aventar y para paja, en fin veo … mucha animación y alegría, juventud y armonía en los adentrados en años.

Vuelvo a la realidad y me pregunto ¿qué ha sido de aquello? Recuerdo que un buen año decidieron traer todo el ferial a la calle Mayor y desde entonces fue decayendo hasta no quedar en nada, dos puestos de turrón, uno de caramelos, algún trillo y nada más”[16].

Mientras escucha caer la lluvia sobre los tejados, Germán Reguillo se pone a considerar el atraso de la agricultura y propone para la promoción económica de estas sociedades rurales la creación de industrias como la Azucarera de Santa Eulalia o la idea de la Estación frigorífica de Luco, la explotación de los minerales de El Poyo, la repoblación forestal, la intensificación de la ganadería o la misma modernización de nuestros campos. “Necesitamos revolucionariamente un reajuste de nuestras posibilidades económicas que permitan dar formas adecuadas a la manera de vivir moderna. Obra de titanes y que a la juventud con deseos de aventura ha de enamorarle, mediante el estudio a fondo de lo que somos y podemos ser”[17].

Con motivo de la fiera de Todos Santos el cronista entrevista a uno de los tratantes que asiste a la misma. Antes lo han rechazado otros. No es fácil, incluso este vestido con la típica blusa negra no quiere dar su nombre aunque procede de Soria. Lleva cinco años seguidos viniendo a Calamocha aunque no es una feria tan visitada como Cedrillas, Tafalla o Tudela. El ganado más demandado es el mular, tanto para trabajo como para los mataderos de Barcelona, Valencia o Zaragoza. En cuanto a importaciones la mayor calidad llega de la Bretaña francesa y de Suiza. Sobre la acogida de los labradores a los tratantes responde: “¿Puedo ser sincero? […] Pues casi siempre con desconfianza […] en parte con razón, puesto que ingenuamente caen en las manos de los desaprensivos que pululan por esta clase de ferias”. Sobre el típico regateo entiende que los vecinos “se agarran a un clavo ardiendo y es muy difícil llegar a un acuerdo”. Al terminar aconseja a los lectores que no se hagan tratantes de ganado, que se pasan malos ratos. Sobre precios da estas cifras en pesetas según ganados, calidades y teniendo muy en cuenta la pericia del tratante[18]:

  • Asnal: 300 (malo), 450-500 (regular) y 600-700 (bueno)
  • Mular: 1.000-2.000 (carne), 2.500 en adelante (trabajo)
  • Vacuno: 5.000 en adelante (adulto), 3.000 (de cría desmamados)
  • Lanar: 21 p./k. (carne), 1.000-1.400 (pareja de cría según edad), 600-700 (cría individual)

Buena cosecha de azafrán, “Hasta lo dicen los labradores”. Toda la ribera del Jiloca con Monreal al frente es la zona más productora de toda la provincia que a su vez lo es de toda España. “Y el azafrán se convertirá en oro y millones de pesetas serán repartidos entre los labradores poderosos o débiles. Y millones de pesetas también se van dividiendo generosa y abundantemente en jornales para las desbrinadoras que han venido de la sierra y para las comadres que se dedican a ‘oncear’ por los demás pueblos de la ribera […] El azafrán es lumbre de muchos hogares, medicina de muchas dolencias, bálsamo de muchas desgracias, colorante de muchas ilusiones, incienso de muchas limosnas”[19].

También el Señor Tanis de Monreal está convencido que la cosecha de azafrán es casi un 50 % superior al año pasado. Después de treinta años en el negocio conoce muy bien las dos zonas productoras españolas, la provincia de Teruel con 40.000 libras (30.000 en el Jiloca de ellas 3.000 solo en Monreal) y las provincias manchegas que totalizan 100.000. El azafrán Río es mejor, más gordo y de más peso que el Mancha, pero éste cotiza más por venderlo sin rabo ni lengüetas. Aquí se planta a vertedera y allí todavía a legón aunque lo abonan más. La producción aumenta con el precio, pues hace diez años se pagaba a 300 p. la libra y el año pasado a más de mil. Toda la producción española se exporta a Oriente Medio, Francia, Brasil y muchos otros países donde se usa para teñir, repostería, como antiespasmódico en farmacia y para condimento en las ceremonias religiosas de India[20].

En una entrevista a varios productores de Monreal se estimaba por término medio que en el pueblo habría unas 500 yugadas sembradas de azafrán, casi el doble que hacía diez años que deben producir sobre 8.250 libras calculando a libra y media por caíz y once caíces por yugada. Estima que a la villa habrán llegado sobre mil chicos para trabajar (otros lo dejan en 600), además de la rosa que se envía a desbrinar a los pueblos no azafraneros de la ribera. Unos dan la cosecha a medias y otros prefieren contratar jornaleros. Se echa de menos una cooperativa que favorezca a los cosecheros más pobres para que no tengan que vender a los precios más bajos[21].

Labor penosa en cualquier caso para la que no existe máquina cosechadora. Se trabaja como hace dos mil años, a mano, brin a brin, paciencia y paciencia.

Otra entrevista en el mismo número se ocupa de las esbrinadoras que llegan de Godos, Checa y otros pueblos. Son jóvenes (17 años), hablan del buen trato que reciben en las casas que las contratan, que trabajan 15 ó 16 horas por las que esperan sacar en la campaña entre 550 y 600 p., algunas de las cuales se dejarán en las tiendas de Monreal. Tratan también de los medieros y de las que “oncean” por los pueblos.

En siete millones de pesetas se estima el precio del azafrán producido en Monreal, 23.000 p. por Ha., la recolección cuesta ya la mitad, y medio millón se reparten los jornaleros que llegan de fuera. En una buena campaña un operario laborioso puede recoger y desbrinar un kilo de azafrán seco que suponen 1.500 p. trabajando a medias. Ahí va una estadística de precios por años en pesetas el kilo[22]:

  • 1888: 163
  • 1895: 58
  • 1907: 85 (a 100 en Teruel)
  • 1947: 600
  • 1956: 3.350

Para obtener un kilo de azafrán se precisan brines de más de 60.000 rosas, un kilo tiene tres libras y una libra 12 onzas (350 gr. la libra y 287 decigramos la onza en Aragón). Al tostar el azafrán para venderlo todavía pierde cinco o seis veces su peso, por lo que hacen falta 200 onzas de verde para conseguir un kilo seco.

Con bastante razón se quejaban los ayuntamientos que sufragan sus gastos municipales aplicando un sinfín de arbitrios municipales de escaso rendimiento, del coste que suponía para ellos los envíos de correspondencia contestando a las múltiples consultas oficiales que continuamente les hacen. Teniendo en cuenta que cada carta precisa como mínimo un franqueo de 0’8 p., al final la carga en los presupuestos del coste de Correos era muy considerable, por lo que solicitaban a finales de noviembre se aplicara una franquicia postal a todos los ayuntamientos como ya se hacía con otras instituciones.

 

1958

Contra lo que se esperaba, a finales de febrero parece que baja el precio del azafrán con el nerviosismo consiguiente de los que lo guardaban. Se recomendaba paciencia y esperar la oportunidad.

Aunque la cuestión de la emigración la incluimos generalmente en el apartado de Economía, el artículo que remite desde Villarquemado Octavio Iranzo merece contemplarse en este otro. La oficina de Encuadramiento y colocación del Sindicato provincial anuncia una nueva salida de trabajadores agrícolas para la remolacha de Francia, también está la oferta de marcha de matrimonios a Canadá y el goteo de emigrantes a capitales de provincia y núcleos industriales. Mientras tanto los pueblos se vacían, “aquí vamos a quedar los viejos y los tontos”. Con perspicacia considera:

“Si como  vamos viendo a través de la prensa, en otras naciones, Francia por ejemplo, un gremio de obreros organiza una huelga de trabajo, en un día o días fijados, con el único y exclusivo fin de pedir un aumento de salario o mejoras en el trabajo, ¿no será esta emigración de la agricultura y pueblos agrícolas una huelga sorda que se declara al campo y pueblos sin más vida que esta, con el único y exclusivo fin también de pedir una mejora o aumento de beneficios en el trabajo?”[23]

Con el inconveniente añadido que faltará mano de obra si en un momento dado se crea una industria en el mundo rural. Y añade: “La solución es pagar lo que en otros lugares pagan. ¿Y a él quien le paga sus artículos como en otros lugares se pagan? Y si paga él sin percibir, ¿qué interés produce ese capital invertido en el negocio?”

Habla el corresponsal de Báguena de las bondades del vino del pueblo, de lo que cuesta de obtener y del escaso rendimiento económico que produce:

“Tras el fermento y la elaboración de rigor viene el sacado y el traslado del líquido a vasijas particulares, situadas en bodegas de dudosas condiciones, la mayoría húmedas, insalubres y sin ninguna posibilidad de mejorar el líquido, sino por el contrario de estropearlo y degradarlo […] el producto logrado se malogra en buena parte, pierde su posible calidad y se vende a precios reducidos según la ocasión de cada propietario, es decir que no aprovechamos lo posible el beneficio que nos da la tierra, dejando que vaya entre manos muertas que especulan sin producir lo que nosotros podíamos aprovechar en beneficio propio y de los consumidores”[24].

Se trata por tanto de fomentar el cooperativismo para mejorar la producción y para venderla a mejores precios.

Reconocen los vecinos de Santa Eulalia entrevistados a mitad de abril la innegable importancia económica y social de la Azucarera en la vida del pueblo, lo que le hace tener una personalidad propia y un aire más señorial en comparación con los de la contornada. De hecho en breve esperan que se instalen nuevas fuentes y se adoquinen las calles.

Desde hacía ya bastante tiempo existía en Calamocha legalmente constituida la Cooperativa del campo y Caja rural San Roque, si bien todavía no había iniciado su funcionamiento con el consiguiente quebranto para los intereses económicos y sociales de los labradores de la villa y de la comarca. Parece que su consejo rector estaba un tanto desmoralizado ante “la indiferencia con que se manifiestan los señores socios en sus intentos de ponerla en marcha”. Desde los ámbitos de la política de unidad sindical se estimulaba la actividad cooperativista, de ahí que se anime a los socios a poner en marcha la Cooperativa teniendo en cuenta “la absoluta igualdad de derechos y obligaciones, aunque apartado de ella el espíritu de lucro y sitúa al capital como mero auxiliar, sin más derechos que las normales retribuciones al concurso que él mismo presta a la obra cooperativa, siendo dentro de la misma la actividad humana el elemento productor prevaleciente”.

En principio las aportaciones a la sociedad cooperativa podrían hacerse en dinero, crédito, efectos, trabajo y actividad industrial, y el capital social por medio de títulos nominativos para conocer la cuantía de la aportación de cada socio. Los fines más importantes de la Cooperativa serían la adquisición de aperos y maquinaria agrícola, plantas, semillas y otros elementos de producción y fomento agropecuario, venta, exportación, conservación, transporte o mejoras de productos de cultivo o ganadería, etc.[25]

Después de explayarse sobre la trascendencia económica del cooperativismo, el autor trata en el número siguiente de los valores morales de la cooperación, la necesidad de superar individualismos y egoísmos para el logro de beneficios comunes, el espíritu de solidaridad y de disciplina colectiva que se alcanza, etc.

Feria de Santiago en Monreal del Campo. Una fiesta que expira “entre vinos y riñas, bailes y jotas cantineras”. Ya no se venden los trillos de Molina, ni los pucheros y botijos de Villafeliche, ni cencerros, ni cayados pastoriles. “Los quintos habían plantado por San Pedro el Árbol en la plaza que los proclamaba dueños de la alegría del año. Lo arrancaban por Santiago […] Y de los pueblos circundantes llegaban grupos de jóvenes para beber y bailar en la fiesta y, con un poco de suerte, para reñir en la despedida”[26].

El coste de la vida está subiendo y la gente expresa sus quejas. “A este paso no sé donde vamos a llegar. Dos pesetas de golpe y porrazo. Hay que ver cómo sube la vida. Sales de casa con diez duros para la compra y vuelves si una perra. Este año no sé si haremos roscones y pastas para las fiestas. Antes el kilo de azúcar 11 p. y hoy he ido a comprar dos kilos y me han costado 28 p. ¿Es que vamos a volver otra vez a los tiempos de la sacarina? […] Es verdad que ahora la tonelada de remolacha la pagan más cara que antes, pero me parece que no hay proporción”. Lo mismo pasa con la lana[27].

Sigue el desorden en los horarios del comercio de Monreal por la costumbre adquirida por los fruteros de abrir sus tiendas hasta las 10 de la noche, obligando al resto de establecimientos a permanecer abiertos al público hasta esas horas. A primeros de agosto se reclamaba de la intervención de la autoridad municipal.

Desde hace poco Maruja García Vicente tiene en Monreal una tienda donde ofrece “confecciones para niños, prendas interiores de niña y señora, abundante surtido de bisutería, perfumería para todos los gustos, artículos de regalo, paquetería”. En agosto era el único establecimiento en su género de la comarca y está contenta pues le llegan muchos clientes de pueblos como Blancas, Torrijo y Ojos Negros. En general el público busca la calidad antes que el precio.

Admiración general causó la exposición durante la feria de Monreal del establecimiento “Maruja” en su escaparate, costumbre que debería extenderse al resto del comercio.

El buen tiempo también acompañó en la Feria de ganado de Todos Santos de Calamocha, con un ferial muy concurrido y animado por esos hombres y tratantes de blusa negra, sobre todo el día 2 de noviembre. Destacaron las transacciones de ganado mular, algo menos hubo de caballar, asnal o vacuno, estando más flojo el ovino. Las casas de comidas y los bares no han parado de servir todo tipo de viandas, especialmente las típicas postas de bacalao o las salchichas. Las calles también llenas de gente con magos y barajeros, lo mismo que el cine y el baile donde actuaba la orquesta local Iris. El segundo día decreció un poco la animación aunque hubo más ventas, clausurándose el certamen el día 4 ya con muy pocos forasteros. Se echó de menos la banda de música de Maluenda con sus dianas y conciertos[28]. En el anexo 5 dejamos una bellísima descripción de la Feria de Calamocha en aquellos años.

Con frecuencia se habla desde Monreal del establecimiento de tejidos y complementos de “Maruja” que suelen poner como ejemplo de modernidad y de buen gusto. También de la decoración de su escaparate, costumbre que poco a poco se extiende al resto del comercio.

1959

Se quejaba el alcalde de Torrecilla del Rebollar del tópico de “la supuesta riqueza del municipio, pues si bien es cierto que se cuenta con un pequeño monte de propios que en años no consecutivos proporciona aprovechamientos maderables, estos han venido siendo de exiguo volumen y con ellos únicamente ha podido lograrse una nivelación presupuestaria para hacer frente a necesidades ordinarias. A partir del año 1957 la economía municipal ha experimentado un notable alivio, merced a haber sido ampliado en la esfera de lo posible, los aprovechamientos maderables”[29].

Problema serio tenían planteado en Calamocha con relación a la Contribución territorial debido a la falta de actualización del Catastro de las propiedades rústicas. El Ayuntamiento había tomado cartas en el asunto fijando un plazo para justificar las variaciones producidas en la posesión de las fincas, así como las alegaciones de sus dueños, que serían estudiadas por un perito agrícola. De esta forma se cambiaría el nombre de los propietarios que hubiesen justificado tal condición.

Como secretario de Administración local, H. Usero trataba a finales de junio sobre las pagas extraordinarias en activo a los funcionarios municipales de cara a la determinación de las pensiones de jubilación.

Notas

[1] EGERIS (1956): Cada semana un rostro [Domingo Clemente López]. Jiloca, 10, 19 marzo, 1

[2] V. (1956): Al habla con el dueño del Bar Aragón, de Calamocha, Manolo Barrado. Jiloca, 14, 16 abril, 1-2

[3] ANÓNIMO (1956): Sobre la mejora de las Ferias de Calamocha. Jiloca, 17, 7 mayo, 1

[4] ANÓNIMO (1956): Las Ferias de Mayo de Calamocha, poco animadas. Jiloca, 19, 21 mayo, 2

[5] ANÓNIMO (1956): Al habla con don Vicente Serrano Vizárraga, del comercio de Calamocha. Jiloca, 19, 21 mayo, 1-2

[6] F. (1956): ¿Posible siderúrgica en Calamocha? Jiloca, 22, 11 junio, 1

[7] REGUILLO, Germán (1956): Así nos habla don Manuel Pamplona Polo, apoderado de los almacenes Edmundo Beutel, de Valencia. Jiloca, 33, 27 agosto, 1-2

[8] F.N. (1956): Importancia y actualidad de lo social en los pueblos. Jiloca, 38, 1 octubre, 1

[9] HERNÁNDEZ BENEDICTO, José (1956): Algo más sobre el azafrán. Jiloca, 43, 5 noviembre, 1-2

[10] ANÓNIMO (1956): Noticiario local Feria de Todos los Santos. Jiloca, 44, 12 noviembre, 1

[11] ANÓNIMO (1956): Al habla con Luis del Val, almacenista de coloniales de Calamocha. Jiloca, 49, 17 diciembre, 1-2

[12] CORRESPONSAL (1957): Lechago. Jiloca, 63, 25 marzo, 2

[13] ESTEBAN MATEO, León (1957): Monografía de Santa Eulalia del Campo. Jiloca, 63, 25 marzo, 2

[14] CONESA GRACIA, Clemente (1957): Crédito agrícola. El labrador debería tener en el soportal de su casa, una hornacina con la efigie de nuestro Caudillo. Jiloca, 63, 25 marzo, 2

[15] OBÓN, A. (1957): Desde San Martín del Río. Jiloca, 74, 11 junio, 1

[16] RIAMED (1957): La feria de los pucheros. Jiloca, 81, 30 julio, 1

[17] REGUILLO SIMÓN, Germán (1957): La lluvia que afrenta. Jiloca, 91, 15 octubre, 1-2

[18] ANÓNIMO (1957): Al habla con un tratante de ganado que visita la Feria de Calamocha. Jiloca, 94, 5 noviembre, 1-2

[19] ANÓNIMO (1957): Azafrán. Jiloca, 94, 5 noviembre, 3

[20] ANÓNIMO (1957): Habla el comerciante. Estanislao Guerrero Arnandis, comprador y manufacturador de azafrán. Jiloca, 94, 5 noviembre, 2

[21] RIAMED (1957): Calculan los cosecheros. Recolección muy costosa. Jiloca, 94, 5 noviembre, 3

[22] ANÓNIMO (1957): Cosas del azafrán. Jiloca, 94, 5 noviembre, 4

[23] OIVATCO OZNATI (1958): Desde Villarquemado. Sobre la emigración. Jiloca, 112, 11 marzo, 2

[24] MONTERO LÓPEZ, Julián (1958): Desde Báguena. Los problemas del vino. Jiloca, 114, 25 marzo, 2

[25] MORAGRIEGA MARTÍN, A. (1958): Las Cooperativas del campo como piedra angular de la economía rural. Jiloca, 128, 1 julio, 2

[26] JOAS (1958): Desde Monreal. La fiesta de Santiago. Jiloca, 131, 22 julio, 2

[27] ANÓNIMO (1958): Comentarios. Jiloca, 131, 22 julio, 2

[28] MORAGRIEGA MARTÍN, Amable (1958): Calamocha celebró con extraordinaria brillantez su famosa Feria de Ganado de todas las clases, titulada de Todos los Santos. Jiloca, 147, 11 noviembre, 1

[29] EL DIRECTOR (1959): Panorama de un pueblo rural y entrevista con su alcalde y jefe local D. Juan José Simón Finol. Jiloca, 167, 31 marzo, 1-2


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