La visión del Jiloca a través de sus moradores. El semanario Jiloca publicado en el diario Lucha de Teruel (1956-1959) / José María de Jaime Lorén

Historia

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1956

Basándose en el nombre del pueblo, Bello, del latín bellum, guerra, cierto colaborador se extiende a primeros de septiembre sobre el pasado bélico del territorio, con un recuerdo a dos de sus hijos más preclaros: el cardenal Juan Francisco Marco y mosén Andrés Vicente.

1957

Sacados seguramente de la Miscelánea turolense de Gascón y Guimbao, a primeros de año se daba noticia de algunos calamochinos ilustres y de diversas efemérides que tuvieron lugar en la villa. En posteriores entregas de esta sección “¿Sabía usted que …?” se tratará del convento franciscano de San Roque, ermita de Entrambasaguas, Cantar de Mio Cid, batalla en El Poyo entre el Cid y el Conde Berenguer IV de Barcelona, contrato de guardas, arriendos de oficios municipales, bendición del tabernáculo, etc.

En febrero se daba la noticia del hallazgo de una gran cantidad de monedas romanas en el yacimiento de El Poyo. Según las inscripciones, al parecer eran de los emperadores César, Tiberio, Nerón y Pompeyo.

A finales de marzo Amable Moragriega promete publicar una serie de entregas sobre la historia de Calamocha, con la colaboración del secretario del Ayuntamiento Víctor Martínez Remiro que era un buen conocedor del Archivo municipal. En la primera colaboración trata de las Ordenanzas de 1747 de la Comunidad de aldeas de Daroca y de otras curiosidades históricas de esos años que obraban en las actas municipales[1]. En sucesivas entregas vendrán nuevas noticias sacadas de los libros de actas municipales (1748-1756) o cierto privilegio que Pedro de Aragón dio a Calamocha en 1364.

Un joven León Esteban Mateo, luego catedrático de la Universidad de Valencia, viajaba en marzo desde Teruel a Santa Eulalia con motivo de una peregrinación a la Virgen del Molino, y aprovecha para dejar una semblanza de esta villa con el himno a su patrona, un bello poema sobre su historia o el recuerdo a sus hijos más ilustres (Isidoro de Antillón, Jacinto Sarrasí y el párroco e hijo predilecto D. Luis Alcusa Cortés).

Sobre los orígenes de Báguena y la gesta de su castillo con Miguel Gil de Bernabé trata un artículo aparecido a fines de abril. En mayo saldrá otro sobre la intervención de Íñigo Sánchez del Castellar en la batalla de las Navas de Tolosa, así como los edificios más notables de Báguena.

Una interesante entrevista al anciano y erudito Martín Lucia Anechina desvela curiosidades del pasado calamochino. Realizada en el Casino, cuenta que antes “Existían dos fábricas de papel estraza, dos martinetes para batir cobre y un lavadero de lanas, situado en el lugar denominado Cuartel Viejo”. Evoca también la costumbre de la cencerrada que daban los quintos a los matrimonios con algún cónyuge viudo, pese a que procuraban recibir el sacramento a horas intempestivas. Primero se sorteaba entre los quintos los que iban a dar la cencerrada, que consistía en hacer una hoguera en la puerta de la casa de los contrayentes donde quemaban albardas viejas, acompañado de un inmenso griterío en la calle que se acompañaba de “improvisados” y ruidosos instrumentos. Al salir de la iglesia “eran transportados en un rústico volquete al río de las Monjas para arrojarlos al agua”.

Sobre el Baile a San Roque recuerda que con 9 años lo tocaba con la banda de música del pueblo, y se hacía “como una ofrenda” al Santo por la “milagrosa salvaguarda que hizo en tiempos de cólera”. Se sigue bailando exactamente igual que antaño. La ermita de San Roque fue un convento de franciscanos que con la desamortización se vendió a una familia de Daroca que solo con lo que sacó de vender tejar, balcones y ventanas amortizó la inversión. Luego lo adquirió Isidoro Gamundi que cedió la capilla a la iglesia a condición de que allí se rindiera culto a San Roque. “En años posteriores a un llamamiento del sacerdote reformaron la capilla del convento existente, colocando como altar mayor un retablo de nuestra iglesia parroquial cuyo valor y cuantía llamó la atención de un anticuario, adquiriéndolo, con cuyo importe se entarimó la parroquia y se puso verja al altar mayor”.

Del antiguo dance de Calamocha destaca que tenía lugar en la plaza, “Salían en primer lugar el Diablo y el Ángel, después diez o doce danzantes colgando un palo en el centro tejían típicos movimientos cuya belleza principal consistía en ser deshechos rítmicamente”[2].

Unos Retraticos de antaño recogen viejos recuerdos y anécdotas calamochinas de Martín Lucia Anechina. Por ejemplo, la iluminación de las calles con quinqués de petróleo que encendía el sereno al anochecer que producía sombras nocturnas y “fantasmas improvisados vestidos con sábana blanca que eran desenmascarados con un sillazo en la cabeza”. El motivo de llamar a la villa “la pequeña Francia” por sus minas de cobre y martinetes que llenaban las casas de cacharros de este metal, o la llegada de la primera máquina de tren que congregó en la estación a todo el pueblo:

“Yo me imagino ahora a algún Manolo Morán poniendo en algún letrerito Bienvenido Míster Marshall. Pues bien, cuando apuntó por la lejanía una cosa muy grande y reluciente, ¡ay, madre mía la que se armó! Los músicos sobre el tejado con toda la fuerza de sus pulmones interpretaron el Himno Nacional y la Marsellesa. La algarabía era inmensa […] Del monstruo de acero descendieron Monsieur Le Potre, jefe de la línea, y Monsieur Levi, jefe del trayecto Calatayud-Teruel […] El saludo que nos deparó la máquina fueron dos pitidos enormes”[3].

En agosto se anunciaba que Blancas iba a dedicar una calle a dos de sus hijos más ilustres, José Estachería, presidente de la Audiencia de Guatemala en tiempos de Carlos III, y a José Valenzuela. Propone el redactor que podía hacerse el mismo homenaje a la maestra Encarnación Fernández García que durante tantos años ejerció en Blancas. A primeros de septiembre el mismo Dr. Fernández Arraiza publicará una breve biografía de José Estachería.

En la calzada romana de Cesaraugusta a Castulo, se alza el puente romano de Calamocha que a finales de agosto mereció una nota histórica en varios capítulos, seguramente sacada de los artículos de Martín Almagro Basch y del Cantar de Mío Cid.

Con un dibujo se ilustra la descripción del escudo de armas de Calamocha que aparece en el primer número de septiembre, según el acuerdo municipal tomado en 1948 y referido al que aparece grabado en mármol en el Ayuntamiento desde 1618. En 1927 se dirigieron escritos solicitando información sobre el escudo a la Biblioteca Nacional y al Archivo de la Corona de Aragón sin resultados positivos.

Una estadística criminal de 1843 sobre los pueblos del partido judicial informaba que hubo 23 acusados con las siguientes características:

  • Sentencias: 4 absueltos, 17 penados presentes y 2 contumaces
  • Edades: entre 10-20 años (1), 20-40 años (18), más de 40 años (4)
  • Sexos: hombres (21), mujeres (2)
  • Estado: solteros (3), casados (19), no consta (1)
  • Alfabetización: sabían leer y escribir (7), analfabetos (10), no consta (6)
  • Oficios: manuales (23)

En el mismo periodo hubo 10 delitos de homicidio y de heridos, uno con arma blanca de fuego lícito, 5 con armas blancas permitidas y 4 con instrumentos contundentes[4].

En septiembre reproducía el secretario del Ayuntamiento de Calamocha el contrato que en 1761 firmaba el consistorio con el maestro escultor Francisco Navarro para la construcción del sagrario, imagen y mesa del altar. A finales de este mismo mes se tratará de la batalla que el 16 de diciembre de 1706 libraron en las inmediaciones de Calamocha las fuerzas del conde de la Puebla y las de Pons, en el contexto de la guerra de Sucesión española que dirimían las casas de Austria y de Borbón (erróneamente se cita a Carlos III). Todo según un documento fechado en Daroca el día siguiente del enfrentamiento.

La batalla de Tobar del Pinar entre el Cid y el conde Berenguer de Barcelona es motivo de una colaboración en octubre.

El P. Miguel Roche fue uno de los muchos frailes que tuvieron que dejar sus conventos tras las desamortizaciones decimonónicas que, ordenado sacerdote, ejerció en Calamocha donde puso una escuela en su casa para la preparación de futuras vocaciones religiosas. Entre otras cuajaron las de tres frailes dominicos que marcharon a Filipinas desde donde enviaron a su pueblo la bella imagen de la Virgen del Rosario que hoy pueden contemplarse en la iglesia parroquial[5].

En noviembre reproduce el secretario del Ayuntamiento de Calamocha un documento del Archivo municipal con la relación de bienes de propios y arbitrios de 1760. En el mismo número se preguntaba el semanario desde cuando Calamocha tenía el título de Villa y se informaba sobre la fundación del antiguo convento de Franciscanos de Calamocha y de sus hijos más preclaros.

No se nos ocurre otro sitio mejor donde incluir la breve semblanza que en noviembre se dedicaba a los 80 años de Martín Lucia Anechina y a la buena memoria que deja en sus Retraticos de antaño. Nacido en 1876 en Calamocha, con 9 años ayudaba ya en el café de sus padres, servicio militar a los 18, en 1900 se estableció como cafetero con nada menos que 18 competidores, un año después se casaba con María Cutando Guillén con la que tuvo 11 hijos. Después de viajar por toda España y de jubilarse, sentó plaza en las butacas del Casino desde donde contemplaba tranquilo el devenir de la villa con su particular sentido del humor.

El investigador Anselmo Sanz Serrano publica a partir de noviembre una serie de artículos sobre la historia de Calamocha que comienzas con los datos geográficos, administrativos y de comunicaciones, antiguo convento franciscano de San Roque, templo parroquial, asentamiento romano de Albonica, la batalla de Tobar del Pinar según el Cantar de Mio Cid y el enfrentamiento entre el conde de la Puebla y Pons dentro de la guerra de Sucesión, hijos ilustres, etc.[6]

El alumno de Magisterio y futuro catedrático de Universidad de Valencia León Esteban Mateo, publicaba en diciembre tres preciosos artículos sobre tres ilustres hijos de Santa Eulalia, el pedagogo Jacinto Sarrasí y otros dos bajo seudónimo sobre Isidoro de Antillón y Marzo y José Soto Barona.

Por ser menos conocido, de este último destacamos que nació en 1793, suspendió sus estudios de Jurisprudencia para combatir la invasión napoleónica. Concluidos sus estudios ejerce la abogacía (1820-1834), escribe y prosigue su carrera profesional como letrado de la Real Hacienda, asesor de Intendencia, catedrático de Economía (1827-1836), diputado a Cortes, diputado provincial, presidente del Ayuntamiento de Teruel, etc. Entre sus obras destaca los Discursos económicos (Zaragoza, 1834) y Consideraciones sobre la organización social (1840), así como las traducciones de la Economía política de Say, la Economía cristiana de Villeneuve y la Economía europea de Gaune. Como abogado informaba sobre “Patrocinio de los racioneros”, “Defensa de los Montesinos y Bazán”, “Ley de Acotamientos” que le encargó la Sociedad Económica de Teruel[7].

 

1958

Siguiendo el ciclo de conferencias organizado por el Casino de Calamocha le llega el turno al catedrático y diputado provincial Francisco Barquero que trato el 11 de enero sobre la historia de la Villa. En la primera entrega publicada el mes siguiente se fija en el nombre de Jiloca que hace descender del ibero “Sil” (corriente de agua), más el sufijo “ca” (junto), así Jiloca sería en ibero “junto al río Silo”.

En la segunda trata de la “captura” del río Cella que nace en el pozo artesiano por el río Jiloca que, propiamente, nace en los Ojos de Monreal, evitando así que parta hacia la vertiente del Duero. Y nace en medio de los cuatro campos (Visiedo, Monreal, Romanos y Bello) que confieren a Calamocha lo que en geología se llama “eslaba” al ocupar un plano inferior a los campos circundantes. Se extiende luego en la consideración netamente romana que tiene el puente de Calamocha en la importante vía Laminium peninsular[8]. En la tercera entrega se ocupa de las referencias del Cantar de Mio Cid a El Poyo y sus inmediaciones, así como las conquistas de Alfonso el Batallador con las batallas de Cutanda y de Monreal. De heráldica trata la cuarta, del poblado de Albonica, de los riegos la quinta y de otros aprovechamientos hidráulicos la sexta y última.

La Guasa del moro es el nombre de una partida de Monreal del Campo que alude a cierta leyenda relativa a un tesoro que los moros allí enterraron protegido con una piel de toro. Se da la circunstancia que la familia de Hernández Benedicto compró allí unas tierras con un abultamiento del terreno que, al tratar de eliminarlo, mostró en su interior una gran cantidad de piedras algunas de ellas labradas. Se dio en pensar que podría estar allí el tesoro. Mas nada apareció y hoy crece allí pacíficamente la rosa del azafrán[9].

Otra leyenda que nos trae el mismo autor es la del Diablo de Villa-Cadima, arroyo que nace en Monreal y muere en Torrijo y circula rodeado de chopos y olmos, con restos de molinos, de pajares y de meriendas campestres. Hay también una antigua ermita que llaman del Diablo porque guardaba en su interior un bello retablo, tiempo ha retirado por sus dueños y sustituido por otro de pésima calidad, en la que aparece la imagen de Satanás, eso sí, pisoteada por el Arcángel. Y esta es la leyenda:

“Se dice que, en las soleadas tardes domingueras, cuando las parejas de Monreal y Torrijo hacían los estupendos paseos de verano, el Diablo de Villa-Cadima se liberaba del pie del Arcángel y, transformado en homúnculo diminuto, se metía en los corazones para hacer crecer los celos. A su vez el Ángel sembraba el amor y cuando el Diablo se propasaba otra vez lo agarraba de la cola y lo mantenía humillado bajo el poder de su pisada”[10].

Dos teorías hay sobre el origen de Torrijo que se explican en un número de marzo, para unos proviene de “Torre del hijo” del señor de Villacadima, al que el padre cedió una de sus torres. Para otros el pueblo es producto de los habitantes de Villaverde que bajaron del monte para vivir junto al río. En cualquier caso sus vecinos se asientan al pie de su hermosa torre, “Reina del Jiloca”.

Entre las Notas locales de finales de junio el secretario del Ayuntamiento de Calamocha Víctor Martínez reproducía los apuntes del acta municipal del 19 de enero de 1857 sobre la construcción del cementerio, obras de la carretera y que en virtud del inminente comienzo de los trabajos agrícolas del “cultivo de viñas y demás propios de la estación, razones por las que esta población, gracias al Señor, no es necesario tomar las disposiciones que en la circular se mencionan para evitar el hambre en las clases menesterosas y braceros”. En números posteriores trata el mismo autor de la construcción del cementerio, mejoras en la cárcel, etc.

A inicios de septiembre se reproduce sendas reseñas históricas y socioeconómicas de Barrachina y Fuentes Claras del año 1847. Parecen sacadas del Diccionario geográfico … de Pascual Madoz.

 

1959

También de la citada obra de Madoz parece sacada la descripción de Singra en 1849 que aparece a comienzos de marzo, completada con “Un retazo histórico” que escribe un maestro (1959), una “Descripción” actualizada y las “Realizaciones posteriores al año 1930”. Entre estas últimas la instalación de la luz eléctrica, construcción de un camino hasta la carretera (1932); instalación del reloj de la torre (1943); inauguración de un puente en el camino de la estación (1943); inauguración de la fuente de cuatro caños, abrevadero, lavadero y riego de un centenar de huertos familiares (1949); inauguración de los edificios de las escuelas y viviendas de maestros, reforma de la Casa consistorial e instalación del teléfono (1958)[11].

Sobre la heroína de Monreal Rafaela Latorre Latasa durante las guerras carlistas se ocupaba un artículo a primeros de mayo del Dr. Fernández Arraiza, destacando que se hizo fuerte en el castillo de la localidad frente a las fuerzas tradicionalistas de Llagostera y de Palillos. Era el 6 de mayo de 1840. Asimismo, se resalta su intervención en la epidemia de cólera de 1855 de resultas de la cual murió.

Notas

[1] [MARTÍNEZ REMIRO, Víctor; EBLAMA] (1957): Historia de Calamocha. Hace más de dos siglos. Jiloca, 63, 25 marzo, 1-2

[2] ANÓNIMO (1957): Don Martín Lucia Anechina (80 años), nos habla de las viejas costumbres de Calamocha. Jiloca, 79, 16 julio, 1-2

[3] LUCIA ANECHINA. Martín (1957): Retraticos de antaño [Calamocha]. Jiloca, 81, 30 julio, 1

[4] ANÓNIMO (1957): Curiosidades. Así iban las cosas en Calamocha allá por el año 1843. Jiloca, 85, 3 septiembre, 2

[5] LUCIA ANECHINA, Martín (1957): Un maestro ejemplar. P. Miguel Roche. Tres frailes. Jiloca, 91, 15 octubre, 2

[6] SANZ SERRANO, Anselmo (1957): Notas históricas de la villa turolense de Calamocha. Jiloca, 97, 26 noviembre, 2

[7] THEOMA (1957): Rincón de hombres célebres de Santa Eulalia. Don José Soto y Barona. Jiloca, 101, 24 diciembre, 2

[8] BARQUERO LOMBA, Francisco (1958): Elementos básicos en la historia de Calamocha, 2. Jiloca, 110, 25 febrero, 1-2

[9] BENE (1958): Desde Monreal. La Guasa del moro. Jiloca, 110, 25 febrero, 2

[10] BENE (1958): Desde Monreal. El diablo de Villa-Cadima. Jiloca, 111, 4 marzo, 1-2

[11] ANDRÉS Y VALERO, Florentín (1959): Datos histórico-geográficos del pueblo de Singra. Jiloca, 163, 3 marzo, 1-2. Desde Madrid


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