La visión del Jiloca a través de sus moradores. El semanario Jiloca publicado en el diario Lucha de Teruel (1956-1959) / José María de Jaime Lorén

Medio natural

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1956

Aunque en el título se menciona a Olalla, en realidad el artículo que aparece en las páginas de Lucha (no de Jiloca), se refiere a las minas de cobre de las inmediaciones de Calamocha[1].

En la tercera entrega se propone la repoblación forestal de los prados extensos de los márgenes de la laguna de Gallocanta hoy improductivos, “Puesto que no se consigue la desecación de la Laguna y nadie quiere aventurarse al riesgo”[2]. Poco después Bautista Lucia planteará la necesidad de repoblar las riberas del río Jiloca sobre todo en la zona de El Bosque, con chopos y otros árboles similares que den sombra y madera para el futuro. Lamenta de paso la condición arboricida de algunos vecinos.

El teniente de Aviación Jesús Ochoa ofrecía en febrero un par de artículos con algunas generalidades de climatología, justificando las tormentas veraniegas de la zona del Jiloca por la presencia de la laguna de Gallocanta. De hecho, Teruel era la quinta provincia española con mayor número de víctimas por causa de las tormentas, de ahí que diera una serie de recomendaciones prácticas para evitar sus peligros[3].

Con gallardía denunciaba Lucas A. Yuste los residuos contaminantes que emanaba la Azucarera de Santa Eulalia y que estaban acabando con la población de madrillas y de cangrejos de los Ojos de Monreal[4].

El mismo autor lamenta la roturación autorizada del monte de Monreal “hace aproximadamente quince lustros […] sacando hasta la última raíz de las carrascas sin importarles el porvenir”, que obligó más tarde a muchos a marchar a otros pueblos para aprovisionarse de leña”. Obteniendo, a cambio, un dudoso rendimiento cerealista al cultivar dichos montes. Afortunadamente a comienzos de 1954 se comenzó este monte alto a repoblarse con pinos, “La primera quincena del mes de abril de este mismo año (no puedo recordarlo sin emoción), se cobraron más de cuarenta mil pesetas, correspondientes a los jornales de la quincena mencionada”. Siguen los mozos del pueblo atendiendo la plantación pese a los siete kilómetros de distancia que deben recorrer en ida y vuelta. Merece la pena el esfuerzo, pues “Nuestro monte, por la magnífica labor del Gobierno, volverá de nuevo a poblarse; y será orgullo de nuestros hijos, como lo fue de nuestros antepasados”[5].

Conscientes en Olalla de la importancia de la repoblación forestal, sobre todo de la especie de chopos de la que se hicieron hace 25 ó 30 años una serie de plantaciones cuyos beneficios ahora se recogían, las autoridades y los vecinos llevar a cabo un “plan permanente de repoblación de choperas allí donde pueda plantarse aunque solo sea una unidad, por lo que cada año deberán plantarse como mínimo 500 unidades hasta agotar todas las disponibilidades de terreno apropiado para ello”. Por su parte el Patrimonio forestal del Estado ha repoblado sobre 200 Ha. de pinos para beneficio en jornales de los vecinos, y ello a pesar de las temperaturas extremas y las sequías padecidas. Perdida la de leguminosas, el resto de cosechas presentaba un excelente aspecto[6].

Interesante información sobre el estado del río Jiloca ofrece en la entrevista hecha al presidente de la Sociedad de Pesca de Calamocha, que estima que esta actividad bien organizada podría resolver el problema económico de muchas familias humildes. De la misma espigamos estos comentarios:

“En tiempo no muy remotos fue este río una de las fuentes de riqueza de esta zona. Que lo digan muchos vecinos de Calamocha y casi todos del vecino pueblo de El Poyo, cuando a pesar de ser pagado el cangrejo a un precio irrisorio sacaban de su venta sus buenas pesetillas. Todavía, como recuerdo de aquellos tiempos, queda la ‘Cangrejera’, donde se acudía a vender el pescado y de donde salía para Madrid, todos los sábados, grandes cestas de este producto […]

La trucha estaba también en toda abundancia que muy pocos no recordarán haberla cogido no solo en el río, sino incluso en las acequias de riego […]

Hoy ha llegado esta especia a un estado total de pobreza que no queda de su antigua fama más que el recuerdo. Ahora bien, debo aclarar que cuando todo se creía perdido y creíamos que el Jiloca dormía el sueño de los justos, nos traen un guarda forestal, don Vicente Millán, que desplegando una celosísima actividad, denunciando cortes de río, cogiendo algún pescador furtivo, ha hecho el milagro de un resurgimiento inesperado […]

Sí, tanto [resurgimiento], que no parece sino que el pasado año se echaran miles de alevines en el río Y sin embargo, no ha sido así. La causa de este incremento ha sido debida a que las aguas del río no bajan contaminadas, los cortes del río no son tan frecuentes y la vigilancia de los pescadores furtivos es más intensa […]

Después de la visita de inspección del Ingeniero jefe piscícola de Valencia, que hizo análisis de agua, tomó precauciones y amonestó algunas infracciones con respecto a algunos residuos que se vertían, hoy está preparado el río para ser lo que fue, para ser el mejor de la provincia para el deporte de la pesca […]

Muy buena [calidad de la trucha]. Existen dos especies, la común y la iris, esta última asalmonada y muy sabrosa. En este río la trucha, en el mismo tiempo, crece más que en otros.

¿Causas? La abundancia de comida para ellas y las buenas condiciones del agua, siempre limpia y cristalina […]

Este año hemos sacado unas cinco o seis mil truchas, algunas de ellas de gran tamaño […]

¿Y el cangrejo? No hay casi nada. Particularmente hemos echado algunos centenares de ellos y creo que se reproducirán. Sería necesario echar más.

¿Alguna otra especie abundante en nuestro río? El barbo, que es de dos clases. Una de gran tamaño, de dos y tres kilogramos, pero de carnes bastas. Existe otro barbo de tamaño más pequeño, pero casi tan sabroso como la trucha.

¿Qué medio consideras más idóneo para aumentar la riqueza piscícola? Un guarda dedicado exclusivamente a su vigilancia.

¿Por qué dices que el pescador furtivo hace tanto daño a la pesca? Porque emplea el procedimiento del trasmallo, una red muy tupida que apresa más bien a trucha pequeña que a la grande”[7].

Y nada menos que tres cuartos de kilo pesó una seta que en octubre encontró el vecino de Calamocha Pascual Domingo García.

 

1957

Ni las caballerías querían abrevar en el agua que trae el Jiloca por Calamocha cuando empezaba a moler la Azucarera de Santa Eulalia por la “espuma tan abundante que baja, y ese color plomizo, sucio que arrastra hasta partículas de pulpa de remolacha […], hay muchos días que no la quieren probar […] otro día en cierto rallo de una industria de esta villa, de esas que llamamos ‘palmeras’ muerta”. Por eso proponía que los aficionados a la pesca elevasen una protesta formal para comprobar la contaminación del río y, en tal caso, obliguen a la depuración de los vertidos de la Azucarera[8].

Hablan en junio en Olalla de las prospecciones que se vienen realizando en el término en busca de yacimientos de cobre. En Monreal mientras tanto el Servicio meteorológico de los Hermanos de La Salle confirma la primavera lluviosa y fría que se padecía en la comarca, con 150 l. de agua recogidos en el último mes y medio, y temperaturas mínimas de 1º. Resulta incomprensible que los informativos de Radio Nacional no tengan en cuenta estos datos extremos.

Para hacernos una idea de la cantidad de pesca que se cogía en Calamocha antes de poner la Azucarera de Santa Eulalia se cuenta la apuesta que en 1906 se planteó en el Centro Aragonés de Madrid en cuya Junta figuraba José Lucia Garcella. El debate estaba en la provincia aragonesa que producía mejores manjares para una comida. Lucia solicitó a sus primos Martín y Pedro Lucia Anechina todo lo necesario para más de un centenar de comensales. Veamos lo que nos cuentan estos calamochinos Retraticos de antaño:

“De aquí se mandó el pan, el jamón, las lechugas, 35 ó 40 k. de colas de cangrejos y otros 40 de truchas. Más otros 30 de cangrejos para los entremeses, escogidos entre los más gordos y que eran verdaderamente fenómenos dentro de su especie. Se adjuntaron instrucciones para el cocinero también sobre la forma que tenían de prepararlos. También se enviaron pollos para otro plato, así que resultó vencedor Calamocha, por lo tanto Teruel salió libre de la apuesta y Zaragoza y Huesca hubieron de cargar con todo el gasto”[9].

Solo las colas de los cangrejos valían varios miles de pesetas, teniendo en cuenta que “en la plaza de Madrid se cotizaba el cangrejo de Calamocha a diez céntimos por pieza”, y entran muchas en un kilo. En casa de Pedro Lucia tenían en la acequia seis cuévanos llenos de cangrejos del mismo tamaño todos. Todo lo cual demuestra el valor de la pesca del Jiloca antes de la construir la Azucarera de Santa Eulalia, que pensó ponerse en Calamocha pero no pudo ser al proyectarse a menos de cien metros del cauce. “Con la Azucarera se perdió una gran riqueza pesquera para Calamocha […] Conocí por lo menos a seis familias que se dedicaban a la pesca de truchas y cangrejos, y tenían una ‘cangrejera’ donde se depositaba todo el cangrejo gordo para enviarlo a Madrid. Otros, con la caña también se sacaban sus buenas pesetas”.

Después de reconocer que “Mucha es la tarea desarrollada por el Patrimonio forestal del Estado en cubrir los montes y tierras estériles a la agricultura replantándolas de jóvenes pinos, que en su día serán sin duda alguna lo que hoy son otros parajes que muy conocemos en la parte alta de nuestra provincia de Teruel”, el colaborador advierte que “queda mucho por hacer en este aspecto forestal del árbol sobre todo en las riberas del [río] Jiloca”[10].

Se felicitan en Olalla por el éxito de los trabajos de repoblación forestal iniciados en 1948 en consorcio con el Patrimonio forestal del Estado “no sin antes vencer y convencer innumerables inconvenientes propios del caso”, muchos de ellos de los opositores al proyecto. Se han conseguido más de doscientas nuevas hectáreas de pinar con un gran desarrollo a pesar de las sequías padecidas que obligaron a sucesivas reposiciones de plantones. Son ya un magnífico pinar que evita los arrastres erosivos del suelo y una inyección económica para las arcas municipales pues sus pastos han pasado de poder mantener 300 ovejas a unas 1.200, que suponen no menos de 10.000 p. anuales al municipio, sin contar los jornales que se han pagado por los trabajos de plantación. Un poco más atrasada va la repoblación realizada en los montes de Cutanda, Collados y Fonfría[11].

 

1958

En lo primeros días de enero el agua del Jiloca bajaba por Torrijo “turbia e insalubre […] como consecuencia de la campaña remolachera”. Buena cosecha y adelantada se presentaba en Villafranca aunque temían por los hielos tardíos.

No solo por los buenos precios que puede alcanzar la madera recomendaba un maestro en febrero a sus colegas lo que puede ser un Coto escolar forestal de previsión, sino, sobre todo, por la mejora que supone para el ambiente llenar de choperas las riberas de los ríos o los lindes de los caminos. Se trata también de romper la monotonía gris de nuestro paisaje con las manchas verdes de estos árboles que, no tan bien pagados como otros, al menos tienen un crecimiento rápido que permite rentabilizarlos antes para los niños que los plantan.

Además de traer agua para las fuentes del pueblo, en marzo consideraban en San Martín del Río que el principal problema del pueblo era el de los desbordamientos del cauce que anegaba las huertas y estropeaba los cultivos.

Recuerda Bene una cierta chopera por el camino a Torremocha ocupada durante la guerra por italianos que veían las hogueras que en Palomera encendían sus adversarios y recibían la visita de la chiquillada que acudía al reclamo de un plato de macarrones. Allí, “antes de la erupción de restos de la Azucarera y después del molino de la Virgen, se pescaban cangrejos con tresmallo guardando la vuelta nada fácil a la tenaz vigilancia de la Guardia Civil. Junto a la chopera había topos y ratas de las que descarnaban y asaban después en las juergas bulliciosas de la que fue cantina de La Rosa”. Estaba junto al Hoyo Grande. Hoy han desparecido los chopos dejando en su lugar prosaicos campos de remolacha[12].

En la Delegación comarcal de sindicatos se reunieron el 3 de agosto los aficionados a pesca “con la correspondiente autorización gubernativa” y la concurrencia de pescadores de Daroca y Báguena, para constituir una Sociedad de pesca que encauce la afición a este deporte. “Se hizo un somero estudio de lo que hay que hacer para proteger esta riqueza contra la contaminación de las aguas y contra los pescadores furtivo, dos lacras que hay que extirpar definitivamente”. Se nombró también una comisión para elaborar los estatutos.

La colonia veraniega de Torrecilla del Rebollar formada por unas 30 personas destacaba en agosto el valor de sus pinares, la pradera del río Carramonte y el azud del Molino, donde proponían la construcción de un moderno hotel.

Sorprendente aterrizaje de una cigüeña en la torre del campanario de Monreal tuvo lugar el 22 de agosto, a la mañana siguiente emprendió vuelo hacia su destino para desilusión de los niños. Dificulta el riego de las calles la escasa limpieza de los ríos y el bajo nivel de agua del Nuevo.

En extenso pinar que se extiende desde Olalla hasta Segura de Baños en los últimos años se había multiplicado la población de jabalíes, calculando la existencia de una treintena de parejas cuando antes con dificultad se veía más de una. Con el objeto de dar una batida se convocaron en Villanueva del Rebollar los cazadores de la zona, llegando principalmente de Montalbán, Utrillas, Vivel del Río y Fuenferrada. Después de oír misa a las 7 de la mañana se organizó la batida, los escopeteros ocuparon sus puestos mientras los “rujadores” lanzaban gritos estridentes para levantar las piezas. Por fin sobre las 10 de la mañana se presentó una pequeña manada, consiguiendo derribar al macho de un certero disparo que hizo Marcos Conde Álvarez, veterinario de Vivel[13].

 

1959

Debía ser abundante la presencia de jabalíes en los pinares de Segura de Baños, Torrecilla del Rebollar y Salcedillo, pues el Gobernador de Teruel autorizó una batida el 3 de enero que contó con la presencia del presidente de la Diputación provincial (Francisco Fuertes Martín) y del ingeniero jefe del Patrimonio Forestal (Fernando Jaime). Más de 60 cazadores llegaron de los pueblos del contorno que apenas pudieron ver entre la espesura media docena de piezas, cobrando una sola de 70 k., merced a los disparos del secretario de Vivel del Río Maximiliano Ramón Sánchez Gómez. La jornada transcurrió en medio de una gran camaradería cinegética.

Excelente narración de una jornada cinegética en Calamocha con la Sociedad de cazadores. Merece la pena “tragarte un cerro a pecho después de estar todo el día con las perdices delante” solo por “ver a una galga dar el ‘ballestazo’” a un conejo. La mañana pasa pronto entre abundante tiroteo, la mayor de las veces salvas, pues para eso cuenta la cuadrilla con algún almacenista de cartuchos”. Se anda por el Caballón, Tajadal, Mujer muerta, cerro de los Conejos y de Santa Bárbara hasta la Casilla. Allí espera un buen plato de judías con chorizo, oreja y unas cabezas de ajo, todo guisado a fuego lento, mientras corre de mano en mano la “mariana” o bota de vino que se acompaña de unos tronchos de longaniza. Durante la comida se comentan los lances de la mañana, “unos ponen ‘gorros’, otros por no matar el perro dicen que se les fue la liebre, aquella liebre que le había desatado las botas, otros reniegan de la tardanza en salir el coche, lo mal llevada que ha sido la mano y la imprudencia de añadir agua caliente a las judías hirviendo […] Crédulos, incrédulos, bromas, pullas, más pullas, bromas, café, más café … recuelo, coñac, poco coñac, jotas y desde luego esa de … Y la tarde ya pardea, jotas a dúo, coro, alegría, franca armonía y no precisamente armonía alcohólica, armonía de buen humor, de pulmones limpios, de cura de aire, de librarse por unos días de la rutina semanal […] aunque la mixomatosis haya mermado los gazapos y ‘guripas’ […]

La tarde termina rompiendo pellizas de pelo fino en el cuello y pantalones de pana roya, de nuevo los galgos se lanzan a la caza y conquista de las cumbres de los cerros. Por edad se ordena la mano y por edad se reparte el esfuerzo. Los conejos retozan alegremente a 200 m. de las escopetas (hay que dejar para el domingo próximo), pues más que mano parece una cuadrilla de ‘rugiadores’.

Así se llega a la Paridera donde recoger la liebre, conejo, perdiz o ‘piedra’, con la misma elegancia, con el mismo interés”[14].

Desde la Federación Española de Pesca comunicaban el 3 de marzo la aprobación de los Estatutos de la nueva Sociedad de pescadores del Jiloca, cuya comisión gestora formaban Jesús Lacruz Polo (presidente), Francisco Rubio Lorenzo (vicepresidente), Secundino Gracia Lázaro (secretario), Carlos Catalán Menadas (tesorero) y los vocales Miguel Moreno Lacruz (Daroca), Mariano Giménez y Ángel Lario. Los puntos programáticos estaban muy claros:

“Trabajar denodadamente, con infatigable empeño, en la defensa de la riqueza acuícola del río Jiloca, tan castigada esencialmente por la contaminación de sus aguas con sustancias nocivas y residuales de la fábrica Azucarera de Santa Eulalia del Campo, que ha convertido en su mínima expresión la codiciada fauna del mismo, hasta el punto de exterminar el cangrejo que en tiempos era su principal riqueza.

Luchar, pues, hasta conseguir que las aguas que esta fábrica emplea vuelvan purificadas a su cauce, es lo fundamental, para dedicarse después este grupo de hombres, como todo deportista, sanos y valientes, a la repoblación de la especie para incrementar su riqueza de gran importancia en el factor económico de la comarca.

Se fijan con especial atención en la repoblación de la trucha y el cangrejo […]”[15] En la primera sesión de la nueva Sociedad el 26 de marzo se acordó fijar una cuota de entrada de 250 p. y 7 p. de cuota mensual. Con este dinero se pagaría a un guarda jurado para la vigilancia del río.

Llega el mes de abril y los cazadores de Calamocha aguardan impacientes la llegada de la caza de la codorniz en agosto. Mientras tanto cualquier excusa es buena para pasar una mañana de campo “arreglando aquella madriguera y poniendo unas piedras en unas bocas procurando estrechar la entrada para proteger a sus inquilinos de las alimañas. Una liebre dio ballestazo a dos pasos de nosotros”. Para despedir a un cazador que marcha de la villa, Agustín Martín Menadas, se reúnen a comer en su hotel montañero de la Casilla con un selecto menú: “Ensalada imperial y lechón a la brasa. Fruta del tiempo, Cafés. Licores. Cigarro”[16].

Contra la mala costumbre de la caza con reclamo en tiempo de veda se escribía en junio denunciando un hecho bastante extendido entre algunos desalmados.

Notas

[1] XXX (1957): Desde Olalla. Minas de cobre en nuestra provincia. Lucha, 14 de agosto, 2

[2] ANÓNIMO (1956): Campo de Bello. La repoblación forestal de la laguna de Gallocanta. Jiloca, 3, 30 enero, 1-2

[3] OCHOA, Jesús (1956): La provincia de Teruel entre las que más víctimas causan las tormentas. Jiloca, 4, 13 febrero, 1-2

[4] YUSTE MORENO, Lucas A. (1956): Desde Monreal. A río revuelto … Jiloca, 4, 13 febrero, 1-2

[5] YUSTE MORENO, Lucas A. (1956): Desde Monreal. Riqueza forestal. Jiloca, 10, 19 marzo, 1-2

[6] XXX (1956): Desde Olalla. Repoblación forestal. Jiloca, 15, 23 abril, 1-2

[7] ANÓNIMO (1956): Al habla con Secundino Gracia, presidente de la Sociedad de Pesca de Calamocha. Jiloca, 39, 8 octubre, 1

[8] LACRUZ, Miguel (1957): ¿Qué sucede con las aguas del Jiloca? Hacia la creación de una sociedad de pesca. Jiloca, 53, 14 enero, 2

[9] LUCIA ANECHINA, Martín (1957): Retraticos de antaño. Jiloca, 85, 3 septiembre, 2

[10] MARCO [SANCHO], Pablo (1957): Necesidad del árbol en las riberas del Jiloca. Jiloca, 91, 15 octubre, 2

[11] XXX (1956): Desde Olalla. Repoblación forestal. Jiloca, 15, 23 abril, 2

[12] BENE (1958): Desde Santa Eulalia. La chopera de los italianos. Jiloca, 112, 11 marzo, 1-2

[13] MORAGRIEGA MARTÍN, Amable (1958): Temas cinegéticos. Jiloca, 150, 2 diciembre, 1

[14] TONNO (1959): Un día en la Casilla. Jiloca, 159, 3 febrero, 1-2

[15] LA DIRECCIÓN (1959): La Sociedad de pescadores del Jiloca ya tiene aprobados sus estatutos. Jiloca, 165, 17 marzo, 1

[16] TONNO (1959): La Casilla y sus monteros. En la época de veda, hotel de montaña. Jiloca, 169, 14 abril, 1


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