Semanario Jiloca. Sanidad y urbanismo

La visión del Jiloca a través de sus moradores. El semanario Jiloca publicado en el diario Lucha de Teruel (1956-1959) / José María de Jaime Lorén

Sanidad y urbanismo

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1956

El necesario establecimiento en Calamocha de un sistema de alcantarillado y de conducción de agua a todos los hogares se reclama ya desde el primer número de “Jiloca”. Razones de higiene y de salud pública lo justificaban, de ahí que las autoridades municipales se esfuercen por mostrar las gestiones que venían realizando en la Confederación Hidrográfica del Ebro junto con Navarrete del Río para hacerlo de forma mancomunada con esta localidad[1].

Desde un pueblo de la comarca que no se cita, se queja el corresponsal de la suciedad de sus calles, donde inocentes niños juegan “entre montones de estiércol y excrementos de animales diseminados por toda la plaza. Gallinas, cerdos, perros y caballos que trotan sin el debido control de sus dueños”[2].

Ironiza el corresponsal de Báguena que teniendo la localidad agua por todas partes que lo circundan con manantiales como Los Melgares, La Manresa, Escadera, etc., falten dentro del pueblo fuentes públicas, lavaderos y abrevaderos[3].

Tratando por entonces de la belleza de la Plaza España de Calamocha, se echaba de menos “la instalación en ella de algunos jardines, porque es la más recoleta. Porque en ella el tráfico rodado es casi nulo”. En el mismo número solicitaban desde Fuentes Claras mejorar los accesos a la carretera desde el centro urbano, “malísimo para el tránsito de los vehículos de motor: baches y polvo y, en tiempo de lluvias, barro. Si el vehículo es un coche, es un gusto ver a los viajeros dar saltitos en su interior hasta dar con el cogote en el techo; si es moto, amén de los saltos, el polvo te pone hecho una calamidad”. Por lo que demandan uno nuevo en línea recta con “una doble hilera de árboles a cada lado de la carretera. De chopos esbeltos que en su erección semejaran una verde y grata guardia de honor, tributada al visitante”[4].

Con 51 años y medio como alcalde de Torrijo del Campo, Nemesio Gastón tiene claro que la necesidad más acuciante del pueblo es la traída de aguas, “El agua que ahora bebemos la podemos calificar sin exagerar de infecta y asquerosa”, procede “De pozos y del río. Pero la del río durante unos meses, sobre todo en la época del invierno, es casi imposible beberla. Sucia que no puede ser ya más, y alguna vez algún animal muerto, perros y gallinas sobre todo, flotando en ella”. Sin contar “los residuos que arroja la fábrica azucarera de Santa Eulalia”, que posiblemente incumplan leyes de salubridad y afectan a la Ley de Pesca pues “hasta los peces han muerto”. De hecho hay un proyecto con la Diputación Provincial para traer agua de los Ojos de Monreal por lo menos para tener un par de fuentes de agua limpia. Por lo demás Torrijo cuenta con 1.200 habitantes que se dedican sobre todo a la agricultura, con mucho más secano (trigo y azafrán sobre todo) que regadío[5].

Las aceras, los baches y los charcos y barros del invierno en la calle Real de Calamocha, sobre todo desde las Cuatro Esquinas hasta los talleres de León y la Avenida de la Estación Nueva, son motivo de guasona crítica en varias ocasiones.

Con la llegada de la primavera arreciaban las picaduras del mosquito anofeles y las fiebres tifoideas ocasionadas en Calamocha por el uso del agua de los pozos como bebida. El médico sostenía que esta última dolencia era más frecuente entre los forasteros dada la inmunidad que habían llegado a desarrollar los nativos, siendo más peligrosas las aguas de la parte baja del pueblo por las filtraciones de corrales y cuadras. De ahí la importancia de la traída de las aguas y de la construcción del nuevo lavadero de la Fuente del Bosque[6]. De hecho, a mediados de junio se daba la noticia del inicio de las obras del nuevo lavadero cubierto que se construía en la fuente del Bosque aprovechando precisamente sus aguas.

Por entonces también se quejaba un anónimo redactor del polvo de las calles. Si las lluvias traían el barro, la sequía el polvo que dificultaba la respiración y era portador de gérmenes que transmitían enfermedades. Solicitaba por ello al Ayuntamiento el riego de las vías públicas. Mientras tanto redoblan los esfuerzos para conseguir agua examinando las de la fuente del Villar.

Mientras en julio siguen con la traída de aguas, llegan a Calamocha los veraneantes y el médico Emilio Lorente Aldana.

Sobre los beneficios del veraneo en zonas de montaña se extiende un artículo de José de Jaime publicado en julio, encomiando los beneficios de los rayos solares tomados con moderación por su aportación de vitamina D, el incremento en glóbulos rojos de la sangre que, en la edad escolar, estimula la vigorización.

Con motivo de las fiestas patronales se entrevista de nuevo al alcalde de Calamocha Tomás Yago Gonzalvo quien insiste que los proyectos más importantes pasan por “el abastecimiento de agua potable, alcantarillado y arreglo definitivo de calles”. En este sentido se han hecho 15 análisis de las aguas de diferentes fuentes del contorno que han dado resultados negativos, excepto la de “Juan el Herrero” en El Poyo. También se trabajaba en los lavaderos rechazando las críticas hechas respecto a la orientación del construido en la fuente de El Bosque según proyecto del arquitecto D. César.

Teniendo el agua de los Ojos tan cerca, con razón se quejaban en Monreal del Campo de ver agua de acequia o traída de una fuente situada al extremo de la villa. Por eso los sucesivos consistorios venía trabajando sobre este problema que parecía ya de solución inminente. Efectivamente, el pasado invierno se hizo ya un proyecto general tomando el agua de los Ojos para llevarla en tubería hasta el Molino Alto donde va la “caseta de elevación”, con una motobomba se eleva unos diez metros a la partida de las Coronas donde se ubicarán los depósitos para el abastecimiento. En una primera fase que debía comenzar ese mismo año iban a limitarse a captar el agua, elevarla, construir los depósitos y distribuirla en unas siete fuentes repartidas por la población. El costo estimado era de 750.000 p. con ayudas del Gobierno en concepto de Ayudas al paro obrero, Diputación Provincial y Hermandad de Labradores de la villa[7].

La belleza del paseo en el entorno de la fuente del Bosque de Calamocha y las posibilidades que ofrecía como glorieta, no pasaron desapercibidas como un lugar excelente de recreo ya a mitad del mes de septiembre.

Llega el otoño a Calamocha y con él las lluvias y con las lluvias los barros, “en una palabra, suciedad”, especialmente en la calle Mayor por donde muchos niños pasan para ir a la escuela de las Monjas. “Calamocha de los barros” la llamó alguien y sobre esta cuestión lloverán esta temporada los comentarios, “a no ser que el Ayuntamiento en un acto heroico y decisivo se decidiera a pavimentar las calles y plazas”.

En compensación a finales de octubre se reconoce al Ayuntamiento de Calamocha la labor realizada en el lavadero de la fuente del Bosque con “agua limpia, sana y abundante” y no “la porquería de los antiguos aguateles”.

Para confirmar los rumores sobre los importantes proyectos del Ayuntamiento de Calamocha se entrevistaba al alcalde Tomás Yago, quien confirmaba que se trabajaba para la traída de aguas y consiguiente alcantarillado, construcción de un grupo de viviendas y urbanización de calles.

Tras recordar la pésima calidad del agua de los pozos que a causa de las filtraciones era peligrosa para la salud, se analizó la procedente de las fuentes de los Badarrones, Cirujeda, Chopera, Rincón, del Río, Gorrumba, del Monte, de la Carretera de Tornos, del Villar de Castejón de Tornos, así como la de numerosos pozos particulares. Todas con resultados negativos desde el punto de vista químico o bacteriológico, excepto la de Juan el Herrero de El Poyo.

En cuanto a viviendas la Obra Sindical del Hogar iba a construir 25 a la que se sumaban otras 105 promovidas por particulares a través del Instituto Nacional de la Vivienda. Se pretendía abrir dos calles, una desde la iglesia a las escuelas y la Balsilla. La pavimentación tendría que esperar al establecimiento del alcantarillado[8].

Licenciado en 1922 y doctorado poco después, Joaquín Moneva es entrevistado como médico titular de Calamocha. Habla de las dificultades del ejercicio rural de la medicina por la falta de medios para los diagnósticos, la ignorancia del enfermo para orientar al médico sobre todo en el caso de las madres de los niños, su bajo poder adquisitivo que dificulta la adquisición de medicinas. Denuncia también que, junto a ese curandero “oficial” que establecido clandestinamente despacha consultas médicas, existe el de “comadreo” entre parientes y amigos del enfermo cada uno con sus correspondientes “remedios”. Considera los peores enfermos aquellos “que quiere saberlo todo” o los que se muestran desconfiados.

En cuanto a patologías destacaban las fiebres tifoideas producidas por gérmenes de los géneros Salmonella y Brucella. Especialmente abundantes las primeras por la contaminación de las aguas de los pozos a causa de las filtraciones de gérmenes procedentes de los establos y cuadras próximos. Entiende finalmente que Calamocha debía tener un Centro rural secundario de sanidad con especialistas y un puesto de socorro para accidentes[9].

Antiguo Caballero legionario que alcanzó el grado de comandante, Valentín de Benito era entrevistado como veterinario titular de Calamocha. Considerado “el más eficaz colaborador del ganadero en cuanto a la progresión de la ganadería”, el veterinario suele ser generalmente estimado en los pueblos, pero se le teme cuando debe aplicar la Ley de epizootias y perjudica los intereses de los vecinos. Todo “Porque se acantona el ganado y se suprimen sus actividades. Ya no puede entonces ir a pastorear cómo y dónde le plazca”, ni recibe una indemnización decorosa cuando debe sacrificar un animal por enfermedad infecto-contagiosa, ni tampoco se le procurar medios profilácticos y curativos cuando aparecen focos de la enfermedad.

En cuanto a los principales problemas sitúa la necesidad de mentalizar al ganadero de la importancia de la alimentación del ganado, las roturaciones del monte han reducido los pastos y hay que seguir un sistema mixto de pastoreo y de estabulación con dietas compensadas bajo la orientación del veterinario. La lucha contra las epizootias infecto-contagiosas tan graves hasta hacía unos pocos años pero que se había reducido drásticamente al imponer la vacunación obligatoria, con éxitos como el conseguido con la llamada lengua azul. Por último, evitar las zoonosis o enfermedades transmisibles al hombre. Profesionalmente estaba el grave problema del exceso de licenciados que no podía absorber el mundo rural con unas cinco mil plazas[10].

Mientras en las ciudades se organiza con camiones o en los pueblos mediante un sencillo carro tirado por un mulo mientras el basurero toca su corneta para que los vecinos acudan allí a verter sus cubos de residuos, en Calamocha no es raro contemplar cómo, con nocturnidad se vierte la basura a improvisados vertederos de escorias y escombros. Para evitar malos olores o posibles enfermedades, se reclamaba del Ayuntamiento una adecuada organización para la retirada de basuras[11].

Por acuerdo del pleno municipal de diciembre se aprueba la propuesta de la Diputación provincial que concede un anticipo reintegrable de cien mil pesetas para la obra del lavadero de la fuente del Bosque y otros servicios, de las que 20.000 son a fondo perdido. Interesar a la empresa Hijo de W. Daudén para que valle el castillete de alta tensión que hay junto al convento de las monjas, estimar la solicitud de los vecinos del barrio del Bao para instalar una lámpara de alumbrado en la pared del Cuartel Viejo y otra en el nuevo lavadero.

Pocos días después una descarga eléctrica provocada por el transformador antes citado, estuvo a punto de costar la vida de un vecino.

Con 400 habitantes y perteneciente al partido judicial de Montalbán, el pueblo de Godos tenía como alcalde a Miguel Fraj Aguar que en los últimos diez años había instalado en la torre de la iglesia un reloj (25.000 p.) y una Cruz de los Caídos, reparado la Casa Consistorial, construido nueve abrevaderos en el término y un Calvario con esbeltos peirones. Entre los proyectos pendientes quedaba todavía la pavimentación de las calles y el alcantarillado[12].

Ante el grave problema que padece Calamocha por la falta de viviendas que obliga a familias a vivir en en condiciones antihigiénicas, el Ayuntamiento planteaba un Plan general de urbanización “que atravesando ‘Las Huertas’ pondrá en comunicación, en línea recta, el flamante Grupo escolar con la plaza de España”. En un extremo de la calle se levantarán 90 viviendas de “renta limitada” y un grupo de 25 la Delegación de provincial de Sindicatos[13].

El urbanismo en Calamocha ha sido tradicionalmente una asignatura pendiente. Así, en mayo estuvo a punto de ocurrir un grave accidente en la plaza del Peirón entre una mula y una moto. Por encima de responsabilidades concretas, no había duda que el surtidor de gasolina dificultaba el excesivo tráfico de la zona.

Importante queja contra los industriales lecheros calamochinos por la adulteración de “este alimento que, sin exagerar, expenden al público con un 50 por ciento de agua, además de echarle, parece ser, unos polvos o sustancias nocivas que pueden resultar perjudiciales para la salud”. Asimismo, denuncia la inacción municipal pues por lo visto “no practicaba la inspección y vigilancia sanitaria de alimentos y bebidas que afecta a su competencia”. Si el precio actual de la leche de 3’50 p./l. no era suficiente, podían subirlo a las 5 p., pero a condición de no “bautizarla”[14].

 

1957

Dos soluciones aportaba un calamochino para resolver el problema de la recogida de basuras y evitar su amontonamiento en la confluencia de la plaza de España con la Balsa, en el Cañarejo o en el lavador del Aguatel donde al caer a la acequia la obstruyen e impiden el paso del agua. Una es que el Ayuntamiento establezca un sistema de recogida municipal que puede sufragarse con la venta del estiércol que produce la basura. Otra más cómoda es que ofrezca la recogida a un grupo de agricultores para que la aprovechen como abono[15].

Siguiendo con las entrevistas a los sanitarios calamochinos, le llega por fin el turno al practicante Manuel Ferreira Layunta. El oficio le venía de tradición familiar pues ya su abuelo, de nacionalidad portuguesa, murió en 1885 como titular de la villa, en la que su padre ejerció también la barbería y la practicantía de forma libre pues la remuneración de los titulares era insignificante.

Él por su parte empezó como barbero y en el Ejército se hizo practicante. Empezó a trabajar en Calamocha 1919 libremente y desde 1926 como titular hasta el presente. Considera su profesión insustituible y necesaria y la ejerce con gusto, incluso las llamadas nocturnas para atender a los pacientes que requieren sus servicios. Sobre la consolidación profesional indica que por entonces trabajaban 8 ó 9 practicantes más que 20 años atrás. El servicio sanitario ha mejorado con los nuevos medios de locomoción, sulfamidas y antibióticos, sin contar que los practicantes que hoy salen de la Facultad están mucho mejor preparados que los de su época[16].

Entre los asuntos tratados en los últimos plenos municipales de Calamocha figuraba una vez más el proyecto de abastecimiento de aguas y red de alcantarillado, la urbanización de la calle “Las Huertas” designando un arquitecto para construir en la misma viviendas de renta limitada según el plan urbanístico de José Luis de la Figuera, ofrecer a la Jefatura provincial de Sanidad un solar para centro primario de Higiene rural y casa para el médico y descartar el pago del alquiler de los locales destinados a agencia del Instituto Nacional de Previsión, Centro maternal e instalaciones del Seguro de enfermedad por resultar muy gravosos al municipio[17].

En febrero el alcalde (Juan José Simón) y el secretario del Ayuntamiento de Torrecilla visitaron al Gobernador civil a finales de febrero para exponerle los problemas del municipio, especialmente el del abastecimiento de agua.

La tormenta de viento y lluvia del domingo 17 de febrero arrancó de cuajo la “olma” de Calamocha que desde hacía más de cien años protegía con su sombre a los vecinos que se acercaban hasta ella a las puertas de la iglesia.

A finales de febrero, desde la Hermandad sindical se recordaba la obligatoriedad de vacunar al ganado lanar contra la fiebre catarral o lengua azul.

Entre bromas y veras unas “Monrealerías” denunciaban las malas costumbres higiénicas de algunos vecinos que arrojaban aguas sucias a la calle pese a la prohibición expresa del Ayuntamiento, los malos olores que salían de algunos corrales, los carros aparcados en las calles permanentemente y, sobre todo, arrojar basuras y fiemo a las calles. Por eso instaba al consistorio a castigar estos desmanes.

Con motivo de la festividad de San Juan de Dios y como tenían por costumbre desde hacía años, se reunían este año en Calamocha los practicantes de la comarca. Fueron los asistentes: José Montoro (Báguena), Esmerando Martín (Navarrete), Hermógenes Solsona (San Martín), Manuel Ferreira Layunta (Calamocha y delegado del distrito), Cipriano Hernández (Calamocha), Ovidio Herrero (Monreal), Antonio Franco (Torrijo), Ismael Soguero (Ferreruela), Juan Muñoz (Tornos), Luis Molina (Bañón), Mariano Polo (Olalla), Francisco Quílez (Torrecilla), Guillermo Sanz (Singra), Manuel Bernal (Burbáguena) y Manuel Lozano (Fuentes Claras). Hubo misa y comida de hermandad en la fonda Lacruz.

Consideran prácticamente superado el curanderismo pues solo existía el de San Martín, así como los beneficios del Seguro de enfermedad. Reconocen la modestia de sus sueldos que debían complementar con igualas entre los vecinos[18].

Luto en Torrijo del Campo por la muerte en marzo del farmacéutico Elías Palacios Aranda, que dejaba a su esposa Eloísa Latasa Mateo con cuatro hijos pequeños.

Nuevas “Monrealerías” insisten a finales de marzo en la suciedad de las calles por el fiemo y las basuras que se dejan, pero sobre todo se quejan del mal estado de los lavaderos que deberían hacerse nuevos. En la siguiente entrega reconocerán los críticos que el lavadero ya se había arreglado con anterioridad, aunque se reafirman en la necesidad de mejorar la limpieza general del pueblo o la conveniencia de modernizar las acequias. Al fin y al cabo “me paice que a tol pueblo nus interesa vivir mejor. ¿Qués mentira que hay ciemo, carros, basuras, animales muertos, etc. por las calles? Nusotros lo vemos y lo comentamos. Si hay algún habitante de Monrial que le pica, por algo será?”

Cuando a primeros de abril Germán Reguillo se dirige a los labradores de la comarca recabando su ayuda para la modernización del agro, no tiene inconveniente en admitir que los pueblos donde habitan “son sucios y llenos de cenagosos barros en las calles, careciendo en gran parte de esas mínimas condiciones culturales e higiénicas que si bien en otras épocas equivalían a comodidades, hoy son consustanciales con nuestro tiempo”.

Para hacernos una idea de las dificultades que algunos pueblos de la comarca tenían para el abastecimiento imprescindible de agua, ahí está el caso de Pozuel del Campo. Con una única fuente dentro del casco urbano, de poco caudal sobre todo en el verano, creaba un grave problema para satisfacer “las necesidades del vecindario, que se ve precisado a largas esperas para suministrarse del líquido elemento, formando cola en torno a la fuente, espectáculo muy deplorable por cierto y, lo que es peor, escasez de agua potable que muchas veces será motivo de enfermedades y epidemias”. En 1940 iniciaron los trámites con la Confederación hidrográfica del Ebro sin éxito, por eso acudieron luego a la Diputación provincial en 1956. En octubre del mismo año aprobó el Ayuntamiento el proyecto redactado por el ingeniero de Obras públicas Alberto Blasco Vilatela para una fuente con agua potable abundante con un presupuesto de 295.570’14 p., de las cuales 200.000 p. adelantaba la Diputación (20.000 a fondo perdido), haciéndose cargo del resto el municipio. Sin embargo, el alza de los precios obligó a incrementar el presupuesto un 25 % más. En cualquier caso, la subasta de las obras se iba a ejecutar en breve[19].

Ingente cantidad de personas acudió el 14 de abril al entierro del practicante de Alba del Campo José Luis Saz Plumed, muchos de ellos llegados desde Monreal de donde era natural.

En estos bellos términos expresaba el practicante de El Poyo la labor de sus colegas del mundo rural: “llega el médico seguido de su ciencia, saber, aplomo, sencillez y con el fe y esperanza para el enfermo. Luego aparece el practicante diligente, cariñoso, servicial, con esa sonrisa que pronto degenera en amistosa conversación salpicada con sus peticiones de alcohol, agua, algodón, seguido de aquel pinchazo casi imperceptible, un gesto afectuoso y palabras escogidas que mitigan dolores, ahuyentan negros pensamientos del cerebro de los enfermos y curan enfermedades”[20].

Con razón se queja un monrealero de la presencia en las calles y en las aguas del río de animales muertos (gallinas, gatos o cerdos), lo que no solo supone un atentado contra la estética sino también contra la propia salud del que tira los cadáveres y conta la de los ciudadanos. Otro lo hace en mayo de los barros de las calles, de los baches de las aceras y de la mala iluminación pública.

Se habla en Monreal del Campo del inminente comienzo de las obras para traer agua a las fuentes del pueblo y se preguntan si la toma se hará dentro de los Ojos o donde estos vierten al río. La cuestión es importante pues cuando “suelta el grifo la Azucarera y se encharcan los Ojos con el ‘caldo sobrante’ cargado de ácidos que no hay ser humano capaz de tragar semejante aleación”. Todo porque a la compuerta y la acequia que hay en el río un poco más arriba le falta un muro de cemento suficientemente alto en el lado de los Ojos, y a la acequia se le buscara otro desagüe. Bastaría entonces con levantar la compuerta cuando el río baja más contaminado y ya no entraría agua sucia en el manantial. El depósito de agua que se va a instalar será de grandes dimensiones con nueve mil kilos de hierro, para que el agua salga bien clarificada[21].

Numerosas son las críticas que llegaban a mediados de junio sobre el mal estado de las calles y caminos de Monreal del Campo. Consciente que “Se puede además hablar claro porque como eso no es del Ayuntamiento, no es fácil que se molesten contra uno”. Se trata del camino de la Estación que al parecer es responsabilidad de la Diputación provincial:

“[…] un kilómetro de embalses, de pantanos y lagunas, capaces de contener todo el agua del mayo último que no fue poca gracias a Dios.

Ni aun la calle Mayor, que es una calle descuidadísima, ni la calle Zaragoza que es otra calle desarregladísima, están peor que este antiguo camino de la Estación […] Ahora, si no hay barro (pero a toneladas), ni balsas extensas con pececitos y todo habrá cuando llegue el verano simas profundas y pozos abundantes capaces de deshacer las ballestas del más antiguo de los coches, o el eje de los carros, y polvo en cantidades cósmicas”[22].

Arrecian las críticas en Monreal no tanto contra “el señor ese, que tiene las máquinas en otro lugar del río. De quien sea, nos manda el fluido [eléctrico] a empujones”, como contra el municipio por el pésimo estado de la calle Mayor llena de charcos y de barro tras la lluvia, con los carros aparcados junto a las casas … y sin una luz, “doscientos metros sin una bombilla, la calle entera sin una luz […] Y si esto sucede en lo más céntrico de nuestro pueblo que ya es importante, ¿qué sucederá en los barrios? Pues nada más; serán igual de oscuros, pero más no. Es imposible. No hay más oscuridad que la oscuridad absoluta”[23].

En el mismo número citan los montones de grava que el Ayuntamiento ha dejado ya en la citada calle Mayor de Monreal, seguramente para parchear los baches producidos por los temporales y los vehículos a motor o los carros, cuando lo ideal sería pavimentarla con adoquines. Sin pelos en la lengua añade el cronista: “pues claro que hay un delegado del Ayuntamiento encargado de la situación y estado de las calles del pueblo, lo que pasa es que es como si no lo hubiera. Las cunetas están sucias, no se preocupa de la sanidad necesaria, deja que se arroje toda clase de inmundicias, etc.”[24]

La subasta para la llevada de las aguas a Pozuel del Campo fue adjudicada en julio al constructor Vidal Guitarte Ariño por 399.019’50 p.

Era costumbre en Torrelosnegros que desde las 12 de la noche del 28 de junio hasta las 6 de la mañana del día siguiente festividad de San Pedro, tomar las famosas aguas del P. Selleras. Para ello, “una procesión de gente que recorre los treinta minutos de penoso camino con la sola ilusión de experimentar los efectos de las curativas aguas”[25].

Con fondos del Ayuntamiento que ascendían a 300.000 p. se construyeron en Ojos Negros un Centro de Higiene rural y la casa del médico, inaugurados con motivo del 18 de julio. Quedando pendiente como proyecto ampliar el caudal de agua potable con nuevos alumbramientos, adquisición de un aparato de rayos X ya adjudicado por valor de 87.500 p. y la construcción de un campo de deportes.

Están a punto de llegar las fiestas y se critican “los viejos y cochambrosos surtidores de carburantes instalados en la plaza del Peirón de Calamocha, constantemente rodeados de más de veinte mugrientos bidones que le dan un aspecto que no cabe ser más deprimente”, restando “vistosidad y espiritual elegancia […] al sencillo y esbelto peirón […] el Ayuntamiento debía procurar hacer desaparecer esos destartalados y antiestéticos bidones y plantar en su lugar, alrededor del peirón policromados jardines”[26].

Reunidas las muchachas en la fuente del Pradillo, comentan que está tan sucia que “no corre el agua, no se sabe si coges del chorro o de la poza”. Peor está la del Caño para las caballerías al estar tapado el caño de salida de la pila, que total se limpia sacando cuatro paladas de menudencias. Pero para eso están los alguaciles o la vigilancia municipal que “cobran un sueldo que debían justificar”[27].

Después de 20 años de ejercicio libre de la profesión en Calamocha y cuatro de ausencia de la villa, en enero de 1956 Joaquín Moneva Sánchez era nombra médico titular de la villa, donde ejercía acompañado del Dr. Lorente Aldana y de los auxiliares sanitarios. En la entrevista que le hacen destaca como necesidad más acuciante la traída de aguas puras y la evacuación de las negras y residuales pues son causa de “frecuentes afecciones intestinales de tipo tífico y paratífico con brotes epidémicos, actualmente corregidos debido a las medidas profilácticas que con todo celo se extreman practicando las vacunaciones con carácter obligatorio y por la eficacia del tratamiento a base de antibióticos. Con decirles que este año se realizaron más 2.300 vacunaciones y merced a esto se ha conseguido que desaparezcan los casos de mortalidad”. El principal reservorio de los gérmenes son los pozos de las viviendas cuyas aguas se beben, que están al lado de fosas sépticas o corrales donde se vierten los excrementos y residuos, así como las mismas acequias que pasan por la villa donde también se echan aguas sucias y desaguan retretes, agua con la que se lavan ropas y utensilios de cocina.

Se muestra un poco crítico con la ubicación del nuevo lavadero de la Fuente del Bosque que apenas se usa por su alejamiento y orientación expuesto al viento frío del norte sobre todo en invierno. Tampoco le parece apropiado el proyecto de construcción de nuevas viviendas en la zona de huerta junto al río por las humedades. En eso opina igual que su antecesor el Dr. Caja Alegret. Y eso que el problema de la vivienda era una realidad, pues muchas de las habitadas no reunían las mínimas condiciones de higiene por el hacinamiento de personas y animales.

Por último es firme partidario de establecer en Calamocha un Centro secundario de higiene, intermedio entre los Institutos provinciales y los primarios o locales, donde pudiera haber especialistas sobre todo de higiene maternal e infantil y epidemiólogos. El Ayuntamiento había ofrecido ya los terrenos para un centro primario, pero la decisión sobre el secundario dependía de la Jefatura provincial de Sanidad[28].

La falta de una adecuada canalización del agua que rebosa de la fuente del Bosque, “como no existe ningún agujero para poder encauzarla por la alcantarilla se estanca en el suelo formando el barro consiguiente, al que acuden mosquitos y toda clase de insectos desagradables. Podía además aprovecharse el agua para poner un pequeño jardín en la zona. Y es que “en Calamocha sobran Aguateles y faltan buenos lavaderos públicos”[29]. Poco después comentará el semanario el arreglo del problema de la fuente.

Amarga queja del Arrabal de Calamocha a primeros de septiembre por la falta de iluminación pública que padecen. “Por la noche no hay nadie que se atreva a transitar por él […] cuando anochece el Arrabal es todo penumbra […] ¿No se lo creen? Pues les invitamos a que den un paseo nocturno por nuestro barrio. Y no se olviden de traerse una linterna o un farol porque les hará la misma falta que nos está haciendo a nosotros desde hace mucho tiempo”. En la plaza del Peirón proponen en el mismo número la construcción de unos urinarios o retretes públicos.

Llegan a Calamocha las fiestas del Santo Cristo del Arrabal y desde el semanario se invita al Ayuntamiento a iniciar una campaña de embellecimiento de la villa comenzando, precisamente, por el entorno de la ermita. Eliminar esos pajares sin uso que la circundan y vestir la zona con jardines y bancos.

Insiste el semanario en el necesario embellecimiento de la villa, una vez lograda la traída de las aguas y el alcantarillado. Aprovechando la denuncia que hacía el Instituto de Estudios Turolenses de ciertos sillares desprendidos del puente romano, propone el articulista ajardinar todo el entorno de mismo disponiendo bancos a la orilla del río[30].

Sigue empeñado el semanario en la necesidad del embellecimiento de nuestros pueblos dejando atrás esa imagen “triste, gris y a veces sucia. Bien sea por la rutina o por el abandono, lo frecuente es contemplar esas calles llenas de barro, en las cuales se amontona el estiércol sin respetar las más mínimas leyes de convivencia; o por donde es normal lugar de gallinas, cardos, etc.” Recuerda la propuesta que lanzó cierto escritor palentino de “formar las escuadras de la cal” para “asaltar los pueblos pardos de Castilla con el arma de la brocha gorda y la munición de los cubos de cal para ganar las breves y trascendentales batallas de la alegría y esperanza en la en la transformación del paisaje”. La convocatoria entre los pueblos de concursos de embellecimiento como se hacía en otras provincias, podía ser el camino[31].

Por medio de un bando se anunciaba al comenzar octubre la posibilidad de vacunarse contra la gripe asiática “Singapur”, para lo que debían inscribirse en casa de los médicos, farmacéutico, practicantes, comadrona y Ayuntamiento.

Los dos accidentes de tráfico que se habían producido en septiembre en la plaza del Peirón de Calamocha hacían reflexionar sobre la conveniencia de trasladar los surtidores de combustible, construir una estación de autobuses o, por lo menos, señalar sitios de aparcamiento para evitar aglomeraciones.

Calamocha sigue en octubre sucia por la acumulación de basuras en las calles, por lo que propone el semanario contratar a una persona que se encargue de la tarea que puede constituir un pequeño negocio si se saben aprovechar luego como abono orgánico. También estableciendo un servicio municipal de recogida de basuras. En una nota breve se informa del peligro de desprendimiento de piedras que ofrece el alero de la casa de Correos recayente al callejón de las Monjas.

La famosa gripe asiática llegó a Calamocha en pleno otoño con el Dr. Moneva de vacaciones, como el practicante Ferreira fue una de las primeras víctimas la responsabilidad recayó sobre todo en el Dr. Lorente y en el practicante Cipriano Hernández. A los primeros síntomas se trataron de aplicar remedios caseros con escasa eficacia, lo que obligó a llamar a los facultativos que debieron multiplicarse durante aquellos días aciago[32].

Con las lluvias de octubre se hundió el tejado del lavadero de la calle Mayor y rápidamente se aprobó el correspondiente proyecto de reconstrucción.

Todavía no habían comenzado las obras de traída de agua en Pozuel del Campo, pues el contratista Vidal Quitarte Ariño estaba pendiente se concretase la ayuda de la Diputación provincial por el alza de los precios. El agua debía llegar del término de El Pedregal hasta la fuente a instalar en la plaza.

Se felicitan a finales de noviembre en Torrijo porque la calle Alemania lucía ya unas preciosas aceras hechas por sus vecinos, que sacaron la piedra y apisonaron con sus rulos de las eras.

Repasando a fin de año los problemas de Fuentes Claras, parece el más urgente la necesidad del alcantarillado. El pueblo está en una depresión muy húmeda, lo cual unido a la presencia de abundantes manantiales da como resultado un ambiente muy húmedo e insalubre en el vecindario.

 

1958

El mismo delegado local del Frente de Juventudes de Santa Eulalia reconocía a primeros de marzo la escasez de fuentes públicas en la villa, el deficiente suministro eléctrico que deja las calles casi a oscuras por las noches o el abandono de caminos como el de la Azucarera.

Parece que se consolidan a la altura de marzo los arreglos hechos en las cunetas de las calles por la brigada municipal, pues tras las lluvias ya no se formaba la capa de barro de otras veces.

Aunque para muchos pueblos establecer el alcantarillado puede considerarse un lujo, no ocurre lo mismo con Fuentes Claras por estar ubicado en una hondonada muy húmeda y dar lugar a numerosas enfermedades. De ahí que en marzo sigan considerando este logro como el más importante para la población.

La costumbre de los vecinos de Santa Eulalia de sacar el estiércol de los corrales a diario con el mal olor consiguiente, es motivo de algunas quejas en marzo.

Parece que se van concluyendo las obras de abastecimiento de agua en Monreal, aunque “El tramo de la estación sigue tan mal alumbrado como de costumbre. Como por añadidura abundan los hoyos y estos días las lluvias, el camino está en condiciones óptimas de ponerse embarrado hasta las pestañas”.

Duro alegato el que llega desde Villarquemado. Discuten en Teruel sobre la reforma del Óvalo, mientras allí “las necesidades más primordiales, las más indispensables, las más indispensables y necesarias las tenemos sin cubrir […] cuando el hombre sueña más que con dominar los espacios siderales porque la tierra ya le parece pequeña, nosotros bebemos agua por caridad ajena, lavan nuestras mujeres a cuatro kilómetros de distancia de su domicilio, beben agua nuestros semovientes insalubres y en pésimas condiciones, carecemos de estación de ferrocarril (tan indispensable hoy en un pueblo como Villarquemado) y si gracias al interés de un vecino de este pueblo tenemos apeadero, tal como él nos lo dejó así lo tenemos, sin teléfono, artículo de primera necesidad en un local como este […] Todos estos problemas de primera necesidad tenemos pendientes y es urgente su realización”[33].

Tres novedades importantes hay en Villarquemado a finales de abril. La primera el anuncio del concurso subasta para abastecer de agua la localidad, la segunda la creación de un “abrevadero moderno e higiénico” y la tercera la despedida del que durante muchos años fue su médico Manuel Laguarda Peris que marcha a la provincia de Valencia de donde es natural, dejando en el pueblo un gran recuerdo.

Por fin las obras de traída de agua a Pozuel del Campo estaban terminando a mediados de mayo. Después de recorrer cinco kilómetros desde el manantial el agua salía en un suave murmullo por los caños de la fuente acondicionada y reconstruida al efecto en la plaza del Barón de Velasco. Se esperaba para la pronta inauguración la presencia de las autoridades provinciales que habían colaborado, así como la ayuda económica de hijos ausentes del pueblo y de los propios vecinos.

Va pasando mayo y el buen tiempo empuja a los vecinos a salir los domingos a pasear por las carreteras de nuestros pueblos. No es el sitio más adecuado por la intensidad del tráfico y el peligro correspondiente. Faltan paseos.

Con el inicio de los calores y “Para evitar el abundante y molesto polvo de la calle Mayor, se ha impuesto la acertada costumbre de riego las mañanas de los días festivos. Con tal costumbre se hace grato el paseo y se pone de manifiesto el esmerado cuidado de Calamocha por los mínimos detalles de ciudadanía”[34].

Adelantan los trabajos para llevar el agua a las fuentes de Monreal, a mediados de junio se desviaba el cauce del llamado río Nuevo y se construía la pilastra de sostén del depósito central sobre el que se deberá asentar el distribuidor situado en la parte alta del pueblo. Mientras tanto en Santa Eulalia finalizaba la nueva red de fuentes públicas que ya funcionaban, aunque se inaugurarían oficialmente el 18 de julio.

Cumpliendo las instrucciones del Gobernador, el Ayuntamiento de Calamocha emitía un edicto el 18 de junio sobre la campaña que iba a iniciar la Liga española contra el cáncer, solicitando a los vecinos que contribuyeran con sus donativos “hasta alcanzar como mínimo una peseta por residente en cada término municipal”.

Concejal del Ayuntamiento de Calamocha elegido por el grupo de Cabezas de familia y administrativo en la empresa Hijo de W. Daudén, Miguel López Casamayor habla a mitad de julio para Jiloca como teniente alcalde de los proyectos de traída de aguas, alcantarillado, campo de deportes, plaza de toros y del Plan general de urbanismo. Las aguas y alcantarillado están pendientes de aprobación en Madrid y esperan concluir las obras en tres años, contando comenzarlas antes de un año; el Plan de urbanismo está en fase informativa[35].

Villarquemado padece desde tiempo inmemorial carencia de aguas pues las que usa procede de Cella. De ahí la hermandad con esta localidad con la que comparten también los tiempos de sequía. El problema ahora en pleno mes de julio es que, merced a cierta industria instalada en Cella, el agua que desde allí llega es “agua putrefacta, inservible y que estorba en nuestras acequias porque huele a cáñamo, pero a cáñamo podrido, así que ni podemos beberla nosotros, ni retenerla porque la higiene reclama justamente que se vierta por las hilas para evitar contagios que pudieran perjudicar la salud”.

Este artículo va a traer cola pues será parcialmente censurado por proferir:

“[…] según Jiloca, frases injuriosas contra cierta sociedad, que nos perjudicaba el indispensable líquido, haciéndolo inservible para el uso a que está destinado en Villarquemado. Tan injuriosas debían ser que no se publicaron en esta hoja, pero claro, es que Jiloca es amable y educado y no quiere faltar al respeto a nadie, ni aun de esta clase de individuos. ¡Ah! Pero es que Jiloca no bebe agua de Villarquemado, yo antes de censurar estos artículos tan en defensa propia, lo colocaría dos meses en mi pueblo y después le dejaría que escribiera.

Esta última semana se nos ha vuelto otra vez a inferir el mismo delito, por ello nosotros igualmente volvemos a poner nuestro grito en oídos de la autoridad competente, nuevamente volvemos a protestar y lo seguiremos haciendo mientras ocurra, parece que el mal que puede el enfermo quejarse, al desahogar sus dolores es menos mal. Da la impresión que nuestro enemigo es el amo de la falla, hace de ella lo que quiere, yo echaría en lugar de los residuos líquidos la materia prima también, así podría probar de verdad nuestra resistencia estomacal, que es fuerte, pero no en todos, ya se han presentado casos que bien podrían aplicarse a esta cuestión, así lo he oído del propio doctor médico, que lo que yo veo lo ha visto él también […]

Yo no digo nada más, ya por dos veces he pretendido decir el descontento y he publicado el grito de Villarquemado pidiendo justicia, pidiendo agua, pues lo que recibimos es estiércol y aun nos consideramos como personas”[36].

Como vemos se trata de un valiente y durísimo alegato el de Octavio Iranzo que demuestra, por un lado la censura que entonces existía en Lucha y que elimina el nombre de la empresa presuntamente infractora de las normas sanitarias, pero por otro la gallardía para insistir en la denuncia y también su publicación en el mismo periódico.

Sabedor del problema de la vivienda que padecía Calamocha y que obligaba a muchos vecinos a vivir en condiciones poco higiénicas, se desplazó hasta la villa el Secretario provincial de sindicatos, “camarada” Saro Garcés Beltrán, para tratar de convencer a ciertos propietarios de terrenos donde se proyectaba emplazar un Grupo sindical de 24 viviendas para que los vendieran a los precios ofrecidos por el Ayuntamiento. Todo con éxito nulo “por el egoísmo” de los dueños.

Transcurrido un año de la sugerencia para establecer en la plaza del Peirón de Calamocha de unos urinarios públicos, en septiembre se vuelve a insistir sobre esta necesidad. Más caso hizo el Ayuntamiento a la llamada de atención sobre la abusiva presencia de bidones de carburante en la misma plaza del Peirón por parte del surtido de gasolina de Campsa. Aunque lo ideal sería trasladarlo a un lugar donde interrumpa menos el tráfico de los autobuses y coches que por allí circulan tan a menudo, y crear de paso una moderna estación de autobuses[37].

Siguen las obras en septiembre para establecer una nueva red de fuentes en Monreal y ya está diseñada la que irá en la plaza de España. Asimismo, se está completando el amplio paseo de la calle Mayor en la parte derecha, el más usado en la temporada de invierno.

Comentando las fiestas patronales de Castejón de Tornos lamenta el cronista la escasa limpieza de las calles, donde “todo son piedras, montones de basura, de cenizas, de estiércol, etc., etc., esto demuestra que el vecindario pone poca atención por el aseo, y que bonito es ver un pueblo con sus calles limpias donde la primera faena de las mujeres es dar una barrida a las fronteras de sus edificios, aquí sin embargo, durante todo el año es posible que solamente realicen ello unas cinco mujeres”. Y menos mal que este año llovió un poco para evitar la polvareda que otros años se producía durante el baile en la plaza, “esto se debe a la poca voluntad de la mocedad, porque en la misma plaza existe una fuente con agua, y se ha dado el caso que en años anteriores mozos forasteros se han ofrecido para limpiar la tierra y dar de vez en cuando un riego”. Propone el corresponsal que el Ayuntamiento tome cartas en el asunto de la higiene pública sancionando las infracciones[38].

Suspiran en Torrijo en octubre por el comienzo de las obras de instalación de la red de fuentes públicas, “cada día se hace más preciso disponer de un agua potable en condiciones mejores que las del río, dedicadas hoy a todo uso”. Mientras tan en Monreal se suspende la colocación de la fuente monumental en el centro de la plaza España debido a su elevado coste. En noviembre seguían paralizadas las obras de la nueva red de fuentes por falta de brazos que reclamaba la campaña azafranera y la vendimia. Reanudadas las obras al terminar el mes ya habían concluido, aunque la fuente “monumental” debería esperar a mejor ocasión.

En vísperas de cumplir los 65 años fallecía en Calamocha, su pueblo natal donde ejercía desde 1926, el practicante titular Manuel Ferreira. Se recuerda su prestigio profesional, humanidad y otras muchas virtudes.

Repasa un artículo las principales necesidades que tiene la villa de Calamocha que pasan, en el aspecto sanitario, por mejorar las condiciones de salubridad del Matadero “con deficiencia absoluta de servicios e instalaciones”, limpieza de calles y recogida de basuras, inspección y vigilancia de alimentos y bebidas, sobre todo del suministro de leche por las quejas continuas del público corroboradas por la inspección practicada el año pasado; blanqueo y adecentamiento del Grupo Escolar “que hace más de tres años no se ha encalado siquiera, y las maderas de sus puertas y ventanas no se sabe cuánto hace que no se han pintado”; procurar el pavimentado de las calles o al menos el arreglo de baches. Sin contar con el grave problema de la vivienda, incumpliendo la promesa de las 24 viviendas promovidas por la Delegación provincial de sindicatos a falta solo que el Ayuntamiento proporcione el solar[39].

A cerca de seis millones de pesetas asciende el presupuesto aprobado para la conducción de aguas a Calamocha, para ser ejecutado casi a partes iguales entre la administración y las contratas. El Estado apoya la iniciativa con una subvención de 750.000 p. más un anticipo reintegrable de otras 600.000, con lo que parece ya encauzado uno de los problemas más acuciantes de la villa[40].

El ingeniero de la Diputación provincial estuvo a últimos de noviembre en Villarquemado “para hacer el replanteo de las fuentes y lavaderos que nos han de abastecer de agua y nos ha de servir, el último, de fácil medio de lavarnos la ropa”.

En Calamocha pasan revista a final de año de los arreglos urbanos pendientes, como los baches de la calle Mayor y el techo de su lavadero, el barro que inunda todas las vías públicas, el deficiente alumbrado nocturno o la necesidad de mingitorios en la plaza del Peirón.

Días de barro después de las lluvias en las calles y en las casas de todos los pueblos de la comarca. A modo de broma se hace una competición entre todos ellos para buscar el campeón de los barrizales, teniendo en cuenta su calidad, textura, baches y tropezones. Reunido el jurado pertinente, por unanimidad otorga el premio extraordinario a Santa Eulalia “del Barro”, galardón especial a Monreal “del Barro” pues tiene los mismos barrizales pero mas consistentes y sólidos, y finalmente un accésit especial a la “muy embarrada villa de Calamocha”, pues “si bien presenta menos barro que las villas anteriores ha puesto tanto entusiasmo como ellas en conservarlo”[41]. Por el sistema de concejada y organización del Ayuntamiento, Monreal limpió de barro sus calles en tres días, con un concejal al frente cada jornada.

A mitad de diciembre el agua llega ya a las nuevas fuentes de Monreal salvo la de la plazuela del Hospital, por falta de nivel en el depósito central al fallar potencia eléctrica para elevar el agua.

Después de 13 años de ejercicio profesional en Caminreal, fallecía el 17 de diciembre en Valencia el médico Justo Aguirre Marín. Hombre “hidalgo, altanero, competente y comprensivo, con una humanidad y sencillez tremenda”, dejó el pueblo enfermo buscando un clima más benigno. Caminreal entero se volcó en la misa celebrada en su honor.

 

1959

Escasa y demasiado espaciada resultaba el alumbrado público desde Villarquemado al apeadero de la vía, por lo que en enero solicitaban incrementar los postes de luz en la zona.

Los veterinarios que venían ejerciendo en Calamocha José María Soria Mur y Valentín de Benito Ortega pasaban desde enero a hacerlo respectivamente a La Muela y Burgos. Mientras tanto se incorporaba Arturo Soguero hasta entonces ejerciente en Bañón.

Por haber sido nombrado médico titular del partido de Tortuera (Guadalajara) dejaba en marzo la plaza de Calamocha que había desempeñado dos años y medio dejando un grato recuerdo.

Grave y rotunda denuncia sobre la insalubridad que se producía en la calle Castellana de Calamocha por el cieno acumulado junto a la acequia del Aguatel, “que con su delicioso perfume sugestiona a los transeúntes (¿?)” Y prosigue: “La limpieza que todos los años se realiza en estos cauces de agua que surcan la población y que a la vez sirven de desagües de residuales, se emplea para el lavado de utensilios de uso cotidiano y de ropas, responde a las mínimas exigencias de salubridad, pero no así el que su porquería se deje en la contemplación del vecindario sabe Dios cuanto tiempo”[42].

Calamocha es una localidad con muchas viviendas de tipo urbano que carecen de corrales y cuadras donde arrojar las basuras, de ahí la propuesta al Ayuntamiento para establecer un servicio de recogida de basuras que limpiara de paso los montones de polvo, tierra y suciedad que a veces se acumula en las calles. No se sabe si existió con anterioridad un servicio de este tipo en la villa, pero parece se está haciendo necesario[43].

El problema es serio y en el número siguiente se vuelve a denunciar:

“Es frecuente en las amas domésticas el arrojar a la vía pública, en cualquier hora del día, no solo las basuras sino también las aguas sucias procedentes del lavado de ropas y de vajillos y demás utensilios de cocina. Tal es así, que hay calles siempre mojadas y lo peor, que está expuesto a recibir un ‘remojón’ de estas aguas sucias que alguna de las mujeres tiran a las calles desde dentro del patio, sin mirar a ver si pasa o no alguno por la misma”[44].

También la presencia en las vías públicas de animales muertos donde permanecen días y días sin que exista encargados de retirarlas, o carros estacionados en las aceras con las que tropiezan por las noches los viandantes a riesgo de caer y romperse algún hueso. A poner remedio a todo esto se insta al Ayuntamiento de Calamocha.

Cuando repasa los logros realizados en Torrecilla del Rebollar recuerda el alcalde Juan José Simón que la construcción de abrevaderos en el término ha disminuido la mortalidad de los ganados, el saneamiento, pavimentación y colocado de aceras en varias calles o la ampliación y acondicionamiento del cementerio. Entre los proyectos tiene la ampliación del abastecimiento de aguas con tres fuentes y la instalación de lavaderos. A primeros de abril se repetirán las loas a este alcalde.

Mientras llega el pavimentado y adoquinado de las calles de Monreal, de momento en abril se procedía al relleno y apisonamiento de los baches y agujeros. Sin embargo el alumbrado público seguía con las deficiencias de siempre, sobre todo en el camino a la Estación desde la calle Mayor a la Avenida de Teruel por el Barrio Bajo donde no había ni una sola farola. Siguen también las quejas en Calamocha contra el Ayuntamiento por permitir que los carros ocupen las aceras por las noches.

A finales de abril dejaba León Esteban una interesante biografía del médico escocés Sir Alexander Fleming descubridor de la penicilina muerto en 1955.

Notas

[1] ANÓNIMO (1956): Hacia el abastecimiento de agua en Calamocha. Jiloca, 1, 16 enero, 2

[2] EGERIS (1956): El suburbio está en la calle … Jiloca, 2, 23 enero, 1-2

[3] RICUS (1956): De Báguena y sus problemas. Jiloca, 6, 20 febrero, 1-2

[4] ANÓNIMO (1956): Desde Fuentes Claras. Jiloca, 11, 26 marzo, 2

[5] ANÓNIMO (1956): Al habla con el alcalde de Torrijo del Campo, camarada Nemesio Gascón Gimeno. Jiloca, 13, 9 abril, 1-2

[6] ANÓNIMO (1956): Comentarios intrascendentes de la Villa. Jiloca, 17, 7 mayo, 1-2

[7] MARIS (1956): Proyecto de fuentes y abastecimiento de aguas. Primer problema de un Ayuntamiento. Habla el alcalde de Monreal del Campo, don Javier Allueva Gómez. Jiloca, 34, 3 septiembre, 1-2

[8] ANÓNIMO (1956): Calamocha en trance de superación. Jiloca, 44, 12 noviembre, 1

[9] ANÓNIMO (1956): ANÓNIMO (1956): Entrevista con el Dr. Joaquín Moneva, médico titular de Calamocha. Jiloca, 45, 19 noviembre, 1-2

[10] ANÓNIMO (1956): Al habla con Valentín de Benito, veterinario titular de Calamocha. Jiloca, 46, 26 noviembre, 1-2

[11] EGERIS (1956): Lo feo de mi pueblo. La recogida de las basuras. Jiloca, 47, 3 diciembre, 1

[12] MORAGRIEGA, A. (1956): Desde Godos. Labor de su Ayuntamiento en los últimos diez años. Jiloca, 50, 24 diciembre, 1

[13] AMORMAR (1957): Grandes proyectos de urbanización en Calamocha. Se abrirá una nueva calle y se construirán 115 viviendas.

[14] JILOCA (1957): Sanidad de alimentos. La leche adulterada. En Calamocha, un problema y un peligro. Jiloca, 76, 25 junio, 1

[15] UN CALAMOCHINO (1957): Dos soluciones a un mismo problema. Jiloca, 54, 21 enero, 1-2

[16] ANÓNIMO (1957): Al habla con don Manuel Ferreira Layunta, practicante titular de Calamocha. Jiloca, 55, 28 enero, 1-2

[17] EBLAMA (1957): Actividad municipal. Jiloca, 56, 4 febrero, 1-2

[18] REGUILLO, Germán (1957): Al habla con los practicantes de la comarca de Calamocha. Jiloca, 61, 11 marzo, 1-2

[19] ESPAÑOL, Luis (1957): Pozuel del Campo. Abastecimiento de aguas. Jiloca, 66, 15 abril, 2

[20] FRAN FA (1957): Solo son palabras. Jiloca, 67, 22 abril, 1

[21] RIAMED (1957): Agua que no has de beber … Jiloca, 72, 28 mayo, 1

[22] PETRONIO (1957): En Monreal había un camino de la Estación. Jiloca, 74, 11 junio, 1-2

[23] ESPERANZA (1957): Al margen. Luces de la villa. Jiloca, 76, 25 junio, 1-2

[24] RIAMED (1957): Gravilla en la calle Mayor. Jiloca, 76, 25 junio, 1

[25] CORRESPONSAL (1957): Desde Torrelosnegros. Primeras comuniones. Jiloca, 79, 16 julio, 1-2

[26] AMORMAR (1957): Buscando soluciones vitales. La plaza del Peirón de Calamocha, convertida en la “cenicienta”. Jiloca, 82, 6 agosto, 1-2

[27] RIAMED (1957): Corrillo de “muchachas”. Jiloca, 82, 6 agosto, 1

[28] AMORMAR (1957): Entrevista con el Dr. Moneva, médico titular y jefe local de Sanidad de la villa de Calamocha. Jiloca, 83, 13 agosto, 1-2

[29] EGERIS (1957): Barro en la fuente del Bosque. Jiloca, 84, 27 agosto, 1-2

[30] EGERIS (1957): Atalaya de la Villa. Un bello lugar [puente romano]. Jiloca, 87, 17 septiembre, 1

[31] ANÓNIMO (1957): Editorial. Jiloca, 89, 1 octubre, 1

[32] JILOCA (1957): Carta abierta a don Emilio Lorente y don Cipriano Hernández, médico y practicante de Calamocha, respectivamente. Jiloca, 92, 22 octubre, 1-2

[33] OIVATCO OZNARI (1958): Desde Villarquemado. Ejemplo. Jiloca, 115, 1 abril, 1-2

[34] ANÓNIMO (1958): Notas locales. Jiloca, 122, 20 mayo, 1-2

[35] MORAGRIEGA MARTÍN, Amable (1958): El teniente de alcalde del Ayuntamiento de Calamocha, don Miguel López Casamayor nos habla para Jiloca. Jiloca, 130, 15 julio, 1-2

[36] OIVATCO OZNARI (1958): Desde Villarquemado. Otra vez pedimos justicia. Jiloca, 131, 22 julio, 2

[37] EBLAMA (1958): Predicar en desierto … tiempo perdido. Jiloca, 139, 16 septiembre, 2

[38] EL CORRESPONSAL (1958): Castejón de Tornos, en fiestas. Jiloca, 140, 23 septiembre, 2

[39] MORAGRIEGA MARTÍN, Amable (1958): Pragmatismo en torno a la vida local. Justicia y civismo. Jiloca, 145, 28 octubre, 2

[40] EBLAMA (1958): Ya tiene aprobado el proyecto de abastecimiento de aguas el municipio de Calamocha. Jiloca, 148, 18 noviembre, 1

31 BENE (1958): Tribunal del barro. Jiloca, 152, 16 diciembre, 2

31 ANÓNIMO (1959): La Castellana se adorna con el lodo de los aguateles. Jiloca, 164, 10 marzo, 1

31 ANÓNIMO (1959): ¿No se podría intentar establecer el servicio de recogida de basuras? Jiloca, 165, 17 marzo, 2

31 LA DIRECCIÓN (1959): Cuanta más vigilancia, más sanidad. Jiloca, 166, 24 marzo, 1


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