La visión del Jiloca a través de sus moradores. El semanario Jiloca publicado en el diario Lucha de Teruel (1956-1959) / José María de Jaime Lorén
Sociedad y vida local
[Menú principal] [Libérica nº 6]
1956
Sobre la naturaleza de la comarca del Jiloca se pregunta José Hernández, estimando que es mucho más que un área geográfica concreta “por motivos humanos y sociales en los cuales entra de veras el hombre” para configurar entidades colectivas de dimensión histórica. “Cada pueblo del Jiloca tiene su propia personalidad”, y todos juntos forman “una entidad concreta y con plena existencia” que debe superar los localismos para abordar el futuro todos juntos en unión[1].
En la preceptiva renovación de la Junta del Casino de Calamocha fue designado presidente Juan Ibáñez, tesorero Vicente Ibáñez, bibliotecario Jesús Lacruz y vocal 1º Amable Moragriega[2].
En la entrevista que se hace al presidente del Casino de Calamocha y farmacéutico titular de la villa destaba que “Los socios son muy aficionados a la lectura, pero la biblioteca tiene pocos volúmenes”, así como que la “Tolerancia, respeto mutuo y disciplina, son las características fundamentales que debe reunir el Casino”[3]. En el mismo número, entre bromas y veras se trata de los escasos noviazgos que se dan en Calamocha.
Del mayor interés es la queja que llega desde Báguena reclamando los incumplimientos de la empresa suministradora de la luz eléctrica, pues a menudo por la noche no disponen los vecinos de otra luz que la de los candiles[4]. Dos denuncias bien claras aparecen en el “Mentidero calamochano” de esta misma entrega, la falta de una emisora de radio que se pretendía para Calamocha y, sobre todo, los barrizales que se formaban en sus calles con la lluvia y la nieve por falta del adecuado asfaltado.
Es interesante el punto de vista que se defiende en lo que parece la primera colaboración femenina que deja su nombre (antes lo había hecho “Amanque” bajo seudónimo), destacando que:
“Suele hablarse mucho en estos tiempos del feminismo, casi demasiado; y claro está, en este espacio escrito por una pluma femenina no puede faltar este tema; ahora que no voy a enfocarlo desde la vulgar frase de ‘igualdad de sexos’.
Somos mujeres y de ninguna manera toleramos semejante igualdad.
[…] La mujer no es igual ni inferior al hombre; simplemente es diferente.
Ni peor, ni mejor, sino distinta”[5].
La entrevista que se hace en febrero al cartero de Calamocha ofrece alguna información interesante, como las 500 cartas que aproximadamente repartía cada día que le hacían recorrer entre 18 y 20 kilómetros, que el trayecto más penoso era “El Peirón Alto, porque las casas están muy distanciadas, las calles son malas y no hay suficiente luz de noche”. En cuanto al reparto de periódicos por suscripción, “El que más creo que es Lucha, sobre todo el día que aparece Jiloca. Fuera de la provincia el que más tenía antes era el Heraldo y ahora Pueblo. También hay bastantes suscriptores al ABC”[6]. Tampoco era mucho mejor la iluminación de las calles del Arrabal por entonces.
Desde el acuartelamiento de la Guardia Civil se atendían cinco puestos que abarcaban 95 pueblos, destacando su capitán que “Han disminuido muchísimo los robos y se ha expulsado a los gitanos y a las gentes cuya vida, con cierta bohemia dudosa, siempre tendente a una desagradable vagancia profesional […] También ha disminuido el gamberrismo”. Destacaba asimismo la importancia del asesinato del guarda del Coto de Calamocha y el atropello de un ferroviario[7].
En forma de dicho a San Roque, en febrero se ponderaba la labor del Casino de Calamocha como centro cultural y recreativo. A fines del mes siguiente se recordarán algunos de estos versos que reclamaban a sus usuarios “un poco menos de juerga y algo más de seriedad”. Asimismo destacaba el punto 1º de los Estatutos, según el cual la Sociedad “tiene por objeto agrupar las clases sociales de esta villa sin distinción alguna”, es decir que está libre de “influencias clasistas al viejo estilo”.
La marcha de los quintos en marzo es motivo de una entrevista a cinco de los veintidós del grupo: Mariano Soguero (empleado de banca que marcha a África), los dependientes de comercio Emilio Julve y., Luis Pascual Loma (Pujillos), Julio Lucia (sastre) y Máximo Comín Cortés. Cuentan que muchos dejan con pesar la novia y todos a la madre, así como las meriendas de despedida y que a todos les gustaría ser destinados a Zaragoza. En este mismo número un par de artículos más ponderan los valores castrenses y las posibilidades de aprendizaje que ofrecen los dos años del servicio de las armas.
El primer pueblo en recoger el guante para expresar su situación en el “Buzón municipalista del Jiloca” fue Cutanda, 700 habitantes con Lorenzo Tamorlán Baranda de alcalde y Aniceto Lázaro Soriano de secretario. Al parecer en los últimos cinco años todo han sido logros en la Casa Ayuntamiento con mejoras en la Secretaría, Juzgado de Paz y Hermandad Sindical por valor de 12.000 p.; Cementerio prácticamente construido de nueva planta por 8.000 p.; reparaciones en la Casa del maestro (2.000 p.); construcción de la sacristía de la iglesia para compensar la cesión de terrenos a la plaza (5.000 p.); Casa del médico, Escuelas y Salón de espectáculos en edificio de nueva construcción (60.000 p. con una renta anual de 2.500 p.); Repoblación forestal en 300 Ha. de monte; Abastecimiento de aguas (principal problema del pueblo) se han iniciado estudios previos, proyecto y presupuesto que se cifran en un millón de p.; Almacén-granero a construir a instancias de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos presupuestado en 300.000 p.
En parecidos términos optimistas se expresaba Barrachina, con 600 habitantes que viven sobre todo de la huerta y de la ganadería, sin olvidar sus fábricas de harina, energía eléctrica, chocolate, cáñamos y carros. Al frente del Ayuntamiento está Saturnino Guallarte Zabal y como secretario Vicente Fabra Garcés. Entre los últimos logros destaca la Casa del Médico y el Centro primario de higiene (300.000 p.) con la participación municipal, de la Diputación Provincial y de la prestación personal de los vecinos aprovechando las subvenciones de la Junta provincial del paro obrero; el almacén del Servicio Nacional del Trigo (20.500 p.); Depósito y nichos del cementerio; abrevadero y fuente pública de la plaza Mayor; reparaciones en la Casa del lugar; construcción de la ermita de San Ramón (30.000 p.) donando la imagen Andrés Beltrán Losilla y su esposa Caridad Parrilla. Entre los proyectos pendientes más importantes se hallaba la construcción de tres escuelas con viviendas para los maestros[8].
Entre las obras municipales realizadas en Olalla se destaca la construcción del salón de sesiones del Ayuntamiento, cuatro abrevaderos en el término municipal sufragados por los propios ganaderos, estando prevista la conducción de aguas al pueblo, algunos regadíos nuevos y mejoras en la línea de autobuses Calamocha-Plou[9].
Bajo la consideración de “embajadores” partía a Francia un contingente de braceros de la ribera para trabajar los cultivos de remolacha. De la comarca salieron 50 (29 de Báguena, 9 de San Martín, 9 de Calamocha y 2 de El Poyo). Se pregunta y se responde el propio cronista: “¿Será, pues, la pobreza el motor impulsor de este éxodo? ¿Será el señuelo de un jornal abundante? ¿O acaso cierto espíritu aventurero? Ya sé que el bagaje cultural de la mayoría de estos embajadores-obreros será muy escaso, cuando no nulo. Ellos no tienen la culpa de que el Estado español no se haya preocupado hasta ahora de la enseñanza”[10].
Con 35 años y desde hace dos, Dámaso Navarro es el alcalde de Luco de Jiloca y se muestra orgulloso en la entrevista de la generosidad de los vecinos para acometer obras de envergadura sobre la base de prestaciones personales. ¿Problemas? Los daños que sufre la agricultura por la climatología que obliga a los más pobres a emigrar a zonas industriales. Se muestra orgulloso de la repoblación forestal en la zona de la Virgen del Rosario, además de los jornales que ha proporcionado ha mejorado la contención de las ramblas que tanto perjudican con sus avenidas. En este sentido considera imprescindible la construcción de un pantano en el río Pancrudo. Otras realizaciones recientes son el frontón, pues hay muchos aficionados a la pelota, la Casa de los maestros que ha sido íntegramente levantada por el pueblo. Y entre las necesidades destaca la construcción de un horno, un refugio, la conducción de agua al pueblo, la limpieza del río o una escuela mixta de párvulos[11].
Contra la perniciosa influencia del cine en la sociedad española, sobre todo en el caso de la mujer, contra su enorme poder manipulador carga un artículo que firma F. a mitad de junio.
Unos pocos días después lo que se cuestionaba era el baile, mejor dicho, la actitud que se debe tener ante esta diversión por el “peligro” que podía llegar a revestir para la integridad moral de la persona.
Con un año como alcalde de Caminreal y 35 de edad, Luis Mateo consideraba el mayor logro en ese tiempo de la creación de la Sección Femenina en la localidad que contaba ya con 40 afiliadas. También la reciente construcción fuentes en el pueblo, casas de maestros y las escuelas, todo ello con la colaboración de los vecinos. Entre los proyectos figuraba la construcción de aceras en las calles, arreglos en el cementerio, recuperación de propiedades municipales, instalación de teléfono particulares, arreglos en la vecina carretera, creación de un campo de deportes, formar un equipo de fútbol y una banda de música, etc. Entre los principales problemas estaba el del suministro eléctrico que era muy deficiente. Por lo demás “las tierras se hallan muy repartidas y son muy fecundas, por lo cual todos tienen asegurado el pan y los alimentos necesarios”. Además de la agricultura se explotaban unas 500 cabezas de ganado vacuno[12].
Entre las mayores necesidades que presentaba Báguena se hallaba el ensanche del río para evitar avenidas, la carretera de Castejón, el déficit de fuentes y lavaderos en el caso urbano pues los pozos no ofrecían todas las garantías y, especialmente, el mal servicio de energía eléctrica que tenía a medio pueblo a oscuras muchas noches[13].
En ejercicio desde 1952, el procurador en los tribunales Mariano Alvira Thous ejercía en Calamocha después de hacerlo en Zaragoza y Calatayud, echando en falta la presencia en la villa de abogados con residencia en la misma pues generalmente los pleitos los atendían abogados turolenses que, por lo general, se resolvían con transacciones amistosas. Estimaba que uno de los principales problemas lo constituía la falta de viviendas[14].
Como todos los veranos Calamocha y el resto de pueblos de la comarca acogía a los “veraneante”, hijos de los pueblos que residían fuera de ellos durante el año para volver en vacaciones. Mosén Feliciano les pedía en julio “aportar con vuestros conocimientos, vuestras iniciativas y vuestro buen ejemplo algo para levantar el nivel de vuestro pueblo; y lo que si no esperamos es incomprensiones, esnobismos superfluos, extravagancias ridículas que se puedan infiltrar en esta época veraniega”. En parecidos términos se extiende más adelante otro editorial de la revista.
Profesor del Instituto Laboral de Ejea de los Caballeros, José de Jaime Gómez llevaba entonces entre manos “una tesis doctoral, unas oposiciones y con más calma, porque así lo requiere, la historia de nuestro pueblo”. Encontraba en Calamocha mayor dinamismo cultural como demostraba el hecho de los numerosos estudiantes de bachillerato (casi un 25 %), aunque echaba en falta una buena biblioteca municipal, la traída de las aguas, así como una mayor implicación de la desperdigada intelectualidad calamochina con sus paisanos[15].
Un calamochino que firma “Colom”, se quejaba ante los sanroques inminentes de la indecisión de los jóvenes del pueblo en los bailes: “eran las nueve de la noche y todavía estaban los chicos cruzados de piernas tomándose unos chupitos de moriles. Las chicas se aburren y se cansan” mientras tanto.
Notaba cierto visitante a las fiestas de Calamocha:
“[…] que estábamos muchos forasteros en dos sectores muy marcados -extremos- y en el centro, Calamocha, serena, baturra, pero elegante y señorial …
Se veían ‘mocicos’ de pueblo, alborotadores de pueblo, forasteros de sierra marcadamente diferenciados de todo calamochino, y en el otro extremo -¿superior?- los señoritos, el que viene de una capital, no sabe consustanciarse con el ambiente del pueblo y ha de destacarse en algo. En su ‘pose’, en su aire descentrado, en su atavío chocante.
Y entre los extremos de Calamocha, señorial y popular a la vez, con todas las virtudes que estas cualidades tienen. Sin tanta ‘tontería’ … como los émulos pueblecitos de al lado pretenden achacarle.
Yo a Calamocha la he visto así: en su medio, serena, en trance, justa, cordial, agradable, culta, firme, noble y simpática, elegante y recia a la vez … como su Bolero y como su Casino”[16].
La pobreza es un hecho en la comarca y durante las fiestas de San Roque en Calamocha hubo una comida para los más necesitados a expensas de la Caja de Ahorros, y en Monreal del Campo se organizaba una Tómbola de Caridad.
Con motivo de las fiestas de Monreal del Campo, a primeros de septiembre se dedica a esta villa un Jiloca monográfico con un vibrante y literario editorial que glosa las virtudes de sus gentes.
Aunque no es natural de Fuentes Claras, Modesto Parrilla pasa allí algunas temporadas y se siente en la obligación de denunciar la falta permanente de servicio eléctrico. Antes lo tuvo y al parecer bueno, pero ahora no se trata de restricciones sino de falta completa de luz eléctrica. Con el inconveniente que los vecinos siguen pagando los recibos, el mínimo, pero los siguen pagando[17]. El problema debió resolverse pronto, pues a los quince días se publicaba una nota de la redacción informando de los numerosos escritos recibidos “con motivo de la mejora del fluido eléctrico en estos pueblos limítrofes”.
A los gamberros juveniles dedicaban con ironía y gracejo una carta a finales del mes de septiembre. Con no menos ironía se queja una novia a Cupido de las dificultades de las parejas para encontrar un piso y poder casarse.
Se plantea una “Campaña de limpieza, de saneamiento moral” sobre el respeto a la mujer en la calle, conscientes del “espectáculo de ese asedio, de ese acoso, de esa cobardía de que se hace víctima a la mujer que tiene que soportar la palabra sucia, el berrido incivil, el gesto rufián, la mirada cabría de cualquier salvaje o cretino que eructa bestialidad al paso de la primera mujer que se le presenta”. Situación ante la que no cabe otra cosa “que apelar a la bofetada en seco o al puntapié exacto”. De todas formas, el autor también reconoce que esta lamentable situación se da sobre todo “cuando la jovencita, la moza, la mujer, va de exhibición y todo lo ordena a este fin: vestido -o desvestido-, afeites, ceñidos, posturas, lugares, descoco.- No a cualquier mujer se le falta al respeto en la calle”[18].
Con sus 86 años bien cumplidos, Francisco López Bruscas, el tío Francho, es objeto de una entrevista en la cocina de su casa de la calle Real que no tiene desperdicio por mostrar la evolución de la sociedad calamochina desde finales de la centuria decimonónica. Veamos algunos comentarios:
“En mis tiempos de joven, sin exagerar, se pasaba hambre. Un cuscurro de pan y unas sardinas arenques solía ser el condumio ordinario de un jornalero del campo. Luego, si por la tarde les llevabas a la huerta unos chorizos y una bota de vino, te removían con la azada más tierra que un par de mulas. Lo de antes no era más que miseria y suciedad. Baste con decirte que no conocíamos la ropa interior, y más bastante aun si te digo que no podías ir por las cantinas, porque cogías cada ‘piojada’ …
¿Diversiones? Jugar a la pelota y tirar a la barra.
¿Y bailes? La jota, nada de ‘agarraos’, y además en la calle, a la vista de todo el mundo. Y cuando se ponía el sol no ‘vías’ a una mosca por la calle, todas en casa recogidas. Ahora es cuando empiezan a salir […]
En el baile nos escotábamos los mozos a perra gorda y comprábamos vino a dos pesetas el cántaro y abadejo para los tañedores.
¿Se trabajaba antes más que ahora? Uy, ‘muchismo’ más […] no conocíamos ninguno de los cacharros que hay ahora (con decirte que los ‘aladros’ eran de madera), ni supimos que eran abonos hasta que vino el tren. El trigo teníamos que ir a venderlo con carro a Zaragoza o a Teruel.
[… Calamocha está] desconocida. Si ahora hay siete u ocho establecimientos de bebidas, antes no había más que un café, y solo iban a él media docena. Si antes había un solo comercio ahora hay veinte o treinta. Y en cuanto a industria, no admite ni comparanza”[19].
Siguen las quejas por el pésimo suministro de energía eléctrica en los pueblos. Ahí está en noviembre quejándose el corresponsal de Pozuel del Campo por la falta de iluminación artificial en las largas noches de inminente invierno. Todo se resiente, las clases nocturnas de adultos, los establecimientos comerciales y administrativos, la posibilidad de escuchar la radio e informarse de lo que pasa en el mundo o estar al tanto de las novedades musicales o deportivas, en fin, la propia convivencia entre las personas desde las 6 de la tarde a las 10 de la noche se ve limitada cuando no suprimida por la falta de este servicio tan imprescindible ya en todas partes[20].
Poco después se harán eco en Báguena del mismo problema, mientras en Calamocha la queja es por el mal funcionamiento del reloj de la torre, por algunas casas a las que todavía no llega la luz o porque el alumbrado público sigue encendido durante el día.
El pequeño susto ocurrido en las postrimerías del año que se llevaron dos chicos de Calamocha que jugaban “a espadas” y en el que uno de ellos vio perforada su barbilla por el sable de madera de su adversario, sirve al columnista para plantearse la influencia del cine en el comportamiento y en las diversiones de los jóvenes. Lamenta que la censura se fije más en los aspectos eróticos de las cintas que el proteger a los más jóvenes frente a la violencia de muchas imágenes[21].
El BOE del 21 de diciembre confirmaba a Víctor Martínez Ramiro como secretario en propiedad del Ayuntamiento de Calamocha.
1957
Una vez más la lotería de Navidad pasó de largo de Calamocha, pero en el primer número del año se recuerda la broma que gastó un calamochino antes de los tiempos de la radio, haciendo creer a sus paisanos con telegramas y llamadas telefónicas que había tocado en el número que jugaba un establecimiento comercial el tercer premio.
Durante 1956 nacieron en Calamocha 33 varones y 29 hembras, fallecieron 30 personas y hubo 34 matrimonios (9 en otras parroquias).
La costumbre calamochina de la hoguera y ronda de los quintos en la noche de Reyes fue al parecer aprovechada por algunos gamberros para “dar rienda suelta a sus más bajos instintos [… cantando] chabacanas canciones pornográficas que podrían herir la más elemental sensibilidad”.
Consciente que la mujer campesina debe a veces acometer labores rudas del campo, una redactora lamentaba esta situación por lo que supone de merma en su feminidad, que no debe confundirse en absoluto con lánguidos romanticismos. “Una mujer campesina deber ser dulce y enérgica, cariñosa y culta; y estas virtudes suelen encontrarse frecuentemente en nuestras mujeres”[22].
Ante el hecho irrefutable del fracaso que supone que los jóvenes de la ribera del Jiloca se vean en la necesidad de emigrar a Francia, un redactor evoca el acierto de “las normas dadas por José Antonio acerca de la distribución de los patrimonios para evitar los abusos del capitalismo burgués”[23].
No ve las cosas de esta forma otro de los redactores que, sí, reconoce la existencia de esta emigración con dimensiones nacionales, pero entiende que es un síntoma positivo de inconformismo de la juventud. Los pueblos hasta entonces habían producido un analfabetismo, individualismo y caciquismo que limitaba las posibilidades de progreso. Se han dado importantes cambios sociales y el dinamismo de la época exigía una movilidad que antes no se había dado, permitiendo conocer nuevos lugares y abrir otros horizontes y dejando en segundo plano el problema sentimental de abandonar temporalmente las familias[24].
Sobre la idiosincrasia calamochina escribe uno de redactores que destaca “la humanística cordialidad del pueblo […] no necesita disfrazarse para recibir a los que nos visitan, ni hace ostentación de falsas e inexistentes cualidades. El alma popular del pueblo calamochino lleva implícita la natural elegancia de sus costumbres y siempre tiene para sus visitantes la sincera y exquisita amabilidad, que no oculta su auténtica personalidad detrás de fingidas caretas psicológicas”[25].
Celebrado el sorteo de los quintos, despejada la gran duda de saber si el servicio militar lo realizarán en la península o en África, llegan las celebraciones preparatorias de la despedida de los mozos que han cumplido los 21 años. La víspera salieron a pedir la voluntad con sus capazos por las calles, merienda luego y baile para ellos solos como exige la tradición. El domingo al sorteo a Teruel, en el pueblo después de la misa mayor la familia aguarda expectante el resultado. Por la tarde felicitaciones, pastas y vino como para una boda, “¡Han sorteado al chico! ¡Y ha caído en España!” En alguna otra casa, según el apellido, no hay nada que celebrar pues le ha tocado África[26].
En febrero tuvo lugar la preceptiva renovación de la directiva del Casino de Calamocha que tiene ahora a Luis del Val como presidente.
“Los mozos de los pilones” de Monreal del Campo, como los mozos solteros de cualquier otro pueblo salen todos los días al atardecer junto a los pilones de la carretera. “Arrebujados entre su tapabocas o remangados en su escotada camisa, según la época del año”, ven pasar a las mozas con sus cántaros de agua, “¡quién sabe las ilusiones de sus miradas!” Hablan de sus cosas, “Hoy son las mulas que tiran más. Mañana la fuerza de quien se considera mejor cargador. Al día siguiente las cosechas, las lluvias, los precios, las mozas, el baile, la tierra, las fiestas, la mili, los quintos […] salen cada noche a los pilones sin saber a qué salen, o en búsqueda de una ilusión que después no encuentran”[27].
Algunos pueblos como Rubielos de la Cérida carecían de teléfono y de suministro eléctrico, de todas formas en muchos que tienen instalada la luz artificial sigue llegando de forma muy irregular. A finales de febrero se quejaba alguno que los recibos sé que llegaban puntuales, mientras no eran raros los bandos informando que se suspendía el suministro durante tres días[28].
A las cinco de la tarde. A las cinco en punto de la tarde. A las cinco en todos los relojes de la plaza de España de Calamocha el viento huracanado arrancó de cuajo la “Olma” de Calamocha. Era el 17 de febrero y un anónimo cronista evoca los juegos de la niñez realizados bajo su sombra, como el de las dos cadenas formadas por los alumnos de las vecinas escuelas municipales. “Sudorosos y llenos de vitalidad e infantil alegría volvíamos a nuestra clase al escuchar las palmadas de nuestro querido maestro don Alejandro, quien había seguido nuestras evoluciones y esparcimiento desde el balcón de la escuela”.
Concluido el Cursillo de preparación para el servicio militar que realizaron los quintos de Calamocha bajo la dirección del Frente de Juventudes, el redactor entrevistaba en marzo a varios de ellos (Bernardo Lozano, Vicente Polo, Marcelino Martín, Miguel Parrilla, Pascual Agudo, Miguel Lacruz y José Pamplona), algunos destinados a África (Miguel Domingo, Pascual Domingo y Mariano Gómez).
El 1 de abril tomaba posesión del cargo de secretario municipal de Monreal Fernando Domingo Miguel cuya hija Alicia Domingo ejercía como maestra. El nuevo secretario llegaba desde El Poyo.
Desde Monreal se siguen quejando del pésimo suministro eléctrico que padecen, “llegaron los azafranes y con ellos los acostumbrados abonos extraordinarios para colocar, previo módico estipendio, lámparas de gran voltaje que, por ausencia de voltios, naturalmente no lucían, pero mermaban la ya de por sí inverosímilmente raquítica luz que pretende alumbrarnos. Alzar el interruptor de un motor y que este funcione y más aun, cumpla su maravillosa misión de mover una máquina, ha sido, como desde hace muchos años causa de estupor”. Caminar completamente a oscuras por las calles es ya una costumbre que ha provocado más de una descalabradura. Y la culpa no es del Ayuntamiento que tiene bien instaladas las farolas del alumbrado público, sino de la informalidad de las empresas suministradoras del fluido[29]. Sobre esta misma cuestión se expresaba poco después otro colaborador en términos muy similares.
“La una y sereno”. Volvían los serenos de Calamocha a cantar las horas en mayo después años que no lo hacían. Había división de opiniones como indica la coplilla: “Si no canto, que no vigilo, / si canto, que quito el sueño; / se pasa sus buenos fríos / sin poder dar gusto a todos / este servicial sereno”.
Siguen en mayo las quejas en Monreal del Campo por los barros de sus calles, pero también por las bicicletas o carretillos que para evitarlos circulan por las aceras, la velocidad de las motos o las piedras que hay en el campo de fútbol provisional en que juega el equipo local.
Los vehículos a motor empiezan a ser un problema para la seguridad vial de las calles de nuestros pueblos. A finales de mayo se quejan en Calamocha de los “monstruos de la velocidad” que constituyen un auténtico riesgo para los pacíficos viandantes de las calles Real, Castellana, etc. Unas semanas después se adherirán a esta denuncia añadiendo que la responsabilidad recae exclusivamente en los agentes de la autoridad, poniendo como ejemplo de prudencia a José Corbatón Cutando.
Mientras esperan en Monreal el comienzo de las obras para la traída de las aguas y el alcantarillado, alguien ha propuesto el arreglo del piso de “nuestras cochambrosas calles” por los propios vecinos con ayuda del Ayuntamiento. Sin olvidar el enorme socavón producido en el cruce de la Av. San Juan Bautista de La Salle con la carretera del Carmen[30].
En junio se habla en Olalla del proyecto para la traída de aguas al pueblo y se van a reanudar las obras de adaptación de la lonja pública para dependencias municipales, así como el adecentamiento del horno público.
Aprobados por la Comisión provincial de servicios técnicos el proyecto de urbanización parcial del Ayuntamiento de Calamocha, quiere éste salir al paso de las críticas que está haciendo circular la oposición municipal. Al efecto el 16 de junio se reunió el alcalde Tomás Yago con los solicitantes de viviendas para comunicarles la noticia y denunciar a quienes desean estorbar el proyecto, “Tengo argumentos para los que quieren creer, pero para los que no quieran no tengo ninguno”. Considera calumnioso lanzar la acusación “que iba a ser la ruina del pueblo”, y recuerda:
“De quienes nos precedieron ninguna obra que yo sepa ha quedado, para 100.000 p. que entregaron, hasta ahora no se ha visto para qué, hubieron de concertar un préstamo a 30 años que con intereses y gastos queda convertido en más de 200.000 p. En el tiempo que llevamos tampoco hemos hecho nada, pero a pesar de las subidas de precios, aumento de salarios e implantación de la Ayuda familiar que supone una cantidad muy considerable, no tendríamos que recurrir a nadie para hacer frente a aquella cantidad”[31].
Los proyectos van por buen camino, y pone como ejemplo a “esos municipios que sin patrimonio van realizando a gran ritmo sus aspiraciones muy loables y dignas de imitarse a pesar del estado de su pasivo”. En cualquier caso, nos sirve para confirmar que en el municipio no se daban adhesiones inquebrantables por aquel entonces.
También se quejan en Monreal a mitad de junio que los trabajos a concejada para traer el agua a las fuentes se hacen en este tiempo “con la faena que hay” en el campo. Alguno larga que “allí no van más que a descansar, ¡no dan picada!”, pero peor sería hacerlo en septiembre con los azafranes y las uvas.
La presencia en el baile de Torrecilla del Rebollar del novio de Piedad Garcés el domingo de Pascua, motivó que los mozos del pueblo solicitaran “amistosa y caballerosamente, siguiendo una rancia costumbre local, la ‘manta’ al novio […] estando ilusionados que les será dada el próximo domingo”.
Nada que ver los gamberros que “rondaban” cierta noche de primeros de julio en Monreal, con las antiguas rondas nocturnas de joteros perfectamente organizadas que con voces bien timbradas daba gusto escuchar.
Durante las celebraciones del 18 de julio se inauguraba en Villafranca del Campo dos viviendas para funcionarios (médico y secretario) que costaron 130.000 p.
Se queja una Monrealería a finales de julio de las criadas de casa, “Con eso que andan algo escasas te hacen la burla todo lo que quieren. La que tenemos actualmente en casa (y no muy segura) viene cuando quiere y se va cuando le da la gana”. En el número siguiente matizará el autor estas opiniones.
Los trabajos de la mujer en el campo en los días de la recolección de la cosecha, dejando “la aguja y los pucheros para tomar con valentía los utensilios impropios de su sexo”. No le convence al autor (¿autora?) que “todo esto sea debido a la pobreza de nuestro suelo y el tan cultivado egoísmo de nuestro agro. La primera disculpa grandemente, pero en cuanto a la segunda habremos de dirigir nuestra más dura crítica al ver a esos varones que consienten el sacrificio, a veces infrahumano, de un ser que está destinado a misiones tan elevadas como son el gobierno de un hogar y la educación cristiana de los hijos”. Si señor, una temprana y decidida defensa de los derechos de la mujer[32].
Dos ancianos de Navarrete, “pañuelo a la cabeza y alpargatas miñoneras”, evocaban tiempos pasados cuando “se rondaba más que ahora. Generalmente organizaban la ronda los viejos: cuatro guitarras, un guitarrico de cuatro cuerdas y un acordeón. ¡Toda la gente salía a las ventanas!” La luz eléctrica llevaba ya en el pueblo más de veinte años, la mitad de las personas aproximadamente eran analfabetas, “Y es que antes no se iba a la escuela. Los padres no se preocupaban más que de hacer trabajar a sus hijos y mandarlos a cuidar borregos […] Hace cuarenta o cincuenta años nos visitó la viruela y causó muchas muertes. Hoy se muere menos gente que antes. ¡Con la penicilina …! Pero es de notar que las naturalezas van perdiendo, a pesar de que, por lo común, se come mejor y se lleva una vida más holgada”. No quieren que se haga el pantano de Lechago pues tienen tierras en la Cotana[33].
Importantes obras de reforma y ampliación tienen lugar en el Centro recreativo y cultura Casino de Calamocha proyectadas por Mariano Albero, paralizadas por el corto mandato de Juan Ibáñez Ibáñez y reemprendidas ahora en agosto por Luis del Val Esteban, bajo la dirección técnica del escultor calamochino Vicente Cutando Pamplona y del escayolista de Teruel Manuel Lázaro Bellido. La inauguración de las obras estaba programada el 12 de agosto, y ahora a esperar que se use la biblioteca o se organicen ciclos de conferencias, veladas teatrales o actuaciones musicales[34]. No quedó muy satisfecha la Junta directiva, pues a renglón seguido envió una Carta al director firmada por el presidente Luis del Val puntualizando varios extremos. Todavía volverá sobre el asunto a finales de agosto Germán Reguillo como director de Jiloca, lamentando la publicación en el semanario de un anónimo y destacando de paso la labor de la directiva actual que ha dejado un Casino que hace exclamar a algunos visitantes, “Parece como si de pronto dejáramos de estar en Calamocha”. Y remacha: “Un casino puede y debe jugar un papel importantísimo en la vida social de Calamocha sin anacrónicos prejuicios de clase o de casta”.
Huérfana de padre y madre, Paquita Lacueva se hizo peluquera en Zaragoza y Valencia y regenta ahora en Calamocha el establecimiento de moda. Rechaza que la peluquería sea un lugar de cotilleo para la mujer, pues se habla de todo “cines, modas, etc.” También de los chicos, pero se reserva las opiniones en la entrevista que le hacen a finales de agosto.
El aparato de radio, un lujo hace solo 15 años, se está imponiendo en toda la comarca:
“[…] se ha transformado en una necesidad social. Nadie queremos ser menos que nuestro vecino […] para ingerir esas pequeñas dosis de cultura en el revoltillo de seriales radiofónicos, discos de Machín, del Niño de la Puebla, etc.
Concretamente en Calamocha ya quedan muy pocas casas sin aparato de radio. Se calcula en más de 250 y en la comarca uno por cada 15 habitantes, siendo Bello, entre los pueblos de la sierra, quien encabeza la lista. En los pueblos, claro está, juega un papel importantísimo la circunstancia de no tener otras diversiones más a mano.
Pero las amas de casa prefieren la lavadora antes que la radio, y eso que se tropieza con la dificultad del bajo voltaje y la falta de agua potable […] También la máquina de afeitar tiene buena aceptación. Solamente en Calamocha, y en poco más de dos años, ya habrá más de un centenar. Y cada día la demanda es mayor”[35].
Problema de orden público en Villahermosa del Campo. Un vecino alumbra aguas en un pozo de su propiedad, hace unos arreglos y solicita que los ingenieros vengan a inspeccionarlo:
“Alguien propone una fórmula desafortunada: que las mujeres y los niños hagan una protesta ruidosa al margen de todo procedimiento legal; 16 mujeres y una niña cumplen la instigación del otro. Resultado: un ligero tumulto y unos pequeños daños […] Días pasados se celebró el juicio y en el mismo se dictó ya sentencia: entre otras penas se imponen multas por un total de 15.650 p. Un hombre y 16 mujeres con los condenados. Además indemnizarán los daños causados y tendrán que pagar las costas. En resumen: mal negocio para el consejero y para los que hicieron caso de sus proposiciones”[36].
A primeros de octubre proponían para paliar el pésimo suministro eléctrico que padecían en muchos pueblos, con tímidas bombillas en las calles y con la luz del candil en las casas por la noche, que formalizar una queja los vecindarios, ayuntamientos y encargados de la luz pública ante el Gobernador para que tomara cartas en el asunto, sustituyendo las empresas incumplidoras por otras de más garantías.
El éxodo de los pueblos a la ciudad es una realidad imparable. Numerosas familias abandonan los pequeños pueblos ante un horizonte poco prometedor y marchan a los cinturones industriales que comienzan a aparecer en las capitales. Desde Jiloca se reconoce la necesidad, pero se advierte del riesgo de esperar allí “eldorados” ficticios y debe ordenarse esta emigración. “En la pasada reunión sindical celebrada en Calamocha ya se trató este problema que asimismo preocupaba en el Gobierno civil[37].
Los tiempos cambiaban como reconocen unos Retraticos de octubre que recuerdan que se vivía más en comunidad en los pueblos, celebrando con los vecinos los matacerdos o la tradicional hoguera de Santa Lucía. Tampoco eran raras las bromas con los que llegaban de los pueblos como sucedía con uno de Lechago al que pintaron la burra de negro o a otro de Odón que habló con el ministro francés a través de un envasador.
Entre bromas y veras en el Chispa que va y viene salen a relucir durante el viaje las conversaciones de la gente de los pueblos: la gripe, las influencias, los estudios y hasta los cohetes artificiales que enviaban los rusos al espacio con la perra Laika dentro de uno de ellos.
Para recaudar fondos para los damnificados de las inundaciones de Valencia, el antiguo torero tudelano Isidro, 29 años, recorre en bicicleta el trayecto desde su ciudad a la de Valencia con la ayuda del Frente de Juventudes, un preparador ciclista que lo acompaña y las autoridades de los pueblos de la ruta. A su paso por Calamocha a finales de noviembre llevaba recorridas 15 etapas de 23 km.
Debía usar a menudo el automotor y debía, tal vez, ser uno de tantos novios que los domingos tomaban este medio de locomoción desde Teruel para acercarse a ver a su amada a Santa Eulalia, de donde retornaba en el último de la noche a esperar una semana más. Bella descripción de estos noviazgos ferroviarios la que nos deja José Hernández Benedicto[38].
Aumentan a final de año las pequeñas noticias de los pueblos. De Monreal se cita la presencia del director del Banco Aragón de Segorbe Gonzalo Roche, la estudiante de veterinaria Carmina Sánchez, las celebraciones del Día de la Madre, el sorteo de los quintos que terminó rondando con una carroza y el arreglo de los baches de la carretera de la Estación. De Alba del Campo la presencia de varias señoritas en el “automor del amor”, de Santa Eulalia la pausa en la Azucarera de la recogida de remolacha, de Villafranca el buen aspecto de la cosecha de cereales, de Villarquemado los tres mozos sorteados que deberán ir a África, el cine que ha montado la empresa de las Minas en Ojos Negros y algunas noticias de la Alcaldía de Calamocha[39].
En uno de los últimos números recuerda el redactor su infancia en Santa Eulalia con los motes de sus amigos y los juegos con cascos hechos con botes de hojalata y capas hechas con sacas de Correos, la búsqueda de balas de la pasada guerra, la construcción de carros con ruedas hechas con discos de la estación, las bromas a los veraneantes valencianos de paso a Bronchales, los castigos del maestro D. Luis (¿Ureste Rabadán?), las excursiones dominicales a El Viso con los carros, patines o aros, o los bailes encaramados a las ventanas cuando cantaba Romero “Morena de la trenza rizada”[40].
También desde Calamocha se formulan a final de año quejas sobre el deficiente alumbrado público con bombillas de poco voltaje espaciadas 30 m. Se solicita que se reduzca la distancia a 8 m. y que se distribuyan por igual en las calles importantes y en las que lo son menos.
Más de 1.500 aparatos de radio habían adquirido los vecinos de Torrijo en los últimos años, expresión de las buenas cosechas de azafrán, remolacha y cereales, consecuencia también del esmerado cultivo de sus tierras y del creciente uso de abonos y fertilizantes químicos[41].
En el último número del año se trata de los estudiantes que retornan al pueblo para pasar las vacaciones de Navidad, de la comparación que pueden establecer entre la vida urbana y la rural. Una estudiante de Filosofía en Madrid habla de los prejuicios localistas que solo podrán superarse desarrollando “una profunda transformación humana” que elimine “el complejo de convencionalismos absurdos que encuadran la vida de nuestro pueblo y sus alrededores”. De todas formas opina que “el estudio, como proyecto profesional, es tarea que corresponde a los hombres. Nuestro puesto de mujer está, por encima de todo, en la función familiar para que fuimos creadas”[42].
En el Barrio Bajo de Monreal del Campo fue a parar en los años 20 una nueva clase social, una pequeña burguesía rural que liquidó el viejo caciquismo de los señores de la plaza Mayor y que se elevó sobre los míseros siervos del Barrio Alto. Pasaron de depender de los feudos a ser propietarios con un espíritu abierto sin los abusivos prejuicios de pasadas épocas. “Por todo ello, las gentes del Barrio Bajo han tenido siempre una superestimación general, rodeada de un contenido de extraordinario respeto […] intensificaron su trabajo, ampliaron sus haciendas, mejoraron los cultivos, explotaron los ganados, hasta que el rápido ascenso colmó su estímulo activo y se abandonaron al muelle de su vida”[43].
1958
Si la gente del barrio Bajo fue la primera en emanciparse del poderío de los señores de Monreal del Campo, otro tanto hizo la población femenina del barrio Alto apoyada en su carácter “decidido y grácil […] abierto y despejado […] emperadoras en lavaderos, hornos, bailes, calles y plazas, y en cuantos comicios femeniles se desarrollaba en la vida de los pueblos”. Con la ventaja, suprema, que al barrio Bajo todavía no llegaban las rondas de los mozos. Solían por ello ser motivo de críticas y de envidias que dieron lugar a coplas como “Si pasa por el barrio Alto / y sales sin criticarte, / haces cuenta que has pasau / el infierno sin quemarte”[44].
En el mismo número aparece un artículo sobre el “rascacielos” que se construía en la plaza España … de Monreal del Campo. El autor se une al resto de vecinos que hace cábalas sobre el destino de obra tan grande para la localidad: cine, sala fiestas, clínica … con un palomar en todo lo alto.
Tristes encuentra a nuestros pueblos Hernández Benedicto, “la incertidumbre […] la pequeña mezquindad que corta su progreso social […] los absurdos convencionalismos que limitan la vida local […] ¿Y la emigración de la juventud? Que necesaria, que estupenda es esa emigración si nos abre el camino para tornar con la alegría que aquí no hemos sabido crear”[45].
Según la nota parroquial emitida al comenzar el año, durante 1957 hubo en Monreal del Campo 63 nacimientos, 31 defunciones y 22 matrimonio. También se habla sobre la contratación del suministro de luz con la empresa Eléctricas Reunidas. Mientras tanto en Torrijo en el baile dominical “se emplea un magnífico tocadiscos en lugar de la orquesta que lo venía haciendo con dificultades notorias”.
No se hallaba muy animada la juventud de Báguena a comienzos de año, por eso lo estimula a buscar “una diversión deportiva, alegre y moderna […] Porque en mi pueblo el joven que quiere divertirse ha de salir fuera y volver tan aburrido como Salió, pero un poco liberado de los prejuicios locales que coaccionan su sano criterio y su justo deseo de la alegría que no tiene”.
A la mujer se dedica un Jiloca de enero, glosando en el editorial cómo “junto al amor de la estufa, cantantes y alegres, las mozas de cada casa, aguja y canción, novela radiada e ilusión amorosa, van tejiendo a diario las cotidianas horas de su tarea doméstica […] Bordando ajuares y amores las vemos, en la paciencia diaria, entre el chisme de las amigas o la suspicacia femenina de sus años en flor”[46].
En la entrevista que hacen en ese mismo número a dos mozas de Monreal, al responder sobre sus problemas reconocen “La escasez de un sentido pleno y certero para conjugar nuestra función en el hogar y en la vida”, están de acuerdo con la práctica del deporte femenino y en la preferencia de las ciudades para vivir.
Por temor a ser reconocidas, un grupo de chicas que ocultan sus nombres y el de su pueblo se quejaba en Jiloca que los mozos “solo se dedican a gamberrear o a emborracharse en meriendas que acaban de mala manera, sin acordarse de que estamos chicas jóvenes que merecemos cierta delicadeza, al menos por nuestra condición de mujeres”. ¿Y los forasteros? “Los tratan de tan mala manera que cuando viene alguno no puede moverse. Lo insultan, se meten con él y a veces se tiene que ir con palos y con mal recuerdo”[47]. La carta será contestada prometiendo una mayor preocupación del semanario por la mujer del Jiloca.
Nueva Junta del Casino de Calamocha que salió de la asamblea celebrada el 15 de enero con José María Gargallo Aguarón como presidente que destacó la brillante labor desarrollada por su predecesor Luis del Val Esteban.
La emigración es un hecho que no puede soslayar la hoja. En Báguena la atribuyen a “la sucesión de tantos años de malogradas cosechas […] marcha lamentable porque quiebra muchos sentimientos íntimos. Nuestros paisanos se van a la aventura y dudo que obtengan la sencilla alegría que dejan en el hogar de su pueblo”. Significativamente hay un aviso en la misma hoja de mediados de febrero al Emigrante, para recomendarle que acuda a la Oficina diocesana de migración a recibir información, pues no debe fiarse de terceras personas.
Hernández Benedicto ve sin embargo de otra forma la emigración rural:
“Las gentes de nuestros pueblos emigran a la ciudad porque tienen allí lo que aquí les fue negado: un orden social permanente, unos medios de vida dotados del progreso de la época, cuanto resulta menos que imposible en la notoria escasez de nuestras villas arcaicas, mezquinas y resabiadas […] Anualmente parte de nuestros pueblos familias enteras y […] brazos juveniles muy aptos para el trabajo, pero ni un palmo de tierra se queda sin cultivar ni la cultivaba se hace en condiciones inferiores, por el contrario, nuestros campos florecen como nunca y abundan regadíos donde no existían, que requieren dedicación más cuidadosa y laboriosa […]
Socialmente la emigración abre puertas que se tenían demasiado cerradas y, los que se marchan, conviven en medios nuevos, aprenden sistemas mejores de vida, desechan los antiguos resabios pueblerinos […]
Me consta que la solución teórica de muchos está en implantar por cada pueblo industrias complementarias y derivadas que retengan a esos sobrantes. Perfectamente, mas los que así opinan que lo hagan, pero que no se irriten de tal modo cuando los pueblerinos invadimos la ciudad”[48].
Para el monrealense Antonio Pardos Plumed la fama que tiene su pueblo de “adusto y pendenciero es totalmente falsa. Quizá lo fueran en épocas pasadas, pero hoy es un pueblo abierto y conviviente con cuantos vengan sin mala fe […] Gentes laboriosas y sufridas que se contentan con bien poco y ponen en general buena voluntad en todos sus actos”.
Marcha a Teruel un grupo de 13 mozos al reconocimiento médico contratados para sembrar remolacha en Francia. “Yo estoy por allí una temporada y me gano cinco o seis mil duros y mejor que aquí con un día de faena y otro de fiesta […] en Australia a la caña de azúcar dicen que pagan 400 duros a la semana […] lo peor es que son muchos días de barco. Un mes que ya vale”[49].
Por fin parecen resolverse los problemas de la iluminación nocturna en Monreal, pues la red eléctrica local iba a ser adquirida por Industrial Eléctrica Madrileña. También a mediados de abril se culminaba el “rascacielos” de esta villa con la colocación de la veleta pararrayos y unas decorativas palomas en el tejado. La industria turolense Lázaro fabricaba las butacas de la sala de cine que allí se iba a instalar. En el mismo número se comenta la moda que ha surgido entre la población juvenil femenina de la “generación de Coca-Cola” del “abrigo de entretiempo”.
La fuente de La Linda de Monreal recibe los domingos por la tarde cuando llega el buen tiempo la visita de niños y niñas que juegan en sus alrededores. Pasan ellas corriendo “la canal del río”, mientras cantan o comen su regaliz antes de merendar, mientras ellos hacen sus látigos o sus barcos chinos en las junqueras. Después del Rosario allí acuden también las señoras, van despacio, procesionalmente, dando tiempo a “hilvanar sus chismes de antaño y el atractivo cotilleo de los novios de ayer, de hoy y de siempre”. Algún padre de familia se aventura también para distraer a su prole. Por fin se incorporan a la ruta las parejas de novios, “se paran en la fuente o siguen a Villa-Cadima. Hablan, se miran, se quieren”[50].
El editorial anuncia la llegada del mes de mayo con sus romerías, paseantes de atardeceres, niños en bicicletas, meriendas dominicales, arranque de cebollas de azafranes, corros de esfarfollar y la alegría por la esperanza de la cosecha.
Cuando a finales de abril se entrevista a Hernández Benedicto, al referirse a las obras que se realizan en los pueblos por el sistema de concejada, “maravilloso cuando se hace con ciudadanos de los que no existen. Así la prestación de jornada es absurda porque cada cual, el día que le corresponde, trabaja lo menos posible y además desatiende lo suyo. Es necesario poner una prestación de obra, con lo cual cada uno realizará una obra determinada, y como lo hará antes volverá a su trabajo y habrá producido más”[51].
Por una bronca entre los mozos y la orquesta se suprimía a comienzos de mayo el baile dominical de Santa Eulalia. Aquellos protestaban por que no se complacían sus peticiones de piezas y por los descansos tan largos que se tomaban. “Las favorecidas son las chicas de los pueblos de alrededor donde cada domingo salen en grupos numerosos jóvenes de la localidad”.
Entre las aspiraciones de Villafranca, al decir del Jefe local del Movimiento a finales de mayo, se encuentra la de construir viviendas para los funcionarios, también quieren pavimentar las aceras y mejorar el acceso a la carretera general, pues el pueblo ya de por sí está bastante bien comunicado. Lamenta, eso sí, “esa pequeña mezquindad tan terrible para la convivencia de nuestros pueblos, que mata energía en chismorreos y simplezas a la vez que siembra enemistades y oscurece en mucho la unidad social necesaria para toda actividad pública.
La reseña de una boda rumbosa celebrada en Navarrete el 24 de mayo nos sirve para conocer que tras la misa, los contrayentes recorrieron al frente de la comitiva de invitados las calles del pueblo acompañados por la orquesta traída al efecto. Siguió un refresco para los doscientos invitados, baile de la mañana, “comida de bodas abundante” y el baile de la tarde.
La costumbre de las bodas de Santa Eulalia exigía que la comitiva del contrayente se acercara a la casa de la novia para esperarla y acompañarla a la iglesia. En el banquete del enlace Blas-Elena (300 invitados) celebrado a finales de junio, la madrina obsequió a los invitados con bolsas de dulces, mientras el padrino repartía puros a los señores. Al final los joteros de la localidad improvisaron coplas picarescas durante buena parte de la tarde.
En el Boletín oficial de la provincia se publicaba el 25 de junio el concurso-subasta para la construcción de una Casa cuartel de la Guardia Civil en Calamocha, con doce viviendas y un presupuesto de 1.603.131’46 p. y 14 meses de plazo de ejecución.
Afloja el calor del estío y los calamochinos pasean por la calle Real. Son cosas y juegos que hemos vivido personalmente:
“Los chavales se divierten con sus juegos a la luz de un rojo tibio frente al Banco Zaragozano. Otros con visos de intelectualidad, adivinan el número que has pensado del uno hasta el cinco o rodean al señor aquel que había sufrido una avería en la moto. Y los de espíritu más guerrero leen tebeos bajo una farola. Y todos ríen con la felicidad entre las manos que además puede llamarse sable, pistola o caballo de cartón.
Los no tan críos empiezan sus primeros escarceos amorosos con un poco de miedo de que el papá asome las narices por la esquina. Y los mayores pasean formalmente”[52].
La víspera de Santiago tuvo lugar en el Casino de Calamocha la verbena de costumbre, amenizada en esta ocasión por la “afamada orquesta local Iris que con sus ritmos alegres y modernos deleitó al numeroso público”.
La gran novedad de las fiestas de Santa Ana de Barrachina lo constituyó la inauguración de la “nueva eléctrica” (Eléctricas reunidas de Zaragoza), que ahora suministra la luz “de una manera inmejorable”.
Con sus 800 habitantes Navarrete del Río está resolviendo sus problemas como pueblo. Allí “no hay lo que pudiéramos llamar pobres, porque todos los obreros tienen su jornal diario y como complemento unas extensas canteras de yeso que explotadas en época de poca faena por los vecinos en general, les da buenos cuartos”. También gracias a la ayuda generosa de “un ilustre y buen señor, sin cuyo apoyo muy poco hubiéramos podido conseguir. Se trata del insigne don Justino Bernad Mendes y de su distinguida esposa, ya que gracias a su generosa ayuda muy pronto veremos convertidas en realidad nuestras seculares aspiraciones”. Son “los ángeles tutelares del pueblo”. Está ya aprobada la instalación del teléfono con un presupuesto de 76.100 p. sin contar el hilo de cobre que regala D. Justino y esposa que importa 15.018’70 p. Pondrán una centralita de diez líneas para atender ocho peticiones de abono que ya está rebasadas. El problema principal está en la traída de aguas pues en verano se seca la fuente y han de proveerse de manantiales bastante distantes del pueblo. Han proyectado la captación de aguas de la fuente Estuc en el término de Cutanda, con un presupuesto de 600.00 p. Posteriormente quieren abordar la pavimentación de la plaza Mayor y la instalación de una serie de bancos alrededor de la famosa olma[53].
En Calamocha están satisfecho de la actividad municipal a la altura del mes de agosto, se ha construido un campo de fútbol y la plaza de toros está ya bastante adelantada. En ambos casos ha trabajado desinteresadamente la juventud del pueblo. Ante algunas voces críticas que surgen el anónimo cronista censura su actitud.
Va pasando el verano y “Cuando septiembre va a nacer hacen fila interminable los carros de grano en los silos y almacenes, se afeitan los rostros endurecidos de sudores, se amonestan amores en los altares y se proyectan las fiestas mayores en cada plaza, amasadas de amor al trabajo sencillo y duro de cada día”[54].
Un bando de la alcaldía de Monreal prohibía el baile espontáneo que los jóvenes practicaban en la puerta de un baile público en la carretera de Molina, por el intenso tráfico de la zona y por la proximidad de una curva peligrosa.
Convocados por el Colegio oficial de secretarios, se anunciaba la próxima reunión en el Ayuntamiento de Calamocha a mediados de septiembre, del tercer Círculo de estudios de administración local. En la misma los secretarios municipales de todo el partido judicial debía tratar sobre la forma más eficaz de trasladar a nivel local las disposiciones que emanaban del Gobierno en cada momento.
Dentro de la laboriosidad general del mundo rural, destaca el pueblo de El Poyo por sus gentes tan trabajadoras:
“Aquí no hay señoritos, no hay hombres que vivan de renta. Por no haberlos en absoluto, no hay ni funcionarios siquiera que habiten en el pueblo. Aunque se los merezca su número no tan ridículo de habitantes como la mayoría de los municipios de la provincia que los poseen.
Pero el nivel de vida es aceptable. Entre los vecinos ha desaparecido ya el criterio de la casa antigua sin ventilación e incómoda […] veréis nuevos la mayoría de sus tejados. Los corrales se van haciendo proverbiales. Que lo digan esos negociantes que cada mañana aparecen en la plaza Mayor con sus jaulas vacías que con toda seguridad se han de llenar de pollos, conejos patos … Los corrales de El Poyo, cada casa tiene el suyo amplísimo, son una manifestación más de la laboriosidad de sus vecinos en esta pequeña industria casera.
La fuente de este bienestar está en la huerta bien explotada […] En el término pequeño del pueblo nacen muchas fuentes. Otras muchas ha habido que abrir, con esfuerzo, en la entraña de la tierra. Y los pozos modernos llevan el agua donde el Jiloca no puede auparse por sí mismo. Y con el agua, el trabajo y la fertilidad.
El Poyo además tiene vino, un vínico suave envidia de los de la comarca. Y tiene frutales. Frutales inciertos por las heladas de primavera. Y tiene la promesa de dos minas en principios de explotación. Y para no faltarle nada, sobre el pueblo hay unas ruinas. Un poblado antiquísimo, que nos pregona que, desde siempre, ha sido agradable la vida en estos parajes […]
Y está esperando un poco de hilo telefónico que le una rápidamente con el resto de España. Y está esperando de las máquinas de electricidad, que en el mismo término hacen ruido y de nuestro río sacan el agua, que tengamos luz por el día”[55].
Se queja un editorial a mitad de septiembre del “estado actual de la mayoría de nuestros pueblos: sin escuelas amplias y saludables donde la enseñanza pueda dar su fin perfecto, sin alcantarillados, con calles polvorientas o embarradas, con riegos desordenados por suciedad de conducciones y abandono de cienos”. Problemas muchos de ellos factibles de resolver sobre la base de la buena voluntad de los vecinos. Sobran a menudo críticas y falta colaboración activa.
Desde Monreal comunican que ya está concluida la instalación de la nueva conducción de aguas que las trae desde el Majuelo a la calle Mayor. La obra se ha hecho rápidamente por el sistema de destajo. Inicialmente se intentó hacer a concejo por prestaciones personales, pero, visto el rendimiento evaluado en 1’75 p. por persona y jornada, hubo que recurrir a las contratas. Ante esta cifra el corresponsal reflexiona en estos dramáticos términos, tal vez todavía dolorosamente actuales:
“Añado a la vergonzosa cifra citada que, en calles y barberías hablaban las gentes de la inactividad del Ayuntamiento y autoridades. Aquellos, los que de las fuentes hicieron comidilla de taberna, censurando la labor desconocida de la autoridad, fueron los que después rindieron en la concejada las 1’75 p. de cada día.
Y es que la mezquindad de nuestros pueblos llega hasta lo indecible. Todos opinan desde el asiento de bares y tabernas la perfección pública de lo que conocen y de lo que ignoran, pero a la hora de la realidad, cuando hay que hacer fruto del esfuerzo personal, otra vez y siempre, con amargo dolor, con vergüenza, tenemos que proclamar que el mal, profundo de nuestro pueblo, y de muchos más, es la falta de calidad humana que nos lleve a unir esfuerzos en una colaboración en pro del común beneficio.
Los que se quejan a diario de lo poco que tenemos y proclaman hacia afuera su puritanismo falaz, vale más que poniendo la mirada a su aptitud reconozcan en su culpabilidad las acusaciones que profieren contra los otros.
No hay vuelta de hoja, señores. O los pueblos en estrecha comunidad consiguen beneficios públicos, con el sacrificio de todos, o se hunden en la mezquindad de los inactivos […]
El necio que espere todo de ese ‘arriba’ imaginario, peor para él. El ‘arriba’ de la autoridad da a quien más lo merece, o al menos, a quien menos lo desmerece, y nosotros estamos al fin y fuera de todo círculo de merecimiento”[56].
Más animados se encuentran en Rubielos de la Cérida, ese pueblo serrano que con su alcalde Ángel Ocón Ramo y la ayuda del teniente coronel de Aviación que allí residen Mauricio Ramo Simón, pugna por alcanzar unos mínimos niveles de modernidad. Han inaugurado recientemente una fuente pública que supone un kilómetro de traída del agua desde la fuente del Pez, dos abrevaderos y otro en construcción, de gran importancia para un pueblo ganadero, o la aprobación de un grupo escolar y viviendas para los maestros. Pero la gran asignatura pendiente está en lograr la luz eléctrica para el pueblo que esperan lograr a lo largo del año venidero, lo mismo que la rectificación de la entrada al pueblo para evitar los obstáculos que plantea en lo más crudo del invierno[57].
Por fin el 19 de septiembre se reunían en Calamocha los secretarios de Administración local del partido judicial para celebrar su tercer Círculo de estudios. Bajo la presidencia del secretario de Calamocha Víctor Martínez Ramiro, asistieron 22 que presentaron las siguientes comunicaciones[58]:
- José Fortea Gayet (Ferreruela de Huerva): “Concepto y clasificación de los bienes municipales”
- Segundo Blasco Sorbed (Fuentes Claras)
- Secretario de Lechago
- Juan Pérez Arnau (Báguena): “Comentarios al Reglamento de servicios de las corporaciones locales”
- Paulino Martínez Pérez (Navarrete del Río): “Exposición de la legislación vigente sobre establecimiento de bibliotecas municipales”
- Fidel Castillo (San Martín del Río): Adquisición de un local para el Colegio provincial
Un pequeño accidente ferroviario que no tuvo más consecuencias que algunos daños materiales, tuvo lugar el 20 de septiembre en la estación de Caminreal.
Ante el aumento de bañistas de ambos sexos que se ha producido este año en el río y considerando que es una costumbre que va a ir a más en años sucesivos, se sugiere al Ayuntamiento de Monreal que establezca:
“[…] normas concretas conducentes a encauzar esta higiénica práctica de modo más moral a como se viene realizando. Tal normativa debiera comprender detalles de vestuario así como zonas de baño femenino y masculino, en evitación de las arbitrariedades que pueden cometerse, y que de hecho se han producido ya en esta temporada”[59].
Desde las páginas de Jiloca se hacen eco a primeros de octubre del accidente de aviación que costó la vida al presidente de la Diputación provincial de Teruel y subjefe provincial del Movimiento, camarada Joaquín Torán Marcos, y cuatro personas más.
Estaban ya a mitad de octubre en plena campaña de azafranes en Monreal. Calculan que “más de dos mil mujeres de los pueblos circundantes y de Castilla se han incorporado a nuestra localidad para la cogida y desbrinado de la rosa. Algunas gastan ya sus haberes en establecimientos ‘Maruja’ que con su excepcional surtido ha sido la sorpresa del año. Los bailes breves de la tarde están muy animados como compensación a la tarea diaria”[60].
Hablando de los juegos de mesa en Caminreal a finales de noviembre se citaban, como no, los tradicionales guiñote, subastado y arrastrado (tute). Sobre el rabino, rami o ramiro sostiene el colaborador que “llegó a estas tierras ribereñas juntamente con el almacén granero que construye la Hermandad sindical de labradores y ganaderos un buen día en que un albañil de su enyesado pantalón […] extrajo de su bolsillo una mugrienta baraja. Y … ¡helo aquí!, dos explicaciones y a jugar”[61].
Por la crónica de una boda celebrada en Villarquemado nos enteramos de algunas costumbres relativas a estas ceremonias:
“Después de su enlace matrimonial canónico, todos los invitados, que eran numerosos, se trasladaron a acompañar a la feliz pareja hasta el apeadero, donde tomaron el correo de Zaragoza-Valencia con el fin de llegar a esta última capital y pasar unos días de viaje de novios. Una vez colocados y acomodados en el Correo los invitados se trasladaron al domicilio de los padres del novio donde se sirvió una suculenta comida. En el Hogar del productor se tomó café, después hubo un concurrido y armonioso baile y con ello terminó este día tan memorable para la familia Torres”[62].
La radio es ya un hecho extendido en todas las casas de la comarca donde se imponen los seriales y novelas. Y esto no ha hecho más que comenzar:
“Usted va a cualquier casa de vecino sobre las 11 un poco pasadas o sobre las 6 y no se le curra decir ¡buenos días! o ¡buenas tardes! Dos mil bocas femeninas en siseo le ordenan callar mientras se oye el tremendo relato de la esposa incomprendida […] y las mil zarandajas del mismo estilo de las que inventa Radio Madrid, para que las señoritas hagan botijines, las matronas lloren y las casas se dejen a medio barrer.
Ahora bien, es un medio de fomentar la cultura. ¿Quién si no había de conocer la importancia del Avecrem, la lata del Colacao o los berridos del locutor? […]
Lo cierto es que la radio ha traído una generosa apertura para las duras mentes de nuestros pueblos […] Por otra parte se augura próxima la televisión. Eso va a ser bandera. Un poco de espera y a organizar suscripciones para compras colectiva”[63].
Termina pronto por la mala cosecha la recogida de la remolacha y desde Francia se reclama la presencia de jornaleros con un sueldo entre 250 y 300 p. por día trabajado que, en una campaña de 35 ó 40 días, suponen unas 14.000 p. de trabajo “a destajo aguantando la lluvia, el barro y la cocina francesa”. Dinero que viene muy para preparar el invierno. Sirven también estas campañas para conocer mundos más ricos que permiten otro ritmo de vida, otras diversiones que contrastan con la pobreza de nuestros pueblos. Por eso no es extraño que muchos de estos temporeros de la remolacha francesa acaben marchando de su tierra a las ciudades industriales, donde, tal vez, engrosen “esos miles de inadaptados que toda ciudad cuenta en el censo de sus habitantes”[64].
Santa Eulalia sigue congregando jóvenes que llegan los domingos de los pueblos de alrededor, incluso se detecta la presencia a algunos gamberros llegados desde la capital provincial.
Por fin se inician los trabajos en Rubielos de la Cérida a finales de año para llevar allí el alumbrado, proyecto en el que tanto se han esforzado el alcalde Ángel Ocón y el malogrado teniente coronel Ramo.
Alusión en diciembre a los bailes de pueblo de antes, donde con “Tres perras de entrada con derecho a vino, bailar y sacar del baile a la bailarina que no correspondía al requerimiento de bailar, y además con el aplauso general que para eso se iba al baile: para bailar […] ahora es diferente. Cada moza lleva, cuando va al baile, una bonita colección de calabazas”.
1959
El Ayuntamiento de Calamocha se planteaba en enero colocar un potente altavoz en el campanario para difundir los bandos de policía y buen gobierno. También gestionaba la compra de la Dehesa boyal o de los Marinas, vieja aspiración del pueblo desde los tiempos de las desamortizaciones.
Marchan los quintos a mitad de enero a Teruel en el Chispa para el sorteo. Trajes de pana, saquillos con la merienda, bota de vino, canciones, voces altas … esperanza y buen humor. Una vez en la capital vibran los teléfonos y telégrafos con la noticia de los destinos en la península o en África. Pastas y alegría en el primer caso, tristeza y lágrimas maternas en el segundo. “Pero, desde hace algún tiempo, son más las pastas y menos las lágrimas […] Pastas y lágrimas, jotas de quintos sorteados, bailes de pronta despedida, consejos de veteranos, relatos de padres y abuelos, atontamiento de hijos y un mundo nuevo que empieza a nacer en la imaginación de otra generación que ronda y canta, trabaja y espera”[65].
El 15 de enero tuvo lugar la Junta general ordinaria del Casino de Calamocha que procedió a renovar parcialmente su Junta directiva. A finales de mes funcionaban ya los altavoces situados en la torre calamochina, “se acabó el vocear del alguacil por las esquinas”.
Sigue siendo el de la vivienda uno de los problemas más graves en Calamocha, donde los funcionarios que llegan deben pagar alquileres de hasta 750 p. o alojarse en “casuchas” que no reúnen las mínimas condiciones de decoro e higiene. Tres años atrás el Ayuntamiento aprobó un Plan parcial de urbanización con el objeto de levantar 105 viviendas de renta limitada con la ayuda del Grupo sindical, sin embargo finalmente nada había podido hacerse, por lo que en febrero insistía Jiloca en recordar el problema.
Otro marzo y otra vez la quintada con “el árbol en la plaza del pueblo, al gamberreo consentido, los bailes de despedida, el sorteo, más bailes y ahora las novias por la carretera jugando a viuda solemne”.
Cuando en marzo se hallaban ya en pleno funcionamiento los altavoces municipales que anunciaban los bandos desde la torre, hay opiniones encontradas entre los vecinos. Para unos solo propagan ruidos infernales, mientras para otros (entre los que se alinea el semanario) es la modernidad que en unos minutos transmite la información que obligaba al “anacrónico pregonero a recorrer esquina a esquina a golpe de ‘chufleta’ o tambor toda la villa”[66].
Entre los proyectos que a últimos de marzo impulsa el Ayuntamiento de Torrecilla del Rebollar figuraba el de levantar un edificio con casa para el secretario y otros funcionarios municipales, Juzgado de paz, etc., con un presupuesto de 400.000 p. También allí se dejaba notar la influencia de la corriente migratoria, por un lado de los jóvenes atraídos por la vida moderna de las ciudades, por otro el de familias numerosas que aspiran a ampliar el porvenir de sus hijos.
Sale a concurso en Calamocha en abril la extracción de 150 m3 de piedra para terminar la plaza de toros, mientras tanto se encuentra pasando unos días en la villa el fundador de Jiloca Germán Reguillo.
José Ramo Roche habla de su pueblo El Villarejo de los Olmos, sus problemas y sus aspiraciones. Pese a estar a solo 9 km. de Calamocha “está completamente incomunicado por cuanto no dispone de carretera ni camino vecinal acondicionado, viéndose obligados sus habitantes a tener que hacer sus desplazamientos y transportes por rutas poco menos que intransitables para los carros, único vehículo de uso”. Hay un proyecto de camino hasta la carretera de la que dista un poco más de tres km., cuyo “presupuesto no rebasa del millón de pesetas, pero desconfiamos de la realización del proyecto, porque no sé cuánto hace que figura incluido en el Plan provincial de construcciones” de la Diputación provincial. Sin embargo el pueblo tiene viviendas modernas con corriente eléctrica, fuente y lavadero en el centro del pueblo, asimismo de reciente construcción. Viven 45 vecinos que disponen de una escuela mixta con casa para la maestra, iglesia restaurada hace poco, cosechan casi una tonelada de cereales invirtiendo de 15 a 16 vagones de fertilizantes. Pastan en el momento sobre 2.200 reses lanares “de la mejor calidad de la comarca por sus buenos y abundantes pastos que produce el extenso monte.- Entre los dos montes de propios suman 900 Ha. de extensión superficial, dando leña de rebollo y sabina”. Ante el espejismo de la emigración a las ciudades el autor del artículo pone como ejemplo la vida rural de El Villarejo[67].
Por fin en el mes de mayo llegaba la luz eléctrica a Rubielos de la Cérida.
Explosión de júbilo en Navarrete el día de Pentecostés por la inauguración del abastecimiento de agua procedente de la fuente Estuc a más de 6 km. de distancia, sufragado por el bienhechor de la localidad D. Justino Bernad Méndez y su esposa Dª Maruja Moreno, además de la colaboración de los vecinos para abrir la zanja y del albañil Pablo Ruiz ayudado por su sobrino. También era motivo de satisfacción la instalación del servicio telefónico, gracias a las gestiones de Justino y al hilo de cobre que proporcionó en mismo D. Justino. Hubo rondalla en su honor por las calles de la localidad y el correspondiente refrigerio.
Después de siete años en el Aeródromo de Calamocha, el 23 de mayo se despedía a Francisco Corredor con una cena en Casa Cutando con motivo del traslado a Valencia de este radiotécnico.
Triste sin embargo el suceso que embargó a toda la villa de Calamocha en la tarde del 6 de junio cuando se constató la desaparición de la niña Manolita Roy Visiedo en las inmediaciones del Jiloca. Movilizada la población, poco después se hallaba en el molino de Algás su cadáver ante la consternación de todos.
En la entrevista hecha a Antonio Serrano Climent, 15 años en la delegación local de Frente de Juventudes de Calamocha, 6 de concejal y ahora responsable de las comisiones de Fomento y de Festejos, comenta la importancia del proyecto de abastecimiento de aguas y alcantarillado, la compra de la dehesa de los Marinas que constituye una gran inversión, el presupuesto de ingresos municipales que oscila entre las 600 y las 700.000 p., la culminación del coso taurino, las nuevas instalaciones que se pretenden para el ferial y campos deportivos, reformas en la alineación de las calles, fomento de nuevas viviendas, etc.[68]
Notas
[1] ANÓNIMO (1956): ¿Existe el Jiloca? Jiloca, 1, 16 enero, 1-2
[2] LUCHA (1956): Renovación de Junta en el Casino. Jiloca, 1, 16 enero, 1
[3] VENIVIDI (1956): Cada semana un rostro [Mariano Domingo Lambeja]. Jiloca, 1, 23 enero, 2
[4] RICUS (1956): De Báguena y sus problemas. Jiloca, 2, 23 enero, 1-2
[5] LACRUZ, Emma (1956): Ellas y ellos. Jiloca, 3, 30 enero, 2
[6] VENIVIDI (1956): Al habla con Antonio López Muñoz, cartero urbano. Jiloca, 4, 13 febrero, 1-2
[7] VENIVIDI (1956): Al habla con el capitán de la Guardia Civil de Calamocha, don Lorenzo Manzorro Periñán. Jiloca, 6, 20 febrero, 1-2
[8] A.T. (1956): Buzón municipalista del Jiloca. Barrachina, pueblo emprendedor. Jiloca, 13, 9 abril, 1-2
[9] XXX (1956): Desde Olalla. Repoblación forestal. Jiloca, 15, 23 abril, 1-2
[10] ANÓNIMO (1956): Comentarios intrascendentes de la Villa. Embajada de trabajadores a Francia. Jiloca, 21, 4 junio, 1-2
[11] S.L. (1956): Una entrevista con el alcalde de Luco de Jiloca, Dámaso Navarro. Jiloca, 22, 11 junio, 1-2
[12] S.L. (1956): Una entrevista con el alcalde de Caminreal Luis Mateo. Jiloca, 24, 25 junio, 1-2
[13] ANÓNIMO (1956): Al habla con Miguel Peribáñez Rubio, alcalde de Báguena. Jiloca, 25, 2 julio, 1-2
[14] ANÓNIMO (1956): Una entrevista con don Mariano Alvira Thous, procurador en los tribunales. Jiloca, 26, 9 julio, 1-2
[15] S.L. (1956): Al habla con don José de Jaime Gómez, profesor del Instituto Laboral “Reyes Católicos” de Ejea de los Caballeros, e hijo predilecto de Calamocha. Jiloca, 27, 16 julio, 1-2
[16] M.S. (1956): En fiestas. Calamocha a vista de forastero. Jiloca, 32, 20 agosto, 1
[17] PARRILLA, Modesto (1956): Desde Fuentes Claras. El problema de la luz. Jiloca, 35, 10 septiembre, 2
[18] ATAPE (1956): Sobre el respeto a la mujer en la calle. Jiloca, 38, 1 octubre, 2
[19] B. (1956): Al habla con el tío Francho Lucas, de Calamocha. Jiloca, 43, 5 noviembre, 1-2
[20] ESPAÑOL, Luis (1956): Pozuel del Campo. La crisis del alumbrado. Jiloca, 43, 5 noviembre, 1-2
[21] ANÓNIMO (1956): Comentarios intrascendentes. Caballeros de capa y espada. Jiloca, 49, 17 diciembre, 1-2
[22] LACRUZ, Emma (1957): Feminidad rural Jiloca, 53, 14 enero, 2
[23] NALAR, S. (1957): Problemas sociales de la Ribera. La juventud emigra. Jiloca, 52, 7 enero, 2
[24] HERNÁNDEZ BENEDICTO, José (1957): Problemas sociales de la ribera. Ante la juventud que emigra. Jiloca, 53, 14 enero, 3
[25] EGERIS (1957): Lo bueno de mi pueblo. Jiloca, 53, 14 enero, 3
[26] COCA (1957): ¿África o España. Jiloca, 55, 28 enero, 1-2
[27] ASÁNDEZ, JOSÉ A. (1957): Los mozos de los pilones. Jiloca, 57, 11 febrero, 1-2
[28] LUPANITO (1957): Al margen. Hágase la luz. Jiloca, 59, 25 febrero, 1-2
[29] E.F.M. (1957): Desde Monreal. Suspiros en la oscuridad. Jiloca, 68, 29 abril, 1-2
[30] RIAMED (1957): Ideas privadas. Jiloca, 74, 11 junio, 1
[31] ANÓNIMO (1957): Calamocha va realizando sus proyectos. Jiloca, 75, 18 junio, 1-2
[32] NALAR (1957): La mujer en el campo. Jiloca, 81, 30 julio, 1
[33] S.L. (1957): Hoy se asoma a nuestra ventana de papel los señores Manuel Gil y Valero Lázaro, ambos vecinos de Navarrete del Río. Jiloca, 81, 30 julio, 1-2
[34] ANÓNIMO (1957): El casino de Calamocha centro de atención. Un elogio a su segundo presidente D. Mariano Albero. Jiloca, 82, 6 agosto, 1-2
[35] ANÓNIMO (1957): El aparato de radio se impone en nuestra comarca. Jiloca, 86, 10 septiembre, 2
[36] ANÓNIMO (1957): Cosas que pasan. Jiloca, 86, 10 septiembre, 2
[37] REGUILLO SIMÓN, Germán (1957): El éxodo rural. Jiloca, 92, 22 octubre, 1-2
[38] J.H.B. (1957): Santa Eulalia, vivero del amor. Jiloca, 98, 3 diciembre, 2
[39] ANÓNIMO (1957): Notas locales. Jiloca, 99, 10 diciembre, 1
[40] ASÁNDEZ, JOSÉ A. (1957): El “viso” de Santa Eulalia. Jiloca, 100, 17 diciembre, 1
[41] ANÓNIMO (1957): Notas locales. Jiloca, 101, 24 diciembre, 1
[42] ASÁNDEZ, JOSÉ A. (1957): Al habla con la señorita María del Rosario Lucas Pellicer, estudiante de Filosofía. Jiloca, 102, 31 diciembre, 1
[43] J. (1957): Desde Monreal del Campo. El barrio Bajo. Jiloca, 102, 31 diciembre, 1
[44] J. (1958): Monreal de antaño. Las mocicas del barrio Alto. Jiloca, 103, 7 enero, 1-2
[45] J. (1958): H. (1958): Editorial. Enseñar la alegría. Jiloca, 104, 14 enero, 1
[46] ANÓNIMO (1958): Editorial. Coser y cantar. Jiloca, 105, 21 enero, 1
[47] UN GRUPO DE CHICAS (1958): Correspondencia. Jiloca, 105, 21 enero, 1-2
[48] BENE (1958): ¡A la ciudad! Jiloca, 109, 18 febrero, 1-2
[49] BENE (1958): En el “Chispa” que va y viene. Jiloca, 117, 15 abril, 2
[50] JOAS (1958): Desde Monreal. La Linda. Jiloca, 118, 22 abril, 2
[51] RODO (1958): Al habla con don José Hernández Benedicto, de Monreal del Campo. Jiloca, 119, 29 abril, 1-2
[52] HARRI (1958): Mi comentario. El paseo de la noche. Jiloca, 132, 29 julio, 1
[53] MORAGRIEGA MARTÍN, Amable (1958): Un pueblo: Navarrete del Río. Un alcalde: Aurelio Andrés López. Jiloca, 132, 29 julio, 2
[54] H. (1958): Editorial. Pan y vida. Jiloca, 136, 26 agosto, 1
[55] MARIS (1958): Junto al Jiloca, El Poyo. Pueblo trabajador y abierto. Problemas. Jiloca, 138, 9 septiembre, 2
[56] ASÁNDEZ, José A. (1958): Desde Monreal. La red conductora de las nuevas fuentes, colocada. Jiloca, 139, 16 septiembre, 1
[57] ANÓNIMO (1958): Un pueblo en marcha: Rubielos de la Cérida. Jiloca, 140, 23 septiembre, 1
[58] EBLAMA (1958): Los secretarios de Administración local se reúnen en Calamocha. Jiloca, 140, 23 septiembre, 1-2
[59] ANÓNIMO (1958): Notas locales. Jiloca, 140, 23 septiembre, 1
[60] ANÓNIMO (1958): Notas locales. Jiloca, 143, 14 octubre, 2
[61] TONO II (1958): Cosas y cosicas. El “rabino o rami”, o una noche en un café de Caminreal. Jiloca, 149, 25 noviembre, 2
[62] OIVATCO OZNARI (1958): Desde Villarquemado. Ha fallado la cosecha de remolacha. Jiloca, 149, 25 noviembre, 2
[63] PERUZ, Ana (1958): Las mozas oyen la radio. Jiloca, 149, 25 noviembre, 2
[64] TONO II (1958): Cosas y cosicas. Francia, la ribera y la remolacha. Jiloca, 150, 2 diciembre, 1
[65] ASÁNDEZ, José A. (1959): Reportajes del pueblo. El sorteo de mozos entre pastas y lágrimas. Jiloca, 155, 6 enero, 2
[66] ANÓNIMO (1959): Los altavoces municipales. Jiloca, 165, 17 marzo, 1
[67] EBLAMA (1959): Desde El Villarejo de los Olmos. Don José Ramo Roche, nos facilita interesantes manifestaciones. Jiloca, 171, 28 abril, 1-2
[68] MORAGRIEGA MARTÍN, Amable (1959): Al habla con Antonio Serrano Climent, presidente de las comisiones de Fomento y Festejos. Jiloca, 178, 16 junio, 1-2